El Aparacido
Leche de burra

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Qué tal amigos, hoy les traigo un cuentecito de miedo. Este es un cuentecito que pasó allá en el chagüital hace mucho tiempo. Bueno, hoy también contamos con la participación de Doña Luisa amanda Avendaño y Loans Ramírez. También está con nosotros Eduardo Flores, director del grupo Xolotlán.

A como les decia, el cuento de hoy se llama “El aparecido”. Resulta que Casimiro Maradiaga, el amigo de chente y Ramiro García. Casimiro era un hombre mujeriego, borracho y se las daba de bujoncito, era busca pleitos el hombre. Un diya en una cantina...

Casimiro: (Gritando) Ramiró, dame otro guaspirolazo doble con boquita de patechancho y dame un chelín para echarselo a la roconola, (presionando) pero apurate jodidó que no te voy a estar esperando para toda la vida.

Ramiro : Calmate Casimiró, clámate o no te sirvo más guaro. Si seguís haciendo escándalo le digo al sargento Camacho que te venga a llevar. Mirá que no sería la primera vez que amanecés en la cholpa. Aprendé de chente, miralo, ahí está tranquilito en su rincón sin joder a nadie. El solo se bebe su guaro y cuando ya se siente bien pegado se levanta, agarra su alforja y se va. Solo vos sos el necio.

Casimiro: Necio yo? No jodás, necio vos que todos los días le subís al guaro, y de remate cada día le echas más agua. En Nicaragua Hoy ya no somos babosos. Si esto ya no sabe a guaro, hay más guaro en mis orines que en esta babosada. Vos que le decís al sargento que me lleve preso y yo que te demando por vender guaro con agua. ¡ Criminal ¡, eso no se le hace a un amigo (Sentimental) Los amigos son los amigos, y yo soy tu amigo, ¿ verdad que vos y yo somos amigos?.

Ramiro : (Pensando para si mismo) Ahora si que ya la jodió este borracho, ya le entró de nuevo la llorona. Y lo peor es que cuando le agarra la lloradera no hay quien lo pare. (A Casimiro) Oíme Casimiró, que te parece si en vez de patechancho te sirvo mejor una sopa de res sin verduras, bien caliente para que se te baje el guaro?

Casimiro: Cual guaro?

Ramiro : Cómo que cual guaro? qué no ves que ya no te podés ni parar. Tomate la sopa y después un café negro y en después te vas para tu casa. Tu mujer te debe estar esperando, vos sos muy vago. Además, no es que te esté cobrando pero ya me debés como trescientos pesos. Cuándo jodido me vas a pagar?

Casimiro: No seas tan indiscreto jodidó, esas cosas no se dicen en público. Cuando te he dejado de pagar yo? Vos si que sos cara de tabla, si no fuera por clientes como yo este estanco ya lo hubieras cerrado de hace rato. Dejate de babosadas. que sopa ni que mi albarda, traeme otro gusapirolazo y con boca de patechanco. ¡ Que sopita ni que babosada, eso es para los cochones, yo soy muy hombre jodido, (grita), Via el guaro jodido.

(musica)

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Ese era cuento de todos los viernes, sábados y domingos. Casimiro, Chente, y otros hombres del pueblo se las ponían en la cantina de Ramiro. Ramiro les fiabaa porque sabía que eran buena paga. chente bebía y casi siempre se quedaba dormido en la cantina. Hay llegaban los hijos a llevarselo casi de rastra para la casa.

Apenas llegaba el viernes, los piones de las haciendas recibían su paga y claro ya el sueldo venía rebajado porque en las fincas les descontaban las comidas que les daban. Muchas de las mujeres iban a esperarlos los viernes para quitarles los riales de la comida porque si no se los bebían todos. Casimiro vivía rejuntado con una su mujer que se trajo de San Pedro de Lóvago, era una caraja chiquita, chaparrita pero brava. Esa mujer manejaba a Casimiro a Raya. No le perdonaba ni una. era la primera en ir a esperarlo los viernes a la hacienda y...

Reina: (Altanera) Ajá Casimiró, aquí te estoy esperando para que me des lo de la comida. Acordate que todo ha subido y que tus chavalos no comen aire. Y no me vangas con cuentos que te pagaron menos porque vos sabés que yo a vos no te creo ni el nombre. Yo hablo con don Tiberio el dueño de la hacienda y el me dice cuanto te pagaron.

Casimiro: Respirá jodido, si yo no te he dicho nada. Pareces ametralladora. Todo mundo tiene que darse cuenta de las desgracias de uno. Si sos una tabaquera. Tomá, tomá. Comprate un güeso bien carnudo para hacer sopa de res. Comprame una bolsa grande de chile congo para que me hagas un chilero de cebollas encurtidas, eso si, con vinagre negro, y me lo ponés al sol una semana para que se pongan bien ricas las cebollas.

Reina: Estás loco o te estas haciendo, que es esto que me estás dando? Vos crees que con doscientos pesos vamos a comer toda la semana y todavía pidiendo gustos. A ver a ver, desembuchá que tengo mucha ropa que lavar y me estás atrasando.

Casimiro: Y cuánto más querés que te dé. (pensando). esta jodida ya me voltió el calcetín al revés, y yo que me quería dar una escapadita con la Tenchita Corrales, si está como un pipiancito tierno, solo de enzartarle la uña y hasta que revienta. (A Reina) Oime Reinitá...

Reina: Reinita de cariño o porque así me llamo?

Casimiro: De cariño mi lecheburra

Reina: Lecheburra tu abuela pendejó.

Casimiro: No seas malcriada que la gente te está mirando. Si te digo lecheburra es por lo dulce, por lo rico que son las lecheburra. Y cuanto más querés. Que no ves que le debo a Ramiro y ese jodido no perdona, si no le pago hoy no me vuelve a fiar ni un trago.

Reina: Y a mí que me importa, tu obligación son tus hijos, tu mujer y tu casa. Si - te - so - bra bebés guaro, si no nó. Porqué en lugar de beber guaro no buscás un trabajo extra en sábado y domingo. Don julian está buscando gente que le ayude con la siembra de frijoles.

Casimiro: Tomá tomá, aquí estan ochenta pesos más pero ya callate. Hasta que se me erizó el pellejo cuando hablaste de trabajar en fin de semana. Vos si que sos negrera.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): (Riéndose) fue como echarle un valde de agua fría a Casimiro. El fin de semana era sagrado para beber guaro y para andar con las chavalas vagas de otros pueblos que llegaban a la cantina de Ramiro. Casimiro ya le había echado el ojo a una caraja de Tipitapa que según decilla, estaba enamorada del el. Casimiro se fue para la casa, puso sus maritates, se bebió un pocillo de café amargo y agarró el camino. Pasó como de costumbre por la casa de Chente y...

Camila: Ya venís vos Casimiró, y es que no pueden pasar ni un fin de semana sin hartarse guaro? Que vida la de ustedes. Chente no está, si querés esperalo pero creo que se va a tardar porque le dije que yo no soy su criada para estar jodiéndome más de la cuenta.

Además de que me mecatello toda la semana con los quehaceres de la casa y lidiar con estos cipotes, todavía tener que ir por las compras. Chente anda en la abastecedora de Filemón comprando el arroz y los frijoles de la semana y otras cosas. Me trae una piedra de moler nueva porque la que tenía se me fue entre el pozo, así que si querés esperarlo pasá y sentate, o si sos tan buen amigo como decís, porqué no vas y le ayudás?

Casimiro: (Pensando) Y que jodido les pasa a estas mujeres, pareciera que comieran alacranes, si hasta que escupen veneno cuando hablan. (A Camila) Mejor lo espero Camilá.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Ni siquiera entró Casimiro. que iba a entrar si la Camila estaba con todos los demonios. Casimiro se quedó afuera sentado en un tronco, se arrecostó en la casa de tablas y encendió un cigarro Valencia sin filtro. Ya estaba entrada la tarde. Casimiro vió como a las dos cuadras la braza del cigarro que también traía encendido Chente y oyó en el silencio de la noche el chirriar de las ruedas del carretón que venía jalando. Chente llegó y..

Chente: Que bárbaro que sos vos Casimiró, que te costaba ir a encontrarme. Que no ves que este carretón está duro sin engrasar y tiene una rueda quebrada. a mala hora esta mujer me encargó la piedra de moler y de remate la mama le manda un cajón lleno de chunches que pesan como un demonio.

Casimiro: Ya dejá de quejarte, poné ese carretón y vamonos que nos estamos atrasando.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y se fueron aquellos dos borrachos como de costumbre. Esa noche la cantina estaba llena. Habían mujeres de otros pueblos y entre los visitantes estaba un hombre extraño, era un individio alto y flaco como de unos sesenta o sesenta y cinco años de edad. Era la primera vez que se le veía por el pueblito. Andaba un sombrero negro y fumaba un chilcagre.

Varias personas estaban alrededor de el pues el hombre quien había llegado desde temprano, se había ganado a los parroquianos por su forma de ser. Estaba contando sus experiencias, sus aventuras y les había contado cuentos de miedo y de aparecidos. Chente y Casimiro se sentaron en la barra de la cantina y Ramiro sin preguntarles nada, ya se los sabía de memoria, les sirvió una botella de cusuza con sus respectivas bocas de pata de chancho. Chente y Casimiro escucharon con atención el cuento que en ese momento contaba aquel extraño...

Leopoldo: Y entonces yo que paso por la tumba del difunto, cuando de pronto un viento helado me pasó por la nuca. Los pelos se me pararon de punta y sentí como que se me helaron los huesos. Me quedé inmóvil. A esa hora yo no sabia si me había pupusiado.

Chente: Oí Casimiró, ese viejo debe estar hablando del tal muerto que sale en el solar de las
Narváez.

Casimiro: Y vos crees en esas babosadas Chenté?

Chente: Pues de creer, asi como dicen creer, yo no creo. Pero he oido de muchas personas a las que le ha salido el difunto.

Casimiro: Y qué difunto es el que sale Chenté?

Chente: A yo no sé, unos dicen que es el espanto de un cura que hubo en el chagüital hace como 200 años, otros dicen que es el espanto de un español que era muy malo y que tenía enterrada una botija para llevarsela a España cuando se fuera, pero resulta que lo mató otro español que se dio cuenta que le endaba enamorando a la esposa.

Casimiro: O sea que los españoles que vinieron a conquistar estas tierras, también se traicionaban entre ellos y hasta con las mujeres?

Chente: Claro, si esos eran piores que nosotros. Cuando uno se daba cuenta donde había enterrado el tesoro uno de ellos, el otro se lo robaba en la noche utilizando a los indios de escalvaos, y cuando habían sacado el tesoro robado del otro, entonces mataban a los indios que les habían ayudado para que no los fueran a acusar.

Casimiro: ! Que relajo de gente! a como decís vos Chenté, esos eran pior que nosotros. Entre ellos mismos se jodillan. Oyí, oyí lo que está contando el viejo...

Leopoldo: El espanto ya estaba como a tres metros de mí, y no supe ni como saqué el crucifijo que traia entre el pantalón y se lo puse de frente y le dije. Va de retro satanás, mas fuerte es mi dios espiritu inmundo. Y de pronto se sintió como un viento fuerte y una luz verde que se fue haciendo chiquitita, chiquitiiita hasta que se despaarció. Yo no me pude mover del todo, me desmayé y amanecí todo pupusiado y orinado. Pasé como una semana para poderme recuperar del susto. Nunca más volví a atravesar el cementerio para ahorrar camino, mejor iba a a dar la vuelta hasta onde las Ordeñana, pero vé, ni loco volví a pasar por allí.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Chente y Casimiro se echaron el trago de un solo. Los dos eran cobardes. Casimiro fingía ser valiente pero en el fondo estaba miado con solo oir el cuento de aquel viejo. La Camila,la mujer de Chente y la Reina la mujer de Casimiro, se visitaban a menudo y a veces hasta una se pasaba el día en la casa de la otra para hacer un vaho para ellas y para los chavalos y para que comieran aquellos dos borrachos. Un diya palabriando las dos mujeres comentaban de los espantos.

Camila: Yo siempre lo he dicho, la gente habla más de la cuenta. Unos te dicen una cosa, otros te dicen otra. No hay a quien creerle. A mi no me consta que eso de los espanto sea cierto.

Reina: A mi tampoco pero yo respeto a los muerto. Yo si les tengo mucho miedo. Yo creo que me da un infarto el día que a mi me salga un espanto. Es que yo si soy cobarde para eso. Con decirte que yo no voy ni al escusado de noche. Fijate que una noche me van agarrando unos retorcijones que para que te cuento, eran unos dolores de caballo. Para variar el vago de Casimiro andaba con Chente en su iglesia, o sea la cantina. Yo estaba sola con los chavalos.

Camila: (Interrumpe) como que sola, pero si solo estamos a media cuadra, que te costaba mandar un chavalo a que me llamara. Entonces para que somos vecinas. Que falta de confianza la tuya. Si a mi o a uno de mis chavalos le pasa algo yo te mando a llamar en carrera.

Reina: Dejame terminarte el cuento, la cosa es que esa noche el cielo estaba negro sin luna ni estrellas. Yo ya me había aguantado hasta más no poder porque según yo se me iba a quitar, pero que va, el dolor era cada vez más fuerte. Yo creo que lo que me hizo daño fue que me comí un monton de chicharrones y la caballa, en vez de fresco me atipujé una jícara de leche agria. estaba soñada la leche agria pero me cayó como patada de mula, primero eran unos dolores como con viento y poco a poco se me fue empeorando el asunto.

Camila: ( A un perro) Nerón, uuuy, sito perro, (A un hijo) Vos chavlo, que estas dormido? que no ves que el perro le está metiendo la trompa en la comida a Julián...vá, corran ese perro, ¡Que chavalos mas dundos estos! Ajá niña, seguí con el cuento...

Reina: Pues para no cansarte con el cuento, me tuve que llevar a todos los chavalos a que me acompañaran hasta el escusado. Hay se aguantaron los pobrecitos a que yo terminara. Eso me pasa por chancha, por andar revolviendo chicharrones con leche agria. (Intrigante) Oíme Camilá, y por qué no les pegamos un buen susto a estos vagos para ver si así dejan de beber guaro?

Camila: No fregués vos, me estas contando que le tenés horror a los muertos y querés asustar a los muchachos.

Reina: Yo con tal de que esos vagos no salgan a beber guaro, me arriesgo, vos no te animarías?

Camila: Yo sí, fijate que chente apenas le pagan, apenas me dá para la comida y se olvida que los chavalos ya no tienen zapatos. Mirá este cipote el hueco que anda el los zapatos. A Jacinto ya no le puedo zurcir el pantalón porque ya no haya de donde agarrarle. Le pedí que me comprara dos planchas de hierro y es la hora y no me las ha traido. Yo no sé en que están pensando estos dos. Y como que cosa se te ocurre que les hagamos para asustarlos?

Reina: Y yo que sé, ay inventemos cualquier cosa. ¡ Ah! ya sé. Vos sabes que de la cantina para acá hay que pasar a la orilla del cementerio. Que te parece si le pagamos a Ramón para que se disfrace de muerto y les salga así de pronto de la puerta principal del cementerio?

Camila: No, no, no. Eso no va a funcionar. Acordate que los dos andan machete, que tal si se animan y machetean al pobre Ramón. Que culpa tiene el dundo ese.

Reina: Y entonces?

Camila: Y si nos disfrazamos nosotras de mujeres de la vida fácil y los encontramos antes de que lleguen al cementerio. De fijo que nos van a enamorar y nos van a pedir que los acompañemos. Nos tapamos la cara y cuando lleguemos al cementerio les decimos que ahí vivimos, que somos un par de muertas y les enseñamos la cara de calavera.

Reina: De calavera? y como vamos a hacer para parecer calaveras.

Camila: Vos empezaste, ahora oí. En el tiangue venden unas mascaras echas de jícaro, son blancas y son igualitas a una calavera. En lo oscuro ni se van a dar cuenta. ¡ Ah ¡ Pero el susto que se van a pegar estoy segura que los va a curar. Trato hecho?

Reina: Trato hecho Camilá, este mismo fin de semana los asustamos. Vas a ver que este par de vagos no vuelven a beber guaro.

(música de transición)

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La Camila y la Reina estaban de acuerdo. habían armado bien su plan y de una vez mandaron a comprar las máscaras al mercadito del pueblo. La dos tenían vestidos negros que siempre guardaban en sus roperos por si acaso un día se moría alguien.

Esperaron que fuera el fin de semana y como siempre la reina fue a esperar a Casimiro a la Hacienda para pedirle los riales de la comida de la semana. Chente y Casimiro ni se imaginaban lo que estaban planeando sus mujeres. Esa misma noche, estaban bien instalados en el estanco de Ramiro con sus mejores botas, perfumados, afeitados y con su chilcagre cada uno y su media de cususa...

Casimiro: (Ambiente de cantina) Jodido Ramiró, poné más candiles. No seas tan pinche jodidó. Que no ves que no puedo ver cual de todas estas carajas es la más bonita. Pa yo que lo haces a prodpósito, para que uno no veya bien y se embarque con cualquiera. Que te cuesta poner más candelas y candiles?

Ramiro : Chenté, vos si que sos necio, si pongo muchos candiles me reclamás porque hay mucha luz y si no pongo también me reclamás. A vos no se te haya el acomodo.

Casimiro: Así está bueno, no le hagas caso a este jodido. Además Chenté, acordate que hoy nos tenemos que portar bien. Acordate que mañana tenemos que madrugar para irle a hacer el trabajo al dueño de la hacienda. Vale que solo es por este sábado, ya el domingo la podemos seguir. Acordate que si le fallamos a ese viejo hasta ahí llegamos, nos corre a los dos y vos te comprometistes.

Chente: Si es cierto, si es cierto, si es cierto... Joooocooote, no me acordaba yo de eso. Vale que me acordaste. Bueno ni modo, a portarse bien, que los queda?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La Camila y la Reina habian mandado ese día al dundo Juan para que les avisara cuando los hombres salieran de la cantina. Ya cuando Casimiro y chente estaban bien encalichados se pusieron sus sombreros y se alistaban para salir de la cantina. El dundo Juan corrió y les avisó a las dos mujeres.

Juan: Ya vienen, ya vienen, bueno yo ya cumplí con mi trabajo. Ustedes me prometiron cinco pesos.

Camila: Toma diez, dundo jodido, pero andate de una vez.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): era noche oscura, las dos mujeres estaban todas vestidas de negro, bien pintarrajeadas. No traían puestas las máscaras pero estaban irreconocibles de pintura y en lo negro de la noche quien las iba a distinguir. Se pararon a la orilla de un cerco de piñuelas y ahí nomasito venían aquellos vagos que al verlas les dijeron.

Casimiro: ! Qué suerte Cheeente ! mirá que lindo par de pimpollitos.

Chente: Ave Marilla purísima, que par de palomitas de San Nicolás. Las acompañamos?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Las dos mujeres consintieron, pero Chente agarró a la mujer de Casimiro y Casimiro a la Camila. Agarraron a las mujeres cambiadas. Ellas no dijeron nada para que no las descubrieran.

Casimiro: Las podemos llevar a sus casas?

Reina: Por supuesto, si para eso los estabamos esperando.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Aquellos dos iban que no se aguantaban, hasta se les olvidó el compromiso del patron. Cuando iban pasando por la entrada del cemeneterio, las dos mujeres les pidieron que las esperaran un ratito que solo querían palabriar algo. En ese momento en lo oscuro de la noche se pusieron las máscaras y se taparon la cara con un velo negro y volvieron donde los dos carajos.

Camila: Bueno, aquí vivimos, esta es nuestra casa, van a pasar adelante?.

Chente: aquí, pero si esto es el cementerio.

Casimiro: Chenté, creo que ya la regamos, nos metimos con el más allá.

Chente: que más allá ni que ocho cuartos. Van a decir que ustedes son muertas.

Camila: si, somos un par de difuntas que asustamos a los hombres vagos como ustedes.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Chente le reconoció la voz a las mujeres y ahí nomás agarró el vacilón y se lo dijo al oido a Casimiro. Los dos ya sin miedo, se lanzaron sobre las mujeres les quitaron las máscaras y comenzaron a besarlas, solo que en lo oscuro no se habían dado cuenta por el guaro que cada uno estaba besando a la fuerza a la mujer del otro. Las dos mujeres querías zafarse pero los carajos tenían fuerza.

(forcejeros)

Cuando se dieron cuenta del error, para que les cuento amigós, casi se matan aquellos dos carajos, celoso el uno contra el otro. Las mujeres se morían de la vergüenza pero santo remedio amigós, no volvieron a beber, en la cantina, ahora bebían en el patio de una de las casas. Eso le sirvió de lección tanto a ellos como a las mujeres que se quisieron pasar de listas. Un consejo para los controilistas de la Radio Cucú, tengan cuidado que a ustedes no les vaya a pasar esto. ay nos vemos amigos.
Omirah Espinoza Sequeira


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