Blanca Arauz, esposa de Sandino
Jorge Eduardo Arellano

 

Veinticuatro años duró apenas la existencia de Blanca Aráuz (25 de mayo, 1909-2 de junio, 1933). De 18 años, cuando se desempeñaba como telegrafista de San Rafael del Norte, había conocido al general Augusto César Sandino mientras este —jefeando una columna del ejército constitucionalista—, combatía al régimen conservador de Adolfo Díaz.

Matrimonio eclesiástico

Blanca, simpatizando de inmediato con el joven militar de casi 32 años, colaboró con su causa política y decidió unirse en matrimonio con él cuando cumplía esa edad. Dos certificados se conocen de la ceremonia eclesiástica. El primero, consistente en su original, lo reproduje facsimilarmente en mi obra Guerrillero de nuestra América (Managua, Sociedad Bolivariana de Nicaragua, 2006, p. 56; e Hispamer, 2008, p. 58) y todavía no se ha transcrito. Mientras el segundo lo firma el 30 de noviembre de 1979, el presbítero Odorico D’Andrea, Cura de la Parroquia de San Rafael del Norte, del obispado de Matagalpa: “CERTIFICO —anotó el franciscano hoy con fama de santo—: que en el Libro de Matrimonios del año de mil novecientos veintisiete, folio ciento ochenta y dos [,] existe una partida que copiada a la letra dice:

‘En la parroquia de San Rafael del Norte, a diecinueve de mayo de mil novecientos veintisiete, el infraescrito Cura de esta parroquia certifica que, habiéndose verificado los trámites de derecho, uniéndose en matrimonio el señor General Augusto C. Sandino [,] hijo legítimo de Gregorio Sandino y Margarita Calderón, soltero de treinta y tres años, nacido y bautizado en Niquinohomo, feligrés de esta parroquia, con la Srta. Blanca Aráuz [,] hija legítima de Pablo de Jesús Aráuz y Ester Pineda, soltera, de dieciocho, nacida y bautizada en esta parroquia, feligrés de ella. Fueron testigos Don Miguel A[ngel] Aráuz y Doña Evangelina Rodríguez de Aráuz. / Anotaciones: Las proclamas fueron dispensadas. Impedimento no hubo. La bendición nupcial se verificó.’ El matrimonio lo autorizó el suscrito Cura, en esta Parroquia, hoy mismo / Alejandro Mejía A. Pbro.”

Reproducida —también facsimilarmente en Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (tomo 68, noviembre, 2009, p. 166)—, la certificación anterior contiene más datos que el original, pero es fiel en todo, excepto en su fecha de emisión: 18 de mayo y no 19. Ambos documentos, por otra parte, “legitiman” a los padres de Sandino y le agregan un año más.

“El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores”

El mismo contrayente trazó unas hermosas páginas sobre el acontecimiento. Mas, antes de reproducirlo, conviene informar que el segundo apellido del cura Mejía era Aráuz, resultando primo hermano de la contrayente; y que, asimismo, el segundo apellido de su padre también era Aráuz; de manera que los cuatro apellidos de Blanca Estela fueron Aráuz Pineda Aráuz Rivera.

Al mismo tiempo cabe referir que, en una de sus cartas a Blanca —fechada en El Chipote el 6 de octubre de 1928—, Sandino le llegaría a declarar: “Si mi amor es causa de tu desesperación, te ruego me perdones: prefiero perderlo y morir en lucha abierta contra el asesino. El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes. No solo la traición y el oro triunfan. Con más razón triunfará la justicia. Sé optimista. Ten fe en Dios y él nos ayudará a libertarnos para mañana estar juntos […] Yo soy tu mar. Un millón de besos y un diluvio de abrazos” —terminaba con la consigna de su ejército: PATRIA Y LIBERTAD.

Testimonio del contrayente

En su escrito “Blanca y sus verdugos” (El Chipotón, marzo 18 de 1929) recordó: “Ya conocía yo a Blanca, telegrafista del pueblo de San Rafael del Norte. Era una chica muy simpática, de diecinueve [sic] años de edad”. Como el frío de los llanos de Yucapuca era polar, se vio obligado a reconcentrar sus fuerzas liberales en San Rafael del Norte, donde a través de Blanca controló la comunicación telegráfica de los departamentos de Jinotega y Nueva Segovia. Y especifica: “En casa de Blanca me hospedaba con mi Estado Mayor. Allí mismo estaba instalada la oficina telegráfica. Largas horas del día y hasta de la noche permanecía yo frente a la mesa en que trabajaba Blanca. Mis conferencias eran muchas por telégrafo, con las diferentes partes de los departamentos mencionados. Así me enamoré de Blanca y fue mi novia”.

Sandino prosiguió diciendo que otro día, Blanca le recibió con un beso y le dijo que Lucila Aráuz (1884-20 de julio, 1966), su hermana, “había ofrecido a la virgen de Mayo una misa el día que yo llegara sin novedad. Le di las gracias por los buenos sentimientos de su hermana y le prometí que para el segundo día a las ocho de la mañana, estaría listo mi Ejército para ir al templo a oír la misa… El cura del pueblo aceptó gustoso celebrarla. Era un cura de apenas veintidós años. Los gastos se hicieron por mi cuenta […] La misa estuvo regia. Yo mismo estuve a oírla”. Y agregaba: “El día 18 del mismo mes cumplí treinta y dos años de edad, y ese mismo día contraje matrimonio con Blanca en el templo de San Rafael del Norte. A las dos de la mañana me dirigí al templo con Blanca y los padrinos, en medio de un acompañamiento familiar / (…) El ambiente estaba frío y neblinoso. Encontramos una iglesia profusamente iluminada. Respiré el olor del incienso y de los cirios que ardían. El olor de las flores que adornaban el templo y los diversos perfumes que llevaba el aire, me recordaban los días de mi infancia”.

Y continuaba: “El cura me invitó a la confesión. Me confesé sinceramente. Los padrinos y nosotros nos postramos ante el altar. Blanca vestía traje y velo blancos y corona de azahares. Yo tenía mis armas al cinto y vestía uniforme de montar, de gabardina color café y botas altas de color oscuro. Seis de mis ayudantes me acompañaron a la iglesia. Salimos del templo y en la calle me sentía como nuevo. Me parecía que caminaba sobre el aire […] Cuando entramos a la casa de Blanca se escucharon en todo el pueblo disparos de fusilería, pistolas y ametralladoras, hechos sin mi consentimiento, pero comprendí que eran motivados por el entusiasmo de mis muchachos, y no dije nada. Por todas partes se escuchaban vivas, y nos llegaron innumerables felicitaciones”.

Dos días después, Sandino abandonó a su esposa para internarse en las selvas segovianas y defender el honor de su patria. Pero casi dos años más tarde, al enterarse en un periódico que Blanca había sido apresada en su pueblo natal y conducida a Managua por orden del presidente Moncada, decidió escribir el texto citado “Blanca y sus verdugos”, que concluía “Oh, infame Moncada, verdugo de mujeres indefensas… ya cumpliste con el mandato de tus amos. Te cobraste en lo que más quería […] ¡Maldito seas, infame!”

Blanca: presa en la “21” de León

En efecto, el 2 de marzo de 1929 había sido detenida y llevada a Managua por sospechas de enviar mensajes a su esposo en armas; la acompañaron su madre Ester Pineda y sus hermanos Luis Rubén, Octavio, Miguel Ángel y Lucila Aráuz Pineda, mas su cuñado Francisco Berríos, esposo de Isolina Aráuz Pineda. Luego Blanca, su madre y Lucila, guardaron prisión en la famosa cárcel la “21” de León. Sin embargo, quedaron pronto en libertad —según tradición familiar— porque Sandino amenazó con atacar León si no las liberaban. Así pudieron regresar a San Rafael del Norte.

Diez fotografías en Las Segovias

Según carta al coronel Abraham Rivera, del 21 de febrero de 1931, Sandino consideró necesario vivir con Blanca en su cuartel general. Ya para el 11 de octubre del mismo año, ella se hallaba en el campamento “Luz y Sombra”, y el 6 de abril de 1932 allí escribia un poema a su esposo titulado “Para mi viejito queridísimo Augusto César Sandino” (su original se encuentra en el IHNCA-UCA). Al respecto, seis fotografías del panel número dos de la EXPOSICIÓN SANDINO del Archivo General de la Nación (Barricada, viernes 8 de febrero, 1980) la ubican al lado de su esposo. En dos aparece de sombrero y con él —de camisa manga larga y corbata— en una milpa y luego frente a un paraje aprendiendo a manejar un rifle; en la tercera realiza prácticas de tiro, junto a su hermano Pedro Antonio, con la misma arma; en la cuarta se observa sola junto a un río, con un paraguas; en la quinta se halla sentada en una silla con un libro en las manos y a la entrada de una cabaña; y en la sexta, junto a su esposo, en el campamento “Luz y Sombra”.

No son las anteriores, todos los registros gráficos conservados de Blanca Aráuz. En una séptima, dentro de un amplio grupo, sostiene con su esposo el sombrero de este y la acompañan el coronel Abraham Rivera y su familia; en la octava, sentada sobre un madero, porta en su mano izquierda otro libro; en la novena viaja en pipante, con seis miskitos y cinco soldados, sobre el río Coco; y en la décima se le aprecia con su esposo y el mismo río de trasfondo. Esta fotografía la dedicó Sandino “Al hermano General Juan P. Umanzor” el 6 de julio de 1932.

Intermediaria de la paz

Ese mismo año, cuando ya había ganado las elecciones el liberal Juan B. Sacasa y los invasores preparaban abandonar Nicaragua, Sandino nombró comisionada a su esposa Blanca para viajar a Managua e iniciar la concertación de la paz. Ella fue enviada por él a San Rafael del Norte, donde la arrestó el capitán G. N. Policarpo Gutiérrez. Con cuatro meses de embarazo y protestando ese atropello, Blanca explicó su misión y así, el 6 de enero de 1933 —tras haber salido del país el último invasor— pudo informar a Managua que su marido estaba dispuesto a negociar con el nuevo gobierno.

Matrimonio civil y muerte en el parto

Como el matrimonio Sandino-Aráuz solo había sido eclesiástico, la pareja decidió casarse civilmente ante los oficios de don Gonzalo Rodríguez Zeledón, juez local del pueblito de San Rafael del Norte. Aconteció el acto el 27 de mayo de 1933, días antes que Sandino partiera por segunda vez a Managua con el fin de obtener del presidente Sacasa, garantías para sus hombres.

Por último, al regresar de Las Segovias, Sandino recibió el más duro golpe moral de su vida: su adorada esposa Blanca había fallecido en el parto el 2 de junio de 1933. Una niña había dejado: Blanca Segovia Sandino Aráuz, quien también sería telegrafista. En la misa de réquiem de Blanca, su esposo pronunció unas breves palabras recogidas por Abelardo Cuadra en su libro Hombre del Caribe.

En el acta de defunción del domingo 4 de junio de 1933 (número 32, folio 1, tomo 12) se afirma que ella “falleció a consecuencia de alumbramiento natural...” No testó ni tuvo asistencia médica —comunicaría su tío materno José Ramón Pineda, pues su padre Pablo Jesús Arauz ya era extinto.

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