La botija

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El cuento de hoy se llama La Botija. Ustedes saben que a través de los tiempos, en todas partes del mundo, hay gente que se desespera por el dinero, como que se enferman por conseguirlo. Es cierto que el dinero es necesarios para vivir, porque desgraciadamente, el hombre así lo inventó.

Antes el dinero no existía, nuestros antepasados indígenas vivían de la caza y de la pesca, y lo que no podían cazar ni pezcar lo conseguían a través del intercambio, como quien dice, si yo tengo elotes y vos tenés chancho, cambiemos, yo te doy tantos elotes por un pedazo de carne de chancho. Esa era la manera de comprar y vender.

Resulta que en el Chagüital, pueblito de Chente y su mujer, la Camila, vivía un gringo que quién sabe por qué se había quedado a vivir en el pueblo. Mr. John se llamaba el gringo. Está demás que les diga que el gringo era muy blanco, bueno, este gringo era alto y tenía una gran panza. Pesaba como 250 libras y hasta que respiraba cansado. Tendría como unos 68 o 70 años.

La gente del Chaguital decía que Mr. John era millonario, que era hijo de un gringo de los que vinieron a pelear en los tiempos de Sandino y que se llevó una fortuna en oro para los Estados unidos. Después se vino a vivir con la esposa y Mr. John, que en ese tiempo era un chigüín.

Mr. John, según decía la gente, había heredado una fortuna de su padre, pero era muy pinche, no gastaba en nada, no se daba ningún lujo, vivía encerrado en su casa leyendo y fumando una pipa, allí tirado en una hamaca.

Un vecino del pueblo, Alcides Norori, un diía platicando con Chente, quien no era ambicioso, pero si curioso, le propuso que averiguaran si era cierto que el gringo tenía dinero o nó, oigamos...oigamos esta conversación...

(Música de transición a diálogo)

Alcides: Oime Chenté, anoche fui a ver a la Rosita Jiménez, la que vive por donde Don Agapito Cuadra. Estuvimos platicando un buen rato. Me contó que el papá de ella hace mucho tiempo fue peón de Mr. John, dice que su papá le contó que ese gringo en sus tiempones era mujeriego y jugador. Tiene muchos dinero pero nadie sabe en donde los esconde. Vos no sabés nada Chenté?

Chente: Ve Alcides, ahora que hablás de eso, yo también he oído ese cuento del gringo. Y no solo eso, dicen que el espíritu del papá de Mr. John sale en las noches sin luna, dicen que es como una luz verde que sale en el cementerio, allá por el palo de tigüilote que está a la par del muro del cementerio.

Alcides: Y no creés vos Chente, que nosotros pudiéramos sacar ese entierro?

Chente: Y quién dice que allí está el entierro? ¡ No hombre ¡ Lo que yo he oído decir es que esas luces son el espíritu del papá de Mr. John que anda penando. Dicen que sale para ver quién se atreve a hablar con él. La Moncha Pineda ma contó que el que se atreva a hablarle al papá de Mr. John, se va a hacer millonario porque el difunto le va a decir onde es que tiene enterrada la botija, y no es cualquier botija, vos sabés que ese gringo peleó en la guerra contra Sandino. Dicen que un día la tropa en que andaba ese yankee, mientras estaban en la montaña esperando que pasara un aguacero para seguir caminando y perseguir a Sandino y sus hombres, de repente hubo un derrumbe, y en una pared de la montaña quedó al descubierto un cofre lleno de puro oro que los españoles habían enterrado en tiempos de la conquista.

Alcides: O sea que la botija del papá de Mr. John era de los españoles?

Chente: Exactamente, vos lo has dicho. A los gringo se les salían los ojos de la ambición, y como no se querían repartir, se mataron entre ellos mismos y al final solo quedaron dos, el papá de Mr. John y otro gringo.

Alcides: Ahora si que ya me picaste la curiosidad chenté, y entonces?

Chente: Bueno pues, resulta que al final, el papá de Mr. John también se le quería ir arriba al otro gringo, pero el otro gringo no era tan pendejo y lo sentenció, le dijo que si le quería robar, que lo mataba o se mataban los dos, pero que no se iba a dejar robar. Bueno, pues para no cansarte el cuento, una noche en que los dos gringos estaban durmiendo a la orilla de un río, en la negrura de la noche, empapados, con frío, y lo peor, durmiendo con un ojo abierto porque ninguno confiaba en el otro.

(aullidos de coyotes)

Los dos estaban agotados, pues no es fácil andar hambriento en la montaña, y sin poder dormirse por completo por miedo a que el otro te mate para robarte. La cosa es que al otro gringo lo venció el cansancio y se quedó dormido. Esta fue la oportunidad para el papá de Mr. John y, ni corto ni perezoso empujó a su compañero por un barranco y solo se oyó el grito del gringo cuando iba cayendo. ! Que se iba a salvar ! si el guindo era profundo.

El papá de Mr. John se quedó con aquél cofre lleno de oro, pero era muy pesado para él solo, entonces lo que hizo fue que agarró lo que pudo, lo que podía cargar y el resto lo enterró. Imaginate que lo que agarró fué suficiente pues se regresó a los Estados Unidos, lo vendió, se regresó a Nicaragua y se trajo a la esposa, una gringa flaca y bien fea, y se trajeron al chigüien, o sea a Mr. John que en ese tiempo apenas tenia como dos añitos. El clavo es que la gringa se murió y el chavalo quedó moto. El papá de Mr. John tuvo que terminar de criarlo y un día cuando ya Mr. John era un chavalo como de 18 años, el papá le contó lo del tesoro. A Mr. John no le interesaba mucho la botija del papá.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Así es amigós, Mr. John era tacaño pero conformista, y eso no le gustaba al papá. El papá que ya se sentía viejo, quería que Mr. John se interesara por ir a desenterrar el resto del oro, que era una fortuna, eran millones de dólares. Pero, nada dura en esta vida, al papá de Mr. John le dio un derrame cerebral y ya no pudo decirle al hijo donde es que estaba el tesoro, o la botija, a como quieran llamarla. Dicen que Mr. John fue unos días a buscarla en donde serecordó que el papá anduvo peleando en la guerra. Pero como no encontró nada no siguió. Alcides oía a Chente con las orejotas bien peladas y entonces le dijo...

Alcides: (ansioso) Oíme Chenté, porqué no le proponemos al gringo que hable con su papá en el cementerio y nosotros le ayudamos a sacar esa botija, esta es la oportunidad de nuestras vidas. Que no ves que nos podemos hacer millonarios.

Chente: Vos si que ya me jodiste, sabés que a yo no se me había ocurrido eso. Puede ser, por qué no? Vamos a donde Mr. John y hablemos con el, vamos....

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y no son varas, Chente se entusiasmó y se fueron los dos para la casa del gringo. Ahí estaba el gringo con su gran panzota, con la camisa sin abotonar y un enorme ombligo brotado que más bien parecía un jocote maduro, todo rojo. El gringo vivía con una su mujer con la que nunca se casó para no enjaranarse. Si le daba la gana la corría y parte sin novedad, nada que reclamar.

La mujer nunca le tuvo cipotes y a el ni falta que le hacían. Maritza se llamada la caraja, que no era tan caraja, ya tenía como 45 años, era como 15 años menor que el gringo. Chente saludó primero al gringo y le dijo...

Chente: Buenos días Mr. Venimos a proponerle un negocio. Le presento a mi socio Alcides Norori.

Mr. John: Buenos días Chente Patosme, pasar por favor. ( A Casimiro) Hola amigo; cómo decir que se llamar?

Alcides: Alcides, Alcides Norori para servirle a usted mister.

Mr. John: (Llama a su mujer) Maritza, Maritza, por favor servirme un cafecito caliente por favor.

Maritza: Lo querés con azúcar o sin azúcar?

Mr. John: Sin azúcar, hay que economizar, vida estar mucho muy caro. (A ellos) Bueno Chento, de que se tratar negocio?

Chente: (A Alcides en voz baja) Te lo advertí, este gringo es pinche, ni por joder nos preguntó que qué queríamos tomar. Solo el va a beber café.

Alcides: Ni vergüenza le da a este pendejo.

Mr. John: (Enojado) Ustedes venir hablar conmigo o entre ustedes? Si querer decir algo decirlo ahora, mi no tener mucho tiempo para hablar.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El gringo agarró que estaban hablando de el y no le gustó. chente que siempre reparaba las metidas de pata le dijo.

Chente: No, no, no Mr. Estabamos comentando que que bonita su casita. Qué elegancia, ya quisieramos nosotros tener una casita como la suya. Bueno, veya, el asunto es el siguiente; mi amigo Alcides y yo estamos dispuesto a acompañarlos para que usted hable con su papá en el cementerio y le pregunte donde fue que dejó enterrada la botija. Nosotros le ayudamos a sacarla y vamos los tres, que le parece?.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Esta vez Chente se fue directo, ni escupió ni parpadeo, soltó todo de una vez por todas. El gringo los quedó viendo a los dos y se tiró ona sonora carcajada.

Mr. John: (Carcajada prolongada) Maritzá, Maritzaaaaa, por favor, traerme otro cafécito por favor. Esta historia estar mucho buena.

Alcides: De qué historia habla. Acaso es inventada la que vos me contaste Chenté?

Maritza: (A Chente) (Risa gringo de fondo) Y que jodido le contaste a John Chenté? Hace tiempo que este hombre no se reía con ganas. John es lo más aburrido de este mundo. que le contaste?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El gringo no paraba de reirse, ya Chente hasta creía que lo habían engañado, pues nunca se había sabido de nadie que fuera a hablar con el difunto.

Mr. John: Maritza, por favor traer café por los muchachos, y rosquillas.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La Maritza casi se desmaya, el gringo estaba invitando a los visitantes a café y rosquillas. Aquello era algo insólito, si Mr. John no daba ni sal para un jocote. El gringo se levantó, se abotonó la camisa y su fue para adentro de su cuarte a traer algo. La Maritza estaba más sorprendida que nadie y decía...

Maritza: Lo veo y no lo creo, qué clase de magia hicieron usteds con John?. En los cinco años que tengo de vivir con el nunca había visto algo así.

Alcides: Oime Maritzá, y qué jodido le ves vos a ese gringo tan feo?

Maritza: (Riéndose) Y qué le voy a ver?, nada, vivo con el porque ya está viejo. Si ni me toca. La vida de el es leer libros, a veces sale a beber cerveza onde un amigo gringo que vive en La Ceibita, sale en ese Jeep viejo que todo le suena y ya regresa de noche bien bolo. Solo entra y cae como saco de plomo.

Y yo qué pierdo? Aquí vivo, como y me doy mis gustos. Vieran que conmigo no es tacaño, lo que le pido me lo dá. El dice que más bien me vé como su hija. Como no tiene familia. Su gusto es que yo lo atienda, que le haga su sopa bien caliente cuando está de goma, que le vaya a comprar el trago para tomárselo con la sopa. Eso sí, la ropa siempre se la tengo lista, si ni las ensucia porque siempre anda con la misma.

Chente: Oime, y vos nunca habias oido nada del espanto del papá de Mr. John que sale en el cementerio?

Maritza:
Si he oido, pero vos sabés que la gente habla mucho. El otro día andaban diciendo que en la poza del mono aparecía la finada Hortensia, mentiras, Pánfilo y Cara de mula fueron de noche para hablár con ella y les amaneció y nada. Puro invento de la gente.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Al rato salió Mr. John con un albúm de fotos, de esos albumes viejos con pasta de cartón y todo sucio, todo lleno de polvo. Lo sopló para desempolvarlo y se hizo una nube que todos empezaron a toser. Pasada la tosedera, Mr. John llamó a Chente y a Alcides para que se acercaran y conocieran a su papá. eran unas fotos amarillentas, viejas.

Chente y Alcides se sentían felices, el gringo les había demostrado una confianza que nunca le demostró a nadie. Claro, era la primera vez que alguien le recordaba al papá. Yo creo que en el fondo el gringo se sentía solo, sin papá, sin mama, es cierto que vivía con la Maritza, pero eso no era suficiente para el. Nunca se quizo ir a los Estados porque cuando el papá se lo trajo se lo trajo chiquito, y se había acostumbrado tanto que se sentía cómodo, cómodo pero solo. Después de ver las fotos, cerró el álbum y le dijo a los muchachos.

Mr. John: Mi querer decir una cosa para ustedes

Alcides: Si mister, que cosa?

Mr. John: Espanto de mi father, no ser cierto, ser puros cuentos de gente del pueblo. Muertos no salir, muertos descansar para siempre.

Chente: Y entonces, lo de la botija?

Mr. John: Botija ser cierto,

Alcides: Eso quiere decir que usted sabe donde está la botija mister?

Mr. John: ! Oh yes! mi saber donde estar el botija.

Alcides: Y entonces mister, para luego es tarde, porque no nos vamos ya a sacar esa botija?

Mr. John: Escuchar, escuchar, en primer lugar, botija ser mia. Yo ir por botija cuando yo querer, cuando yo necesitar. Ahorita mi no necesitando botija. Mi ir cuando yo querer y sacar solo el oro suficiente para vivir. Mi no tener ambición por acumulando riquezas. No ser necesario.

Yo saber que ustedes ser muy buenos muchachos de este pueblo. Ustedes ser trabajadores y tener mujer con hijos. Yo estar pensando que...

Chente: (Interrumpe impaciente) qué mister, que está aste pensando?

Mr. John: Por favor no interrumpir.

Alcides: Callate jodido, no interrumpas al gringo, no seas mal educado.

Mr. John: Mi estar pensando que si yo decir a ustedes donde estar el tesoro de mi padre, ustedes poder ir por el tesoro, sacarlo y traer a mi casa para que repartamos en tres partes. Mi dar uno parte por chente, uno por Alcidi y otro parte más grande por mi. que parecer trato?

Alcides: Me canso ganso, rempújele que está sin tranca mister. Quien dijo miedo. Usted solo diga en donde está la babosada esa y Chente y yo la sacamos, verdad Chente?

Chente: A la choooofiro, ahora si que la tragamos. Por supuesto looooco. Mr. apúrese que los está atrasando.

Mr. John: Jo, jo, jo. Venir, sentar aquí…

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Se sentarón los dos, el gringo les dio un mapa y les explicó con lujo de detalles donde estaba el cofre enterrado en aquella montaña de Jinotega, lejos del Chagüital. Aquellos dos hicieron viaje de una sola vez. Llegaron a aquella montaña llena de neblina y preguntando preguntando se fueron orientando hasta llegar a donde ya solo con el mapa era suficiente.

Vieron un cerro que era la primera clave, lo subieron, vieron el despeñadero en donde el papá de Mr. John había tirado a su amigo y reconocieron la fila de pinos con una enorme piedra entre dos de ellos. Ahí estaba la macolla. De la piedra había que dar unos pasos a la derecha, otros de frente y luego como diez pasos a la izquierda y ahí estaba la seña, era una piedra fina enterrada que solo sacaba el lomo. Había que desenterrar la piedra y luego seguir cavando.

Chente: (Cansado) Este es el mejor día de mi vida loco, somos ricos.

Alcides: Si hasta que me sudan las manos, que digo las manos, me suda todo el cuerpo de la emoción. Está haciendo frío pero ni lo siento. Seguí cobando Chenté.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): De pronto pegaron con algo hueco, si, era la madera podrida del cofre que se quebró. La pala pasó recto y se vió aquel oro reluciente.

Chente: Ave María purísima loco, que hago? me desmayo o me vuelvo loco?

Alcides: No jodas brother, desde ahora ricos para siempre. Pero... cómo nos llevamos esto? Y si mejor cada quien se lleva su parte y después volvemos por la parte del gringo.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Aquí empezó de nuevo la maldición del oro, de ese vil metal que como el mero demonio cambia a las personas.

Alcides: O si nos llevamos una parte, la vendemos, metemos el dinero al banco y volvemos otra vez, volvemos a hacer lo mismo y al gringo le decimos que no encontramos el lugar o que nos asaltaron de camino y nos robaron todo?

Chente: Yo veo como que a vos se te está metiendo el diablo Alcides. Pero, pero, es que la tentación es mucha. Si Mr. John ni ocupa el dinero, vive como pobre, y hasta le gusta.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): En ese plan macabro estaban aquellos dos, en eso se vino un fuerte temblor de tierra y aquélla montaña se empezó a mover como si fuera una mesa y el cofre se empezó a mover, se empezó a mover porque la montaña tenía varios guindos y uno se estaba derrumbando. El derrumbe arrastró aquel cofre sin que aquellos dos pudieran hacer nada, se lo llevó el derumbre a las profundidades de aquel abismo y una gran parte de la montaña lo dejó enterrado. Mientras tanto en el Chagüital, Mr. John fumaba en su hamaca del patio mientras pensaba...

Mr. John: si la maldición del tesoro ser verdad a como me contar mi father, ese cofre ya no existir, cofre hiur del codicia. Mejor vivir en paz, dinero ser veneno del humanidad, si veneo, veneno.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Dicho y hecho, el cofre tenía una maldición, solo aquel que tuviera buenos planes lo podría disfrutar, nadie que ambciara por la codicia, Así es amigos. Bueno, ay nos vemos el otro domingo en otro cuento de mi tierra pinolera, adiós amigos. Manuel Talavera Espinoza


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