Lo que se regala en la purísima
La caña piña

La imagen ya está en su punto. Como una quinceañera sólo está a la espera del gran fiestón, que como de costumbre sustentará a centenares de estómagos como hace tres siglos atrás.

En esta celebración la protagonista no baila el vals. De hecho ni siquiera tiene quince años, no es de carne y hueso y su fiesta es de traje al revés: los asistentes (quienes usualmente se invitan solos) llegan para recibir, no para regalar.

José Antonio Gurdián, de 21 años y habitante de Villa Venezuela, también está listo. Él junto a su “flota” de amigos cuentan los días para unirse a la gala que procura ser tan variada, como el año anterior.

TRAS EL TELÓN

Doña Petronia Barrios, de 42 años y originaria de Masaya, conoce bien este trajín por eso prepara desde el mes de octubre todas sus ofertas que van desde canastitas de palma hasta los llamados indios y caritas (que son pequeñas canastas adornadas con ojos y boca de hule con pelo de mecate pintado con anelina).

La señora comenta que desde los seis años se dedica a esto. “Primero aprendí hacer las trenzas, el sombrero y el indio a pura mano gracias a mi abuelo. De allí me perfeccioné y hoy día te hago cualquier creación de palma”, precisa.

Barrios trae la materia prima de la Paz Centro. Ella junto a cuatro trabajadoras se reparten los quehaceres, ya que cada una se dedica a una oferta específica.

Según cuenta, previo a la creación, utilizan seis rollos de palma (que contiene 50 moños), los rajan y los pintan con anelina. Esto les lleva un día. A la siguiente mañana el material pasa a la costura donde adquiere las formas que definen sus ofertas.

El trabajo es semanal, consume sus cinco horas diarias y costos que llegan a los diez mil córdobas. Pero en este ajetreo, la doñita cuenta con el apoyo de su esposo y de su hermana menor, la única a la vista para heredar la tradición.

Mientras tanto, Gurdián sigue en lo suyo. Según dice que está atareado con su garganta. “Tengo síntomas de gripe. Si se me pega bien, estoy perdido porque no voy a poder cantar ni pegar el grito a María”, dice desconsolado.

LAS BANDERITAS

Al igual que Gurdián, don Guillermo Pavón, de 61 años, tiene sus preocupaciones adicionales. Aunque las de él se derivan por mantener la tradición, ya que junto a su familia se dedica desde hace más de 30 años a la creación de las famosas banderitas.

“Estamos casi contra el cacho. Ahorita estamos preparando las cuartas de varillitas de palma, a la que luego pegamos un pedazo de plástico de color (picado con un cuchillo en una tabla con moldes de cartón), que puede ser amarillo, verde, rojo...”, indica Pavón.

Y continúa: “Comencé en esto desde que Alexis Argüello ganó su primera pelea. En aquel entonces yo tenía mis 20 y pico de años, era carretonero y para ayudarme más, dedicaba las tardes a esta labor con la ayuda de mi esposa”.

Hoy día con esto sostienen la comida ya que cada docena las venden a un córdoba. “Cuando ya no pueda más, tengo la esperanza que mi nieto de 16 años (José Ramón Pavón), continúe la tradición que yo inicié gracias a un amigo”, especifica.

LOS COLLARES

Esta familia también es pionera en los collares de maíz. Aunque actualmente este material lo han sustituido por 14 libras de semillas de Lágrimas de San Pedro, que traen desde Chinandega.

“Claro, esto nos lleva más tiempo porque las semillas tardan más horas en ponerse suaves, pero gustan más que el maíz”, detalla con orgullo el nieto de don Guillermo.

De acuerdo al chavalo, este quehacer no requiere ciencia. “Una vez que la semilla está lo suficientemente remojada, se le mete la aguja con hilo. A cada tres o cuatro semillas se le añade un pedacito de pajilla y luego se continúa con cuatro semillas más y se le vuelve a agregar otro pedazo de pajilla... así sucesivamente”, expresa.

Hasta que consiguen dejarlo un poco más largo que una gargantilla. Lo amarran y ya esta, ¡listo! Para ser lanzado por docena al mercado local, a un costo que no supera el córdoba.

En realidad, las anteriores manifestaciones son tan viejas como la misma devoción a la Inmaculada Concepción de María, comenta Wilmor López, historiador e investigador de la cultura mariana en el país.

“Estas son parte de sus gracias. Por ejemplo en Nicaragua, el único país que en Centroamérica la celebra, hay tres formas de festejarla: como plebiscito, como una celebración comunal o en romería”, sostiene.

“Y esto tiene que ver —prosigue— con la llegada de los Franciscanos procedentes de Andalucía, que hace 300 y pico de años atrás trajeron la tradición en esta parte del Continente y por supuesto, con la influencia indígena”, expone.

De acuerdo a López, en aquel tiempo los Franciscanos se asentaron en las ciudades de León, Granada y El Viejo, en Chinandega, donde pegaron la tradición mariana.

“Ésta se interiorizó pero con matices indígenas. De allí que en León lo que llamamos Purísima, se celebre el siete de diciembre con gritería y se convoque a toda la gente para ser partícipe de la celebración en la que además se dan las gorras (conocidas también como paquetes o brindis)”, explica.

A diferencia de Granada, habitada durante la Colonia mayormente por españoles, donde el festejo es comunal. “Es decir cada barrio se turna para realizarla, con su respectivo altar, un determinado día hasta que llegan al siete de diciembre. Aquí el tributo es más conservador y más selectivo”, dice el investigador.

En cambio en El Viejo, acontece con romerías donde los invitados proceden de todo el país para honrar la imagen el seis de diciembre, día en el cual aparte de brindar con tiste tras los rezos y gritería, lavan la plata de la Virgen del Trono, bendicen el agua con la corona de la imagen y pagan sus promesas.

Sin embargo, aclara que también prevalecen los festejos a la Virgen por medio de serenatas (con las tradicionales canciones); prolongando el grito a punta de pólvora (sea con cohetes o cargacerradas) o con el toro encohetado. A esto se une la comida, las flores como el Madroño o las Pastoras y la dulcería con los infaltables gofios.

LOS GOFIOS Y LA CAJETA...

De esto están claros los trabajadores de la dulcería de doña Rafaela Vanegas, quien desde hace 20 años se dedica a esta faena para darle un dulce sabor a la efemérides.

Francisco Contreras, de 21 años, tiene cinco años de trabajar junto a Vanegas. Él refiere que el gofio les lleva sus dos días bien trabajados, antes de comercializarlo.

“Para la preparación primero medio tostamos un quintal de maíz, luego a una parte le agregamos clavo de olor, anís, jengibre y lo molemos”, apunta.

Después de esto añade que en un perol colocan 16 bolsitas de dulce (de cuatro atadas cada una) con agua a la medida. Luego esperan que éste se desbarate y cuando está en su punto (no muy caliente) le agregan el pinol molido.

“Batimos la mezcla hasta por una hora, y luego la extendemos en una mesa. Le añadimos pinol blanco encima, que adherimos a la masa con un rodo. Después sólo partimos los 4 mil pedazos y el gofio ya está listo para ser ingerido”, explica.

Mientras tanto para la preparación de la cajeta negra (llamada cajeta de maíz o cajeta típica) colocan siete bolsas de dulce con galón y medio de leche a fuego moderado.

Luego muelen media arroba de maíz con cuatro libras de arroz revuelto con anís y canela. Una vez lista esta “masa” le agregan al dulce y la “menean” durante dos horas hasta que da el punto. En otras palabras, cuando se pone como una nata de leche.

“Cuando le notamos ese detalle, la sacamos del fuego y la colocamos sobre una paila cubierta de pinol blanco (que evita que se pegue), la dejamos enfriar y la cortamos”, recalca.

Para López, esta faena es una de las más típicas de la tradición. Inclusive “hay gente que la hace por devoción o por el compromiso de la veneración que se traduce en pago de alguna promesa”, enfatiza.

Aunque revela que la celebración también incluye los pitos, caña, chicha de jengibre, las maracas, el chischil, y las bebidas típicas que aún perduran en el tributo. “A pesar de que los telares del altar de la Virgen y las pascuas, se han ido perdiendo”, lamenta.

“Se va a mantener la tradición. Aunque se tiene que fortalecer su forma tradicional. Y el mejor aliado para conseguirlo es el Gobierno y la memoria del pueblo”, acaba diciendo mientras se prepara para ser partícipe de venerar a María.

En Costa Rica, la gran masa de inmigrantes celebran año con año la tradición de la purísima, quizás con más fervor ya que se mezcla la fe y la consagaración con una alta dosis de cavanga por no poder estar en Nicaragua. También es una época en que muchas empleadas domésticas viajan a Nicaragua para pasar las celebraciones de la purísima al lado de sus familiares. En agunos casos, muchos nicaragüenses hacen arreglos con sus patrones para no gozar de sus días libre ni vacaciones, con tal de juntarlas en una sola y tomarse un mes completo en Nicaragua que les incluya tanto la purísima como la navidad y el fin de año.

 

 


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