Las comadres

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Hola amigos, como están? Aquí yo ne nuevo, Nacho Pastrán su compatriota nicaragüense. Hoy les tengo un cuentecito que creo que les va a gustar. Es un cuentecito de esos que a veces dan miedo y a veces dan risa. Se trata de la vez que Chente Potosme, en una de las andanzas de su vida, se metió a taxero, o taxista como dicen los ticos. Un saludo para los hermanos costarricenses que nos están escuchando.

Bueno, el asunto es que Chente se había ido a vivir a Managua y consiguió un trabajo de taxista con Don Cipriano Marenco. Don Cipriano era un Señor ya mayor, tendría quizas unos 60 años. Este señor quien a la vez era vendedor de lotería en una esquina del mercado Roberto Huembes, tenía un carrito viejo, todo sarroso y más chopiado que dado a hacer de encargo.

Quien sabe como se le ocurrió dárselo a Chente para que se lo trabajara como taxi mientras el anunciaba su lotería en el mercado. ¡Ah! Se me habia olvidado contarles, aunque ustedes ya lo saben, que Chente vivía con su mujer, La Camila, en una humilde casita de tablas del barrio Larreynaga, allí vivía con los cuatro cipotes que teníyan. Todos varones, no había ni una sola mujercita.

(Bullicio de mercado)

Don Cipriano: (Pregonando) ¡Looootería! ¡Looootería! ¡Loootería! ¡Looootería! El doble cinco para el domingo, lleve su pedacito, la suerte le sonríe, después no me diga que no le dije, ¡Looootería! ¡Looootería! ¡Loootería! ¡Looootería!

Chente: Hola Don Cipri, aquí vengo por las llaves del taxi.

Don Cipriano: Qué sinvergüenza que sos vos hombré. Yo nunca he conocido un jodido más vago que vos. Ya te diste cuenta que hora es? Son casi las nueve y media de la mañana. Quedamos en que vos ibas a venir a traer las llaves a las 7 de la mañana para aprovechar a la gente que va para sus trabajos.

Chente: Es que el cielo amaneció oscurito y yo creí que eran las seis de la mañana. Más bien, según yo, venía temprano.

Don Cipriano: Pues no andes creyendo papá, un día vas a creer que viene tu mama y lo que viene es un furgón y te va a matar. Desde que se inventaron las excusas ya nadie es culpable. Tomá, por hoy te voy a dar las llaves. Si otro día volvés a llegar tarde te jodés porque no te entrego las llaves. Ah, ve, y cuidadito con venirme con cuentos que el día estuvo malo. Hoy es día de pago y todo mundo agarra taxi. Así que no querrás verme la cara de maje porque hasta ahí te llegó tu suerte.

Acordate que son trescientos cincuenta Córdobas libre de polvo y paja para mí, el resto es tuyo. Apurate que ya va a ser medio día y la gente sale a almorzar. Hoy es un día motelero y bacanalero, así que aprovechá, aprovechá jodido vago.

Don Cipriano: ¡Looootería! ¡Looootería! ¡Loootería! ¡Looootería!

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Chente agarró las llaves y se fue a la casa de Don Cipriano para sacar aquel perol. El carro lo guardaban en el patio de la casa, ahí mismo por el mercado. La casa tenía un portón ancho por donde metían y sacaban el carro.
Lo único con que Chente tenía que tener cuidado era con no matar una gallina o un pato, pues en la casa de Don Cipriano habían muchos animales. Chente sacó el carro y apenas empezó a circular, le hizo señas que parara una muchacha morena. Muy hermosa la caraja. Iba toda perfumada y con una minifalda que a Chente hasta que le temblaban los pulsos y…

Graciela: Por cuanto me llevás allá por los raspados Loly?

Chente: A vos de gratis mi reina, subite.

Graciela: Estoy hablando en serio, por cuánto?

Chente: Bueno, decime vos, por cuanto te han llevado?

Graciela: A mi siempre me cobran quince pesos.

Chente: (pensando) Que tapuda esta rejodida, esa carrera vale veinte o veinticinco. Quien me manda a andar de güillo. (A ella) Está bien mi reinita, vamonos. Si con solo tener el privilegio de llevarte ya es bastante. (Puerta abre y cierra) Contame, vos sos de este barrio?

Graciela: Sí, aquí vivo yo, de ahí donde me monté como a los cien metros. Lo que pasa es que por mi casa es difícil que pase un taxi. Prefiero caminar que estar esperando. Fíjese que al otro día, por estar esperando que entrara un taxi me agarró la tarde.

Chente: Que linda que sos vos chavalá. Como te llamás?

Graciela: (Riéndose) Graciela, Graciela Camacho para servirle.

Chente: Gracias, gracias, a yo me llamo Vicente Potosme y desde hoy me declaro tu más ferviente admirador y tu esclavo.

Graciela: (Riéndose) Usted si es bien payaso, sea serio, vea, vea, ahí hay otro pasajero parando el taxi.

Chente: Uhm, nada de eso trajo el barco. En este taxi no se sube nadie hasta que usted se baje. Este es un servicio exclusivo para usted. No te gustaría que yo viniera por vos todos los días para llevarte?

Graciela: De gustarme me gustaría, pero no todos los días me vengo en taxi. Yo agarro bus. El taxi lo cojo solo cuando se me hace tarde o en día de pago. Usted sabe que los sueldos no dan para andar en taxi todos los días.

Chente: Y quién habló de cobrarte? Si yo te estoy ofreciendo la carrera con tal de poder verte.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y es que Chente era más enamorado que qué. Fue como amor a primera vista. Y la chavala, pa que les cuento, la chavala salió aprovechada. Ni corta ni perezosa le aceptó a Chente que la pasara llevando todos los días. Y así quién nóo. Lo malo es que cuando Chente pasaba por la “Gracielita” no montaba a nadie más hasta que llegaba al trabajo de la cipota. Ella trabajaba en una fábrica de bloques, era algo así como la secretaria del dueño.

El dueño de la bloquería ya había notado que a la Gracielita la llegaba a dejar y a traer el mismo taxista. Estaba raro el asunto. Estaba raro porque Luis González, que así se llamaba el dueño de la bloquería, también estaba enamorado de la Graciela y este asunto no le estaba gustando para nada. Como a la semana, llamó a la Graciela para preguntarle…

Luis González: Ajá Gracielitá, contáame, y ese que te viene a dejar y a traer todos los días; es algún familiar tuyo?

Graciela: No que vá, es un amigo.


Luis González: Un amigo? A ver, como está eso? Y tu mama sabe que ese amigo es amigo tuyo.

Graciela: Mi mama no tiene que saber nada, yo soy dueña de mi vida y puedo tener los amigos que yo quiera.

Luis González: Mirá Chelá, no te me pongás malcriada. En primer lugar ubicate. Yo soy el dueño de esta carajada y yo soy el que te paga tu sueldo. Además, yo conozco a tu familia y por eso fue que te dí trabajo. Vos sabés bien que a tu mama no le va a gustar si yo le cuento lo que está pasando…

Graciela: Y por qué tiene que contarle? Acaso que usted es mi padre o a lo mejor cree que porque soy empleada suya me va a decir lo que debo y lo que no debo?

Luis González: Con que además te me volviste malcriada. Vos antes no eras así. Mirá, te voy a decir una cosa. Estoy seguro de que ese maje no es ningún solterito. Ese idiota debe tener su mujer y al saber cuántos chavalos. Y te voy a decir otra cosa, yo mismo voy a investigar quien es la mujer de ese jincho para contarle lo que está pasando.

Graciela: (Con mucha cólera) Vea Don Luis, mejor no le contesto para no decirle lo que tengo ganas de decirle. Necesito este trabajo pero no por eso voy a aguantarle lo que usted quiera. Le agradecería mucho si mejor no se metiera en mi vida privada.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y es que después de varios viajes ya la chavala como que se iba encariñando con Chente. Al principio como que quiso aprovecharse de el pero endespués le fue tomando mucha confianza y al parecer, como que se enamoró de él.

Se estaba convirtiendo en peligroso aquel asunto. Chente que siempre había sido un hombre responsable con su mujer, ahora estaba metiéndose en camisas de once varas. Ya Chente con su mujer no era el marido querendoso de siempre.

Últimamente estaba distraido, ido como decimos nosotros. Hasta estaba perdiendo el apetito y ya no quería usar su sombrero, no, ahora se peinaba con brillantina, de partido a un lado y con copete. La Camila estaba intrigada, no quería juzgar mal pues antes no había tenido problemas de faldas con Chente. Si hasta se había comprado un perfume que se llamaba Sky Blue de Williams, y no es cosa, se bañaba de perfume. La Camila, ya medio desconfiada le preguntó…

Camila: (Dudosa) Chentéee. Decime una cosa…

Chente: Si Camila del Carmen.

Camila: Por qué Camila del Carmen? Para vos siempre he sido Camila o Purrunguita. A qué se debe que ahora me digás mi nombre completo. Te pasa algo Chenté. Yo no se, pero te veo medio raro, así como distraído. Tenés algún problema?

Chente: Solo sos babosadas. Y qué me va a pasar, pues nada. Solo que ahora vivimos en la capital y “A donde fueres has lo que vieres”, no te parece?. Vos también deberías de andar así como más arregladita.

Camila: (Medio enojada) A mi con ese cuento. Para mí que a vos te pasa algo raro. Acordate que las mujeres tenemos un sexto sentido. Tate quedito papito, que si yo llego a saber de algo ya vas a saber quien es la Camila Hernández. Tatae quedito, tate quedito.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Se fue Chente, pasó por el mercado como siempre retirando las llaves del taxi donde Don Cipriano y paso recogiendo a la Graciela, ya en el taxi la Graciela le dijo…


Graciela: Chenté

Chente: Si Chelita,

Graciela: No sé, creo que mejor ya no pases por mi…

Chente: Coooooómo, y eso? Qué pasó mi cununuy? No me metás ese puñal así sin anestesia. No me digás que ya te caigo mal, que ya te aburriste de mi?

Graciela: No es eso Cheeente, lo que pasa es que mi patrón me llamó la atención porque el ya se fijó que vos me llegas a dejar y a traer.

Chente: Y quién es ese maje para meterse en nuestras vidas? Vos le vas a hacer caso a ese pendejo? O es qué… Vos tuviste que ver algo con el, decime la verdad Chelita, no quiero hacer el palel de maje. Te juro que no me voy a enojar.

Graciela: No, no, ni quiera mi dios, ese viejo tan feo. Lo que pasa es que el es amigo de mi familia, fue por eso que me dio el trabajo. Solo que el viejo ahora cree que por eso tiene derechos sobre mi y ya me amenazó con acusarme con mi mama y hasta me dijo que si me seguís llevando va a investigar quien es tu mujer para decirle.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Chente hasta que se puso como un toro. Y es que cuando un hombre anda traicionando a su mujer, pareciera como que el mismito demonio se le metiera. Para que le contó la cipota lo del patrón. Dejó a la chavala en la bloquera y aceleró aquel carro con un chillido que yo creo que dejó las llantas untadas en el adoquinado del by pass.

Luis González, el jefe de la Graciela no estaba bromeando. Investigó la dirección de la casa de Chente y le fue con el chisme a la Camila. A la Camila no le costó creer pues ya tenía sospechas. Apenas Luis salió de la casa se metió al baño, se bañó tan rápido como pudo, se puso su mejor vestido, se pintó la boca y los ojos para no desmerecer delante de su rival y le prestó a la vecina un par de anteojos oscuros para lucir mejor. A la misma vecina le pidió que le cuidara a los chavalos y salió despavorida como alma que lleva el diablo.

Agarró un taxi y se fue directo a la bloquera, Luis le había dado la dirección exacta con lujo de detalles para que no se perdiera. Se bajó del taxi y como una bala entró directamente a la oficinita donde estaba la Graciela y le dijo:

Camila: (Altanera) Así que vos sos la prostituta que anda con mi marido?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La Graciela tenía una taza de vidrio con arroz de leche que se estaba comiendo con el dedo cuando entró la Graciela, se quedó impávida y como en cámara lenta puso la taza sobre el escritorio viejo maqueado, se limpió la boca con la manga de la blusa y dijo…

Graciela: Un momentito, y usted quien es para que me venga gritando así?

Camila: Además de zángana sorda, solo eso me faltaba. Que no oiste que te dije que andas con mi marido?, con Chente. Hacete la loca ahora.

Graciela: Vea señora, si es que le puedo llamar señora. En primer lugar, usted no tiene pruebas de lo que me está diciendo, y en segundo lugar…

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Al decir en segundo lugar, la Graciela volvió a ver a Luis González que estaba como a unos cinco metros, haciendo como que revisaba unos bloques.


Graciela: En segundo lugar por qué no me dice quién fue el tapas de caimán que le fue con ese cuento. No sabe usted que por cuentos puede haber hasta un muerto.

Camila: Uno no, varios, no te das cuenta que por tu culpa mis cuatro hijos se pueden morir de hambre. Que jodido le diste a Chente que lo tenés como jugado de cegua. Ese hombre ya no es ni la sombra de lo que eran antes de conocerte.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El dime que te diré parecía que no se iba a terminar, más bien como que se arreciaba el asunto. Luis González hasta que se reiba en sus adentros oyendo el pleito de aquellas dos mujeres. La Camila que siempre había sido una mujer calmada, campesina pero muy educada, muy mujer de su casa, ese día era otra, estaba transformada.

Y es que no es chiche perder al hombre que había convivido con ella por 12 años y a quien le había parido cuatro cipotes varones. Ofendió hasta más no poder a la Graciela y la chavala harta de oir tanta ofensa agarró la taza de arroz de leche y se lo echó en la cara a la Camila. La Camila la hubiera matado sino es que dos trabajadores de la bloquera se metieron a atajarla. Salió furiosa de la fábrica y se fue a buscar un taxi mientras se quitaba el arroz pegajoso que le había quedado en el pelo que con tan mala suerte era pelo crespo.

Camila: (Hablando sola) Ah, pero esto no se va a quedar así. Esta ajambada va a saber de cuantas papas se hace un guiso. Y Chente, Chente se va a arrepentir de haberme echo pasar esta afrenta. Quien iba a pensar que semejante haragán que casi me ha tocado que mantenerlo ahora me salga con esta trastada. A pero de que me desquito me desquito. Va a ver esta culito cagado con quien se está metiendo.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El diablo es el diablo, se mete hasta en las mejores familias y cuando se mete es cosa seria. La Camila puso al tanto del asunto a Don Cipriano y le suplicó que por favor no le diera más el taxi a Chente. Don Cipriano le dijo…

Don Cipriano: Te voy a dar un consejo Camilitá. A mi no me cuesta nada inventar cualquier cosa para decirle a Chente que ya no le voy a dar el taxi. Le puedo decir que lo presté anoche y que me lo jodieron, o qué se lo voy a dar a uno de mis hijos para que me lo trabaje, eso es lo de menos. El asunto es que eso no va a resolver este problema. Chente está embarracado con esa caraja y con taxi o sin taxi el se las va a ingeniar para verla. Mejor tomá las cosas con calma y se sabia. Mejor hacete la chancha, ignoralo.

Los hombres se sienten más importantes cuando nos dan pelota, nos sentimos heroes y si no me equivoco esta es la primera vez que a Chente le pasa eso; sí o nó?

Camila: (llorando) Si Don Cipriano, pero que arreglo yo con eso? Aconséjelo usted, talvez a usted le oye, háagalo por los chavalos.

Don Cipriano: Yo les tengo mucho cariño a vos a Chente y a tus chavalos. Por eso te soy franco, yo podré aconsejar a Chente, pero de eso a que me haga caso olvidate. Un hombre emberrenchinado es una mula. Asi no se compone. Tomá estos doscientos pesos que para algo te han de servir. Andá comprale comida a tus cipotes y quedate tranquilita en tu casa que ya vamos a pensar en algo. No te desesperés que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y así fue, la camila salió triste pero al mismo tiempo un poco reconfortada con las palabras de Don Casimiro, pasó por el Roberto huembes y se llevó una libra de queso, 25 guineos cuadrados, una bolsa de café El Caracol y por supuesto 5 libras de pinol seco para hacerle su tibio a los chavalos. Esa tarde, Chente llegó como de costumbre ya al filo de la tarde. La Camila no le dijo nada. Le sirvió en la mesa arroz con frijoles fritos, un pedazo de queso y su vaso de tibio bien caliente y le dijo…

Camila: Ay está servido en la mesa

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Yo creo que nadie es de piedra, en el fondo Chente sentía un remordimiento, sobre todo cuando miraba a sus chavalos sentaditos en el suelo viendo televisión en un televisor viejo blanco y negro con un alambre de cobre como antena. Era una marimbita de cuatro chavalos de 11, 9, 7 y 5 añitos, cada uno con dos años de diferencia como si los hubieran calculados.

La comida estaba caliente pero esta vez la falta de apetito no era por la Graciela, algo mas fuerte que eso lo torturaba. Solo jugó la comida y lo único que se bebió fue el tibio. Se fue para el patio, esa noche el cielo estaba lleno de estrellas, se sentó en un tronco viejo y con un clavo se puso a hacer un dibujo en el suelo mientras pensaba…En eso estaba Chente cuando de pronto se oyó que alguien tocaba a la puerta y la Camila le dijo a Jacinto, el hijo mayor…

Camila: Chinto, andá a ver quien toca.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El chavalo salió corriendo, primero se asomó por una rendija de la puerta para ver quien era y antes de quitar la tranca de la puerta gritó…

Jacinto: Mi abuelita, mi abuelita

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Si, era Doña Tencha Camacho, la mamá de Chente que venía desde El Chagüital a ver a sus nietos que no los había visto desde que se vinieron. Todos los demás cipotes corrieron a abarazar a la abuela y a desenguaracar lo que les habían traído.
Doña Tencha saludó a su nuera y preguntó por su tierno, su terroncito de azúcar, su Chentito.

Chente: (Medio triste) Que tal mama.

Doña Tencha: Y eso, no te alegra ver a tu mamita mi amor. Estás enfermito?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Que clavo el de chente, la mama lo quería pero también quería a sus nietos y a su nuera. Si Ña Tencha se daba cuenta de lo que estaba pasando era hombre muerto. Ahí si, hasta ahí llegó Chente. Pero antes de hablar del asunto Doña Tencha le dijo a su nuera…

Doña Tencha: Y vos mi hijá, cómo has estado. Como les ha ido en esta buya de Managua? Quiero aprovechar ya que estoy aquí para que mañana visitemos a mi hermana la Lupe. Tengo como 35 años que no la veo. Ya debe estar toda arrugada como yo. Siempre andábamos juntas, éramos muy unidas. Quiero que conozca a Chente para que me le ayude en caso que llegue a necesitar.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Por suerte la Camila supo controlarse a como le aconsejó Don Cipriano. Al día siguiente se alistaron todos con sus mejores ropas para ir a visitar a la tía de Chente. Llegaron a la casa que a Chente jamás se le iba a imaginar que era. No lo van a creer amigós, era la casa de la Graciela. Claro la Graciela no estaba, ya se había ido al trabajo y quien sabe en qué porque Chente ese fue el único día que no fue por ella porque estaba la madre. Doña Tencha presentó a Chente con su hermana que por suerte no lo conocía sinó se hubiera armado la de San Quintín.

Y Chente, para qué les cuento, Santo remedio, con eso se dio por curado. Sin querer había andado jalando con la prima, eso sí, solo jalando porque no pasó nada más. Ya de vuelta en la casa y cuando Doña Tencha ya se había ido, se lo contó a la Camila para que esta se sintiera tranquila. Ni siquiera se tomó la molestia de buscar a la Graciela para explicarle lo que pasó. Ahí debe etar la chavala preguntandose todavía que pasaría con Chente.

Mis hermanos nicaragüenses varones, un consejo sano de Nacho Pastrán. Bien está San Pedro en Roma aunque no coma, no le andemos buscando tres patas al gato. Eso es todo amigós.


Síganos en Facebook

Comentarios

Si no eres miembro de Facebook, entonces comenta aquí
Escriba su comentario

Regreso a la página principal

Para mayor información escríbanos : Comentarios


Regreso a la página principal