El enamorado

Narra Nacho Pastran (Moralimpia) : El enamorado, ese es el cuentecito de hoy. De las historias de enamorados hay tantas en mi tierra pinolera, que podría pasarme la vida entera contándoles cuentos de enamorados. Hoy les quiero contar lo que le pasó a Casimiro Maradiaga, allá en “El Chagüital”, pueblito pintoresco de Chontales. A Casimiro ya lo conocen ustedes, amigo inseparable de Chente Potosme. Los dos son uña y mugre, ambos dos cortados con la misma tijera. Resulta que Casimiro era muy enamorado, era un picaflor como dicen. No había muchacha en el pueblo a la que Casimiro no le echara un piropo. Oiganlo, oiganlo.

(fondo perros ladrando)

Casimiro: ( a la Julianita con vos pícara) Adiós cantarito de arroz, tirame un beso y me voy con vos. Que linda que amaneciste hoy mi pajarita. No querés que te acompañe?

Julianita: (Riéndose coquetona) Me mata mi mama, a ella no le gusta que yo hable con extraños.

Casimiro: Pero si yo nos soy ningún extraño, yo soy Casimiro Maradiaga, el respetable caballero del “Chaguital”.

Julianita: (Burlona) Respetable? ¡Jah!, que vas a ser respetable vos, aquí todo mundo sabe que sos una gran zángano. Por ahí dicen las malas lenguas que el chigüin de la la Teresa es tuyo, que hasta se parece a vos.

Casimiro: (Haciéndose el sorprendido) Hiiiiii, qué lengua, que tapudencia es esa, si yo soy un santo varón. Si yo no tengo ojos para nadie más que para vos mi amorciito. (Suplicante) Dejame que te acompañe, aunque sea una cuadra, si tu mama no se va a dar cuenta.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Ese era Casimiro Maradiaga, el Don Juan del Chagüital. No había hembra que se escapara, por lo menos para piropearla. Más de una vez estuvo en problemas en el comando por enamorar mujeres casadas, y hasta a punto de perder la vida por un novio celoso. La Julianita era una muchacha linda, jóven, recatada, no era bocado para Casimiro. No le hizo caso, siguió su camino y ahí lo dejó plantado.

Casimiro: (Hablando consigo mismo) Ve que babosada, esta cipota mocosa me ignoró, bueno, no me ignoró, pero no me dio bola, que se habrá creído esta patas chorreadas, que a mi se me va a escapar. No ha nacido, no ha nacido la mujer que se me escape. Dejo de llamarme Casimiro Maradiaga, lo juro que sí, pero lo que es esta cipota va a ser mía.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y es que Casimiro es más terco que una mula, encaprichado el indio. El decía que la Julianita iba a ser de él y no había poder en este mundo que le sacara esa idea de la mente. ¡Ahhh! Pero Casimiro no era el único enamorado de la Julianita, resulta que su mejor amigo Chente Potosme, el hijo de la Tencha Camacho y Quincho Potosme, también era enamorado de la chavala. Chente era educado, trabajador, era buen hijo y su único defecto era ser amigo de semejante bandido. Un día Chente le dijo a Casimiro…

Chente: Casimiro, Casimirito, Casimir… por hay me han dicho que vos me andas molestando a la Julianita, que me le andas echando el cuento.

Casimiro: Y qué?, acaso que es tuya la mujer. Yo puedo enamorar a la mujer que a mi me dé la gana, ese no es problema tuyo, ni que fueras su marido. No jodas. Vos si que ya jodiste.

Chente: Yo te voy a decir una cosa Casimirr…

Casimiro: Pará, pará, pará, antes que sigás hablando chochadas, en primer lugar yo no me llamo Casimirr, mi nombre es Casimiro, C a s i m iiii r o, aunque te dilates un poquito más. A vos no te gustaría que yo te dijera Solo Chen, cierto o falso?

Chente: Bueno, en eso tenés razón, antes nunca te molestaba que te dijera así, pero si ahora te molesta ni modo. Bueno, y en segundo lugar qué?

Casimiro: En segundo lugar, es cierto que vos y yo hemos sido como hermanos, pero eso no te da derecho a meterte en mi vida privada. Ve, calmate, controlate, machete estate en tu vaina, vos en lo tuyo y yo en lo mío, cada quien con su cosa y mía es esta rosa, esa cipota va a ser miya.

Chente: Ve Casimiro, ya que estamos aclarando cosas, dejame decirte que no es que yo me esté metiendo en tu vida, es más bien que vos te estás metiendo en la mía.

Casimiro: ¡ que, que queeeeeé! , que yo me estoy metiendo en tu vida, por qué, explicame. Será que yo soy tan burro que no me doy cuenta.

Chente: Es ciero que yo no soy ni el novio ni el marido de la Julianita, es cierto, en eso tenés tuitica la razón. Pero también es cierto que la chavala y yo nos caemos bien, nos gustamos. Y a su mama la Chona, pues, (pausa), que te puedo decir, a la señora no le caigo tan mal que digamos. Yo llego los fines de semana y le ayudo a rajar leña, le limpio el horno del patio donde hacen las rosquillas y el pan y hasta les jalo agua del pozo.

Casimiro: (Riéndose a carcajadas) No jodas Chente, ahora si que me convenciste que sos un pendejo de agarrar raza. Vos si que ya me jodiste a como dijo Peyeyeque (Continúan carcajadas). Que no te das cuenta que lo que te estan haciédo es explotándote baboso, te están sacando el unto. No seas menso, después te vas a quedar viendo para el icaco.

Chente: Ta gueno Casimiro, ta gueno, seguite riendo si queres, seguite riendo. Yo lo que se es que a doña Chona le gustan los hombres trabajadores, y ella solo me está probando para saber si voy a ser un buen yerno. Ay tate quedito papito, yo se que te come la cochina envidia porque sabés que la chavala ni te vuelve ni a ver. Pero vos tenés la culpa. Ya naiden te quiere volver a ver. Estás colorado con todas las mujeres del pueblo.

Casimiro: Y qué culpa tengo yo de ser tan guapo, y eso de que nadie me hace caso, eso está por verse, solo vos sabés que nadie. Si te contara de mis últimas conquistas te irías de espalda. Mirá, (sonido de palmadas en su cara) este perfil griego las vuelve loca, si parecen hormigas, ellas solitas me buscan.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Aparte de mujeriego, Casimiro era jactancioso. Muchas veces se mofaba de haber estado con mujeres casadas que en la realidad no habían estado, era tapudo y farsante. Chente por su lado, era un chavalo sano, no bebía, no fumaba, se acostaba temprano y se levantaba a las 4 de la mañana para ir al molino a moler el may para que la Tencha su mama echara las tortillas, se ponía a ordeñar las vacas y le daba cáscaras de guinello a los chanchos para que comieran y machigüe que le regalaban en el molino. Un sábado, Chente se fue como de costumbre a eso de las diez de la mañana a ver a la Julianita y oigamos…

Chente: (animales de granja) Guenoj diyaj Ña Chona, como esta asté, como siguió del reumatismo?

Doña Chona: Mejor, mejor mijito, buenos días, y a vos como te ha ido? Contame, y tu mama la Tenchita, ya se mejoró de los mareos que decis que le daban. Que pena que no he podido ir a verla, que va a pensar la señora.

Chente: No se preocupe Ña Chona, mi mama le manda saludes. Si ya esta buena mi mama, que no ve que se bebió auellas cáscaras que le mando usted y le cayeron bien. Dice que muchas gracias. Cuenteme, y la Julianita?

Doña Chona: Ahí está mi hijo, ahí está, la tengo zurciéndo las sábanas que ya son más huecos que sábanas. Que no ves que mi ñeto, el hijo de Arcadio mi hijo mayor, todos los días se orina en la cama y ya tiene todas las sábanas podridas de tantos orines. Yo creo que ya ha de haber terminado (Llamando a gritos) Juliaaanaaaaá, Juliaaaánaaa, aquí está Chente que viene a visitarte.

Julianita: Que tal Chenté, vení, pasá a la cocina para que te bebas un café, está acabadito de hacer. También hay cosa de horno, mi mama la hizo anoche pero está calientes porque yo las puse a calentar en el horno hace ratito, vení chente.

Chente: Que rico, que rico, cafecito recién hecho y cosa diorno. Mirá Julianita, estas tejas están quebradas y ya está cerca el invierno. Yo no quiero que que te mojés por falta de mano de obra. Apenas me tome esta ricura que me serviste te reparo el techo de la cocina, que te parece?

Julianita: A esta bien chente. Mi mama está bien contenta con vos, dice que vos le caes bien, que sos muy trabajador.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): A chente hasta que se le erizaron las patas al oir aquellas palabras de la Julianita. Idirectamente la chavala se le estaba declarando. En otras palabras le estaba insinuando que lo queriyan para que se casamentera con ella. Debajo de un palo de jícaro, sentado en el suelo, sin camisa y leyendo una novelita de vaqueros, estaba Don Chico Domínguez, tillo de la Julianita. Don Chico era como la Tula Cuechos, de todo estaba pendiente y se daba cuenta de todo lo que pasaba en la casa y en el pueblo. Y lo pior es que el viejo ya se había dado cuenta que Casimiro el creydo, el que creyba que era el hombre más guapo del mundo, tambien andaba detrás de la Julianita. Y Don Chico se reiba, se reiba de oir aquellos dos chavalos, la julianita y chente….

Don Chico: (Para si mismo)Je, je, je, je, je… Juventud divino tesoro yate vas para no volver… Nadie sabe para quien trabaja, mientras ese baboso viene aquí a matarse todos los fines de semana, ese bocado no ve ser del. Me quito el nombre si a esta chavala no se la roba Casimiro. Es mi sobrina, la quiero y quiero lo mejor para ella, pero en el amor siempre gana el más bandido no el más bueno. Y es que en esto yo mejor ni me meto, la Chona Dios guarde que le se metan en su vida privada y la de sus hijos, y al final me puede correr y…mejor está San Pedro en Roma aunque no coma, aquí vivo y como de gratis, que cada quien viva su vida a como pueda….

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Esa era la forma de Don Chico, valía más la sinvergüenzada de vivir de gratis sin trabajar, porque Don Chico le había pegado un tiro al trabajo desde joven. El sabía que donde su hermana no le faltaba nada. Ni siquiera se casó para no tener obligación. Chente arregló aquel techo, cambió las tejas quebradas por nuevas y limpió el hojarascal que habían botado los palos de caimito y níspero del patio. Todo sucio y cansado se despidió de la Julianita con la promesa de volver al siguiente día para reparar la caseta de tablas podridas del escusado que se estaba cayendo al fondo del patio.

Chente: (Se aleja feliz cantando) eres eva de amor, divina y celestial, que de tus bellos ojos yo quiero tu alma….tu talle encantador…

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El Diablo es el diablo, y el diablo siempre se interpone entre los que se aman. Esa misma noche, noche de luna y estrellas, alumbrado por la luz de un candil, Don Chico Domínguez empezaba otra novela de vaqueros, desde su cuarto vió por la ventana que dejaba abierta por el calor, una sombra que llegó caminando, se quedó parada a la orilla de la casona de tablas donde vivía la familia Domínguez. La sombra traiba una guitarra, se acomodó y empezó a cantar.

Casimiro: (Tocando guitarra, canta una canción para serenata)

Don Chico: (Riéndose solo y quedito) No hay que ser adivino para saber quien se bebe el vino. Este indio chagüitaleño se va a quedar con el mandado, je, je, je.

Doña Chona: ( A la Julianita) Julianáaaaa, ese que tray serenata quien es?

Julianita: Casimiro mama, Casimiro Maradiaga el sastre que toca guitarra.

Doña Chona: (Enojada) Ese sinvergüensa de porra, no, no, no, mi hijita, ese desgraciado tiene fama de zángano. No, no, a mi hijita no me la va a serenatear un sinvergüenza de esa calaña. Ahorita mismo lo corro, no faltaba más.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Dicho y echo, Doña Chona se levantó como un demonio, le quitó el perno que tenía de pasador la ventana para abrirla y le dijo a Casimiro.

Doña Chona: Ve papito, no estés perdiendo tu tiempo, vago degenerado, sinvergüenza, mi hija no es cualquier cosa para que un lépero como vos me la venga a serenatear. Si volvéz a joderle la vida por aquí voy a ir al comando para que te echen preso vago de la porra. (Tira la ventana)

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): (Riéndose) La Chona Domínguez era cosa sería, como buena ella era buena, pero el que la buscaba se la encontraba. Ni siquiera pudo dormir esa noche de la rabia. La Julianita no decilla nada, ella conocilla a su mama y era mejor no toriarla. A la mañana siguiente, puntual a las diez de la mañana llegó Chente a reparar la caseta del escusado y para esa hora ya Don Chico estaba debajo del palo de jícaro arrecostado en un saco de may y la novelita de vaqueros la teniya puesta encima de los ojos para taparse el sol, haciendose el que dormiya.

(Ruidos de martillazos y tablas)

Chente: Haceme un favorcito July, pasame el zerrucho pa cortar esta tabla que no quede salida.

Julianita: Tomá, aquí está el serrucho. No querés que te haga un fresco de naranjuagria? Hasta que estás bañado en sudor.

Chente: (Serruchando) Mejor un cafecito, a yo se me quita mejor la sed con un cafecito bien caliente, (enfáticoo), si no es mucha molestia.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La Julianita se fue a hacerle el café a Chente, y Don Chico que también era un gran chifletero empezó a decir con indirectas sin moverse de la posición en que estaba.

Don Chico: Vida para que fuera eterna, que calamidad, en este mundo vive raymundo y nadie sabe para quien trabaja. Las cosas no son del dueño sino del que las necesita. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente…

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Chente empezó a notar que eran para el aquellos mensajes venenosos del viejo sin oficio, haragán. Empezó a sentirse inquieto y cuando la Julianita llegó con el café, se lo tomó caliente, diunsolo. La Julianita se quedó sorprendida, ella más o menos conocía a Chente y sabía que Chente se tomaba así el café cuando estaba bravo o cuando estaba celoso. Le quitó la jicarita vacilla del café y le dijo…

Julianita: Que te pasa Chente? Te veo medio raro.

Chente: Julianita, dejémonos de babosadas, yo creyo que vos y yo nos entendemos. Aunque no te lo he dicho pero vos sabés que a yo estoy enamorado de vos desde hace tiempo. Decime una cosa; Casimiro te anda molestando verdad?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La Julianita se puso pálida, se quedó muda por un momento y entonces dijo mientras disimuladamente miraba a su tío en el suelo…

Julianita: Yo también te quiero Chenteé, y por eso no te lo había dicho, para evitar una desgracia, yo sé que vos con cólera sos capáz de cualquier cosa. Pero tené confianza en mí. Ya ves, por lo menos el lengua de lagarto que te lo dijo más bien ayudó a que te me declararas, yo creí que nunca ibas a decirmelo.

Chente: Pa mi es suficiente Julianita, tus palabras son el mejor remedio para mis heridas. Ya no me importa nada ni naiden si vos estás de acuerdo conmigo. Y decime una cosa, cuándo nos casamos?

Julianita: Chooooofiro Chenté, primero te lenteas y ahora vas volaaando.

Chente: Pa luego es tade mi reina, y como dicen las malas lenguas, camarón que se duerme se lo lleva la corriiieeeente.

Don Chico: (riendose y hablando solo) Je, je, je,…Serán malas lenguas o nó, pero si no le doy un empujón a este pendejo le salen canas viniendo a trabajar los fines de semana sin agarrarle ni un dedo a la chavala.Que hombre más pendejo. Yo a esa edad no preguntaba, agarraba. Si es que estos jóvenes de ahora son como maricas..je, je, je….

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Chente no era maricón, solo era tímido y muy educado pero bien que mal, el compromiso estaba echo. La boda se fijó dentro de los 12 domingos siguientes. Para que les cuento, Doña Chona iba a casar a su hija con el hombre que ella quería. Ya hasta el regalo de bodas les tenía preparado. El regalo iba a ser una finquita de 30 manzanas, con vacas y muchas gallinas y chanchos. En la finca había una casita de adobe, humilde pero al campesino no le hace falta más. La noticia llegó a oidos de Casimiro, quien en otros tiempos era el mejor amigo de chente y entonces…

Casimiro: Así que se casa la Julianita, y nada más y nada menos que con el ajambado de Chente. Qué babosada. Pendejo yo si dejo que esta cipota se case sin antes ser de a yo. Miéeeércoles, ese terroncito tiene que ser miyo primero.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La casa de la Julianita quedaba a la orilla de un camino por el que había un cerco de alambres de puas . Para ir al pueblo era necesario caminar como 20 cuadras en un camino montoso. El Chagüital es un pueblito muy pequeño donde todo mundo se conoce. Una semana antes de la boda, la Julianita cometió el error de dejar que le agarrara la tarde en el pueblo para regresarse a su casa. En el camino la esperaba Casimiro, quien se sentía herido en su amor propio, había sido despreciado por la chavala y el no estaba acostumbrado a eso. Esa noche cuando la julianita venía del pueblo con cosas para dar en la boda, escondido detrás de un palo de tigüilotes estaba Casimiro, y cuando la Julianita pasó la tomo por la fuerza y se hizo de ella, la deshonró y se fue al pueblo a beber guaro para celebrar su hombría.

(efecto fondo de cantina)

Casimiro: (Gritando borracho) No ha nacido, no ha nacido la mocosa babosa que se quiera pasar de viva conmigo. Esta es la peña onde se rascó el tigre jodido. (Al cantinero) Cantinero, cantinero, dame otra botella que esta noche quiero celebrar, vivan las mujeres jodido.


Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): La noticia de lo sucedido también le llegó a Chente. Cuando se lo dijeron, Chente primero lloró de rabia y de dolor como por una hora. Luego, agarró valor y agarró también su machete el cual manejaba bien afilado, se lo puso en la cintura y salió como flotando, no sentiya los pasos, iba decidido a vengar el honor de su amada. Llegó a la cantina de la Chila Bonilla y sin entrar gritó desde afuera.

Chente: Casimiro cobarde, salí si sos hombre. No permitaj que yo entre para cortarte lo que ya sabej, desgraciado. Salí canaya, vení demostrame a mi que sos homre. Yo te voy a cortar la hombrilla a machetazo limpio.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): En la cantina se hizo un silencio profundo, los presentes retuvieron hasta la respiración, en lo negro de la noche solo se veían los candiles entre las casas y de pronto la silueta de Casimiro se vió en el quicio de la puerta de la cantina.

Casimiro: Si crees que te tengo miedo vas a morir engañado. Yo te lo advertí que esa cipota iba a ser mía. Allá vos que seguiste. (Sacando su machete) y si veniste a meterme en miedo mejor volvete por donde veniste porque con esta misma cutacha ya he dejado coto a varios, oistes?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Ay nomás se trenzaron a machetazos aquellos dos, solo se villan las chispas en la negrura de la noche. Los curiosos con sus candiles se apartaban para que no les dieran y aquellos hombres parecían un par de fieras. Al rato, de una sola estocada, el machete de Casimiro penetró en el estómago de Chente. Chente cayó al suelo y los curioso se arremolinaron a su alrededor para ver el macabro suceso. Chente moribundo, bañado en sudor y sangre y con su mano derecha agarrando el mango de aquel machete que lo atravezaba, le dijo a Casimiro…

Chente: (moribundo) Miserable, me mataste por see…ggg.un..da vez. Primero me mataste el alma con tu cochino proceder y ahora me mataste el cuerpo, pero no importa, no importa porque me llevo lo que nunca vas a poder conseguir. Aquí, aquí dentro de mi corazón me llevo el amor de la Julianita, el amor que nunca vas a conseguir para vos, maldito.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Al oir aquellas palabras de chente moribundo, Casimiro sintió rabia y envidia porque sabía que lo que chente le decía era la pura verdad, y ciego por la envidia, quitó la mano que chente tenía en el mango del machete, lo sacó y se lo volvió a meter con odio y consaña hasta desbaratarle las tripas, para rematarlo. En eso llegó corriendo la Julianita y se lanzó encima de Casimiro para arrancarle la cara con las uñas. Casimiro, al sentir como lo atacaba la mujer que no pudo hacer que lo quisiera, le dio un golpe en la cara y la tiró al suelo. En ese mismo momento sonó un disparo que entró en la frente de Casimiro dejandolo ahí tirado muerto en el suelo. Todos volvieron a ver para saber quien hizo el disparo, y en medio de la noche, se vió la braza de un puro encendido en la boca del tío Chico de la julianita. Y es que, la familia es la familia. Haragan, metiche, chifletero y vividor, pero la sobrina y el sobrino político fueron vengados por quien menos se pensaba. La Julianita no se casó jamás, vivió para criar al hijo de aquel bandido que por suerte le salió bueno y trabajador, como si uno lo hubiera engendrado y el otro le hubiera puesto el alma en cuerpo ajeno. Eso es todo amigos, eso es todo.


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