El Hijo de la guerra
Este cuento ganó el tercer lugar en el concurso Por un mundo de Paz promovido por Radialistas apasianadas y apasionados.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Hola amigos, como están. Hoy les traigo un cuentecito que sucedió allá en Nicaragua a finales de los años 70. El Hijo de la guerra se llama el cuento. Hoy nos acompaña Doña Luisa Amanda Avendaño como siempre. Nicaragua ha sido un país con mucha mala suerte. Es cierto que somos el país más grande de Centroamérica y que contamos con bellezas naturales que muchos países desearían tener, pero también es cierto que desgraciadamente nos ha tocado padecer mucha hambre y abandono por parte de los políticos que a través de los años han gobernado Nicaragua.

Ustedes saben bien cuantas guerras hemos vivido, ya no hablemos de los terremotos y de los huracanes, por lo menos esos son producto de la naturaleza y no de la maldad de tanto bandido sinvergüenza que ha pasado por el gobierno.Este cuento tiene que ver con la guerra que hubo en Nicaragua después de la muerte del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, hombre tan querido por todos los nicaragüenses.

Pues resulta que al estallar la guerra que los sandinistas le declararon a Somoza Debayle, la vida cambió totalmente para todo el país, y sobre todo para los jóvenes varones quienes prácticamente habían sido obligados a pelear para un bando o para el otro.

Para ese tiempo sucedió que la Cheba, una muchacha campesina que vivía con su mama en una casita en un pueblito chiquitito nicaragüense. La Cheba tenía un su enamorado que se llamaba Agapito, Agapito Fernández, un día Doña Lupe Ordóñez, la mamá de la Cheba le dijo.

(Animales de granja)

Doña Lupe: Ve Chebá, yo te veyo como que estás muy encariñada con ese tal Agapito. Yo sé que estás en edad de merecer y estás en todo tu derecho. El chavalo me cae bien, se ve que es buena gente pero hay un problemita...

Cheba: Qué problema mama?

Doña Lupe: Vos sabés bien que la guardia anda reclutando chavalos para que vayan a pelear contra los sandinistas. Oií, oíi lo que dice la radio...(Se escucha la radio) Oistes? La guerra ya está declarada y si agarran a Agapito de nada te va a servir que te enamorés de el si de fijo lo van a matar.

Cheba: Aaaay mama, no sea pesimista. La Julia Vega se casó hace dos meses y ahí está con el hombre, nadie se lo ha llevado. Ya tan pronto. Ni que fuera el pobre Agapito. Ya tan pronto se lo van a llevar. Ay mi mama si que es pesimista,

Doña Lupe: No mi hija, no es que sea pesimista, pero vos sabés que por aquí pasa mucho los militares. Un día los guardias, otro día los sandinistas. Si es pura zozobra en la que vivimos. No sé cuando va a volver la paz a este pueblo.

Fijate que a los come yuca, los hijos de la Esperanza Tercero, a toditos se los llevaron. Esa mujer está como loca porque se los llevaron y punto, ni siquiera le dicen a donde los tienen. De suerte yo no tengo hijo varón, si nó, ya me hubiera muerto de la desesperación.

Cheba: Y entonces que hago mama? Agapito quiere que nos casamentemos el mes que viene. (Misteriosa se dirije a la madre) Mama, siéntese, que le quiero contar algo.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Al decir esto, Ña Lupe se imaginó lo que la chavala le iba a decir. Y es que en el campo es así. Resulta que la Cheba ya estaba panzona de Agapito Fernández y querían casamentarse antes que se le empezara a ver la panza y el vecindario comenzara a murmurar de la dignidad de la cipota.

Doña Lupe: Que ingrata que sos Chebá, no te pudiste esperar. Si los padres somos los últimos en darnos cuenta de lo que hacen los hijos. Ay si tu papa estuviera vivo, que escándalo el que se hubiera armado.

Dios lo tenga en su santo seno. Mi Felipe era bueno pero arrecho, ese hombre hubiera matado a Agapito. Nosotros las madres comprendemos mejor a las hijas, pero eso no quiere decir que Agapito no haya abusado de mi confianza, (sentencia) dejámelo que venga por aquí, ya va a ver ese rebandido mostrenco, ya va a aver, ya va a a ver.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Pero no crean amigos, Agapito era un muchacho responsable, muy formal y trabajador. Cuesta encontrar hombres así, la mayoría somos bandidoj y mujeriegos. Agapito supo hablarle a la suegra y se la ganó, ni siquiera tuvo que hacer mucho esfuerzo. Era pan comido Doña Lupe. Oigan lo que le dijo a la suegra, oigan...

Agapito: Se lo juro por mi mama que es lo que más quiero en este mundo, me dá mucha vergüenza con usted. No tengo palabras para disculparme. (Suplicante) Perdóneme suegrita, perdóneme y créame que yo a la Cheba la quiero con toda mi alma. Yo la voy a hacer valer y mientras yo viva no le va a faltar nada, se lo juro por le que más quiera suegrita.

Usté conoció a mi mama, usté sabe bien como me criaron a mí, no soy ningún maleante. Lo que pasa es que cuando el amor llega, llega, y yo a esta negrita la quiero pa toda la vida.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y pa luego es tarde, la boda se hizo de una vez, y Agapito se pasó a vivir con la Cheba y con la suegra. De dónde iba a sacar aquél pobre hombre para comprarle una casa a la Cheba. Era el mes de Mayo de 1979, la Guardia de Somoza ya estaba en las montañas enfrentando a los sandinistas. Los sandinistas estaban ganando la guerra. Somoza tenía buen armamento pero los sandinistas, en ese tiempo, contaban con la ayuda del pueblo.

La felicidad de Agapito y la Cheba de pronto se vió interrumpida cuando una noche como a eso de las dos de la mañana. En lo negro de la noche, mientras la montaña dormía plácida y confiada, varios camiones de la guardia se aparecieron por la única calle del pueblo, iban reclutando jóvenes desde 12 años para arriba para ponerlos como carne de cañón en los combates.

La Cheba gritaba como loca y se aferraba al marido para que no se lo llevaran pero fue imposible. Un guardia la garró y la tiró contra el suelo peligrando que perdiera al cipote. Agapito le gritaba que no se opusiera para que no le pasara nada al hijo que llevaba en el vientre, vientre que ya se le empezaba a notar.

A Agapito lo llevaron junto con otros jóvenes del pueblo y de otros pueblitos por les que fueron pasando, llegaron a un campo de entrenamiento militar en donde los trataban como perros y les decían que se olvidaran de sus familias, que ahora su madre, su padre, sus hijos y esposas eran las armas que se les estaban entregando para que combatieran al enemigo.

Cruel realidad de los jóvenes nicaragüenses, ya que los sandinistas por su lado hacían lo mismo por otros lugares que pasaban. La vida de Agapito dejó de ser vida para convertirse en martirio...

Ya en el campo de entrenamiento:

(Entrenamiento militar....clarines...disparos...bombas)

El tiempo iba pasando y en la mente de Agapito estaba presente la imagen se su mujer embarazada. Agapito soñaba con aquél hijo, era un muchacho muy responsable y muy trabajador, ya se los había dicho. Talvéz fue por eso que Doña Lupe no hizo tanto escándalo cuando la Cheba le contó lo del embarazo. Madre e hija sufrían y lloraban juntas.

Cheba: (en llanto) Por qué, por qué, por qué. Si mi Agapito no se mete con nadie. El no tiene nada que ver con política ni con ningún partido de ningún color, por qué, por qué, por qué?

Doña Lupe: Controlate mija, te voy a preparar un te de hojas de naranjuagrio pero calmáte que eso le va a hacer daño la criatura.

Cheba: (Siempre llorando) Pero por qué esos imbéciles no me dicen por lo menos en donde lo tienen para irlo a ver. Pareciera que los desgraciados no tuvieran familia, como que si a ellos los parió el diablo. Le aseguro que a los grandotes, a esos si los dejan que lleguen sus familias a verlos.

Doña Lupe: Si mi reina, si, si, si, pero nada remediamos con llorar. Yo ya fui al comando y me dijeron que están bien, que están en entrenamiento, pero que por razones de seguridad no pueden decir en donde los tienen. Tené fé mija. Si algo le hubiera sucedido ya nos hubieran avisado.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): A como les dije anteriormente, en la cabeza de Agapito estaba fija la imagen de su mujer y de su hijo que iba a nacer. En las noches mientras todos dormían, unos en covachas y otros en hamacas al aire libre bajo los palos de esos bosques nicaragüenses, Agapito pensaba...

Agapito: Como estará la Cheba? Ya debe tener la panza más grande, ya hace mes y medio que me trajeron. Y mi chigüin; será varón o será mujer? Si es varón ojalá que le ponga el nombre de mi papa y si es mujer quiero que se llame como ella, Eusebia Fer-nán-dez Or-dó-ñez, ¡ Jó-dido! Que bonito nombre pa mi chigüina.

¡ Qué torcido yo ¡ Tan pronto estallar esta guerra cuando apenas estoy empezando mi vida de hombre casado. ¡Que vida! yo aquí y mi mujer allá con hijo millo en la panza. ¡Bueno! Pero hay más vida que esperanza, esperemos a ver que pasa. Aunque pensándolo bien yo...

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Agapito tenía una idea muy peligrosa. Pensaba que tarde o temprano se tenía que escapar. El sabía que faltaba mucho para que terminara la guerra y que no lo iban a soltar así porque sí. Entre sus compañeros del pueblo habían otros dos que tenían la misma idea y aunque no podían hablar del asunto, con sus miradas se decían todo.

Agapito y sus compañeros ya habían planeado escaparse. De los otros dos que estaban en el plan, uno era del pueblo y el otro, según el decía, lo habían reclutado en otro pueblo, del que no voy a decir el nombre para evitar problemas.En el rancho de la Cheba el tiempo pasaba de otra manera...

Doña Lupe: Como pasa el tiempo, ya estamos a 5 de Julio. Esa panza ya está grande niñá. Estas segura que cuando me contaste lo de vos con Agapito tenías dos meses?, Uhmmm, quien sabe. Eso fue en Abril, veamos, en Mayo se fue Agapito y ya estamos en julio. Según vos en Mayo tenías dos meses, o seya que agorita tenés cuatro meses. Bueno, según vos, pero esa panza está muy grande. No será que vas a tener gemelos?

Cheba: ¡ Santísima virgen! No me diga eso mama. Imagínese, aquí solo estamos usted y yo; qué hacemos con dos chigüines? Se imagina?

Doña Lupe: Y qué vamos a hacer pués? Chinear uno cada una. (Se ríe con cariño) Quien iba a pensar que después de tantos años yo iba a estar chineando otra vez. Quiéeeen iba a creer.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): En el campamento militar de entrenamiento, Agapito seguía llevando la vida de perro a que lo habían condenado. En sus adentros pensaba que qué tenía que ver el con la guerra. En el pueblo el tenía amigos que como el no tenían nada que ver con lo que estaba pasando. Supo por medio de otros reclutas de su pueblo, chavalos que llevaron después de el, que los sandinistas habían pasado barriendo con los pocos chavalos que se habían logrado esconder de la guardia. Y es que no había escapatoria, o se lo llevaba el uno o se lo llevaba el otro. Ambos bandos necesitaban carne de cañón para protegerse.

Por algunos de los recién llegados de su pueblo, tuvo noticias de la Cheba, y se alegró mucho cuando supo que ya la barriga la tenía bien grande. Esto le reavivó todavía más el deseo de desertar de la guardia.

Agapito: (grillos en la noche) (hablando en vos baja) Bueno muchachós, yo creo que aquí no hay nada mas que hablar, solo hay que tener valor, disposición y esperar el momento para que nos jalemos de esta babosada.

Yo por mi parte soy materia dispuesta. Yo sé que nos pueden descubrir y capturarnos, pero prefiero que me maten antes que caer preso porque si nos agarran y nos echan preso va a ser peor, porque nos van a torturar y de todos modos en después nos van a matar.

Aquí si no es negra tiene que ser blanca, no hay vuelta de hoja. Mientras mas pronto mejor. Ojo con cada uno de los movimientos de estos majes. Tenemos que planearlo todo muy bien.

(Clarines y órdenes militares)

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Los entrenamientos eran brutales, los despertaban a cualquier hora de la noche para que se pusieran en formación y hacer caminatas nocturnas en la selva. A veces los bañaban de agua helada mientras dormían, y de puro gusto estallaban explosivos bien cerca de ellos para ver el grado de respuesta que tenían.

Entonces, a como les contaba, Agapito y sus otros compañeros, cada vez que podían se arriesgaban calladitos a hablar del asunto en un descuido o a la hora de comer. El riesgo era tremendo porque muchos de los que estaban ahí no eran reclutas, eran voluntarios de la guardia que podrían delatarlos por quedar bien con sus superiores. Esto pasa en cualquier parte, los soplones no faltan.

Y un día, cuando ya habían pasado horas y horas de entrenamiento, ese día habían echo muchas lagartijas a medio sol en un polvasal, habían corrido y salatado obstáculos, hasta los habían puesto a luchar entre ellos mismos para practicar la defensa de cuerpo a cuerpo y ya habían demostrado que estaban bien en tiro al blanco, los jefes les dijeron que esa noche iban a tener un premio.

El premio era una vaca que habían matado en el camino los del camión que traiba los abastecimientos para el campamento. Quien sabe quien sería el pobre dueño de la vaca. Para esos tiempo nadie era dueño de nada, todo era de los combatientes de los dos bandos.

Pa no cansarles el cuento, esa tarde hubo carne por primera vez desde que llegaron. Destazaron al animal en muchos pedazos de todo tamaño. Hicieron una gran fogata y ahí colgaron aquellas carnes, unas con hueso, otras de solo carne. Claro, la que era purita carne era para los superiores y los huesos para el que alcanzara porque una vaca tampoco da para tanta gente.

Los dirigentes se pegaron semejante hartada que no quedaron con ganas de despertar a los muchahos esa noche a como lo hacían todas las noches. El resto también estaban muy cansados y todo mundo cayó como piedra. Ese fue un gran error de los oficiales pues era la noche perfecta para escaparse.

Agapito que era cafetero, había llevado una bolsa grande de café en polvo para tomar cuando pudiera tener la oportunidad de preparárselo ya que no se podía hacer lo que uno quisiera sino lo que le permitieran, y lógicamente nunca se permitía nada. Ah pero esa noche, mientras estaban comiendo, Agapito aprovechó para hacerse un buen cafecito y le dio a sus dos compañeros de fuga.

La idea era que no se durmieran, ya que ellos habían calculado que el resto iba a dormir como una boa después de semejante trajín de ejercicios y de la gran comilona. Habían varios soldados haciendo posta a como dicen, pero que vá, esa noche el cansancio era parejo. Otro error de los oficiales, si esa noche el enemigo se hubiera aparecido los matan a todos.Los tres amigos se rejuntaron en medio de la oscuridad para palabriar un rato y planear la fuga.

Agapito: Entonces la cosa está así, esperemos que sean como las dos de la madrugada para estar seguros de que todo mundo está roncando. Vos te vas en dirección a la cascada, pero no te vayas por el caminito porque si nos descubren te siguen por ahí, mejor andate por el palo de ceiba y de ahí agarrás a la derecha hasta el peñón del diablo y ahí nos encontramos.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Agapito ya lo tenía todo bien medido, había estudiado cada paso a seguir, el tiempo, las distancias, las posibilidades en caso de que lo descubrieran, en fin, sus mismos entrenadores lo habían convertido en un estratega militar. Después de decirle al primero lo que tenía que hacer y como lo tenía que hacer, le dijo al otro...

Agapito: Con vos la cosa es diferente, vos te levantas y haces como que vas a la zanja en donde hacemos nuestras necesidades, la que queda del lado contrario de onde va Camilo. Si alguien se despierta y te ve, no importa, haces como si estas pupusiando y ya, mientras se distrae, pero no creo, todo mundo está tumbado. Al llegar a la zanja, primero fijate que nadie te esta viendo, te vas casi arrastrado entre el pochote y las piñuelas, te vas encerrando como en círculo a la derecha hasta que llegués al río. Te cruzas el río, que ni es ancho, por la parte donde se ven siempre las manadas de mono y del otro lado seguí y seguí por la otra orilla del río y te juntas con Camilo. Ya diay seguimos los tres.

Felipe: Y vos, a que horas vas a llegar.

Agapito: Eso dejamelo amí, solo esperemos a que sean las dos y arrancamos. Ustedes preocúpense de que lo que tienen que hacer les salga bien pues es su propia vida la que está en juego. Yo sé mi cuento, hagan lo que tienen que hacer y nos vemos en el peñón del diablo, okay?

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y se hicieron las dos de la mañana, conforme lo acordado, Camilo salió primero, después de camilo salió Felipe, pero como Agapito no se confiaba de nadie, salió antito que sus compañeros sin que estos se dieran cuenta. Claro, ellos creían que el iba a salir de último. Cual fue la sorpresa de aquellos dos, que cuando llegaron al Peñón del diablo ya Agapito estaba esperándolos. Los tres juntos siguieron por la montaña cerrada. Agapito y Felipe iban caminando lo más rápido que podían pero Camilo iba renco y se quedaba, iba quejandose de un dolor en un pié y les dijo a los muchachos...


Camilo: No se detengan por mí, sigan ustedes, yo voy detrás, si nadie nos viene siguiendo...

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Esto no le gustó a Agapito, le pareció muy raro porque la noche anterior en ningún momento lo vió renquear, así que le dijo...

Agapito: Camiló, por qué no te llevamos entre los dos? Vos sos flaco, no pesás nada. Entre Felipe y yo te podemos ayudar para que salgamos de esta babosada, si es que logramos salir.

Camilo: No, no, no, mejor sigan, déjenme, si no puedo seguirlos me regreso, me hago el dormido y yo no sé del asunto, ni los he visto.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): A Agapito no le quedaba duda, aquel muchacho se acobardó y no quiso seguirlos, pero era peligroso dejarlo porque si lo agarraban iban a hacerlo hablar a punta de tortura. Y a como les dije en denante, los soplones no faltan, el tal Camilo era hijo de un coronel de la guardia de Somoza que había sido infiltrado para que se rejuntara con aquellos que viera que planeaban escaparse y se les uniera como si estuviera de acuerdo con ellos. A agapito no le quedó más remedio que continuar con Felipe. Más adelante, cuando ya Camilo no pudiera oirlos, Agapito le dijo a Camilo...

Agapito: Ahora si estamos en problemas, este maje es un soplón. Si querés que salgamos vivo de esta vara corramos que ahorita vienen por nosostros. Ese maje siempre me dio mala espina, ese cuento de la pata mala yo no me lo trago.

Felipe: Por que decis eso agapito?

Agapito: Yo sé lo que te digo, vos y yo somos amigos desde chavalos, crecimos juntos. Ese carajo ni siquiera es del pueblo de nosotros, mejor caminá rápido, que digo caminá, corré para ver si llegamos al rio ancho, si llegamos al agua de ese río nos vamos flotando y ahí si es más difícil que nos agarren. Alijeráte que ya siento el silvido de las balas, dale, dale, corré.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): A esa hora el pánico se apoderó de Felipe y sudaba a mares mientras corría sin volver a ver hacía atrás. Agapito también iba despavorido. Llegar al río grande era la salvada y ya faltaba poco, de pronto se oyeron unas ráfagas de ametralladora y uno por uno los dos chavalos cayeron tendidos en el suelo. Camilo había revelado el plan y desde las doce de la noche 4 soldados salieron a esperarlos ya casi llegando al río y ahí los acribillaron.

La guerra es peor que la peste bubónica, deja mucho dolor, resentimientos y causa grandes pérdidas a los pueblos que la padecen. En la guerra nunca hay ganadores, todo mundo pierde. Pero quiero corregir, si hay ganadores, claro. En este negocio de la guerra los que ganan son los fabricantes de armas, los intermediarios o traficantes de armas, esos son los únicos ganadores.

La noticia le cayó a la Cheba como un balde de plomo hirviendo, casi aborta a la criatura. Parió un varón la Cheba, que no se llamó a como Agapito quería porque la Cheba no lo sabía, pero si repuso el nombre de su padre.

Cheba: (llorando y hablandole a su bebé) (llanto de bebé) Te quedaste sin padre mi amor, nunca lo vas a poder conocer. Pero yo te voy a llevar lejos a donde no exista la guerra para que no tengas que pasar por esto.

Doña Lupe: Calmate mija, calmate, que sabés vos sin darte cuenta si lo que estas chineando va a ser un presidente de la repúbilca...

Cheba: Que presidente ni qué nada, eso no es para los pobres, para nosotros solo sufrimiento..

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Yo quisiera poder decirles más pero ya no hay nada más que decirles. Solo un consejo, traten de mantenerse lejos de aquellas personas que insitan a la guerra, ya vivimos muchas desgracias como para seguir haciendo más guerra. Eso es todo amigos.


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