Situada en el Lago Xolotlán o de Managua
El nacatamal
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La Isla del Amor
En el Lago de Managua (El Nuevo Diario, 01 de Febrero de 2010, Rafael Lara )

Si en algún momento usted pensó abandonar el mundanal ruido y recluirse en una isla solitaria para vivir con tranquilidad, mejor piénselo dos veces, nos aconsejó la pareja que después de habitar por 40 años la llamada “Isla del Amor”, ha tenido suficientes aventuras y dificultades en el Lago de Managua o Xolotlán, como para considerar ésa una vida ideal.

La señora Melba Mendoza, su marido, Francisco Noel Landes, su hijo, Bismarck Landes, además de sus tres perros y media docena de pollitos, conforman la única población de la “Isla del Amor”, zona rodeada de agua con una extensión de aproximadamente 4 y media manzanas, a 6 ó 7 kilómetros del barrio costero Bella Vista, en la zona norte del cerro Los Martínez, al occidente de la capital.

Un palco frente a la historia

Sin luz ni agua potable, su vida transcurre en su pequeña casita construida de desechos metálicos, plásticos y cartón.

Están en la parte más alta de la isla, donde a manera de palco, han visto parte de la reciente historia del país, teniendo en sus pies un sitio arqueológico, colmado de utensilios precolombinos que de vez en cuando surgen luego de que las lluvias lavan la tierra, quedando al descubierto los vestigios de los aborígenes nahuas.

Según Jaime Incer Barquero, en el libro Culturas Indígenas de Nicaragua, los Nahuas poblaron la costa sur del Lago de Managua y era una importante población de unos 40 mil indígenas, por lo que existen evidencias arqueológicas esparcidas a lo largo de la costa.

Para demostrar esto, el señor Landes nos mostró una vasija, una de tantas que dijo haber encontrado.

“Algunas tenían forma de bota alta, otras tenían unas caras. Me quedó sólo una, el resto terminó por ahí y se fregaron con el tiempo. También aquí hay seis cuevas grandes donde antes se encontraban cosas indígena. Lo que pasa es que dicen que este lugar era un cementerio indígena.”, nos comenta él, quien junto a su esposa, nos asegura que ahí los espíritus les han dado tremendos sustos.

Recordando las historias de su abuela y de su mamá, menciona que originalmente, hace más de medio siglo, lo que hoy es una isla, era un cerro, y las vías férreas llegaban hasta ahí, donde el tren se abastecía de agua, gracias al enorme tanque alimentado por un profundo pozo, hoy seco, que penetra unas 40 varas en la tierra.

Cuando bajamos por una ladera nos mostró los cortes en la piedra que en su momento los ferroviarios hicieron, para montar los rieles. De éstos sólo quedan los enormes pernos, necesarios para sostener los rieles, incrustados en las rocas de las orillas de la isla.

Al igual que las vías metálicas que había en las calles de la capital, aquellos rieles de la isla tuvieron la misma suerte: desaparecieron hace décadas, para ser vendidos como chatarra.

De cerro a isla refugio de Somoza

Tiempo después, grabado sólo en la memoria de los habitantes de mayor edad, este trozo de tierra fue separado de la capital por el cambio en el nivel de las aguas del lago Xolotlán, anegando toda la zona y separando lo que antes era un cerro.

Así se convirtió en el refugio ideal del general Anastasio Somoza García, el patriarca de la dinastía, que tenía ahí una casa de verano para fiestas y para descansar con sus “invitadas especiales”, un hermoso paisaje, con la tranquilidad de la naturaleza, donde se sentía seguro por su separación de tierra firme.

“Era un caserón”, recuerda Landes, mencionando que entonces era muy chico, cuando su mamá, de nombre Juana Mercedes, llegó a habitar la isla.

“Recuerdo que era una casa lujosa con un enorme balcón, varios cuartos y largos pasillos. Con el tiempo vino una señora llamada Sofía, alegando que el general Somoza se la había regalado. Así reclamó la casa y la desmanteló, quedando sólo parte de las piedras que separaban los cuartos”, expresó.

De la casa únicamente se observan las bases cortadas, sobre las cuales se comenzaron a montar los cimientos de un proyecto turístico privado, que después suspendió la Empresa Portuaria Nacional, EPN.

Un palco en la historia de Managua


A esta anécdota poco conocida de los hábitos de Somoza García, se unen los grandes eventos que ha sufrido nuestra capital.

“Aquí sentimos el terremoto de 1972 y todo se mecía como si fuera una hamaca. Nos salimos de la casa y se miraban los enormes tumbos que se levantaban en el lago y pasaban golpeando la isla. Luego sólo miramos las llamaradas en los edificios, las grandes columnas de humo y el cielo se miraba amarillento”, recordó.

Landes y su esposa también narraron su aventura de la guerra de 1979, cuando cantidad de gente huía de Managua y comenzaron a refugiarse en la isla para evitar que la Guardia Nacional, GN, los matara en sus operativos de “limpieza”.

“Montón de gente estuvo aquí, hasta una mujer con su hijo recién nacido. A ella le habían pegado un balazo en el pecho y le pasó de lado a lado. No fue grave, pero ella sólo lo podía amamantar con un pecho”.

Los refugiados consideraban que estando en una isla, a varios kilómetros de la costa, era una forma de salvación, pero cuando la GN supo de esto, dirigieron los cañones de sus tanquetas y comenzaron a dispararles.

“Caían los cañonazos y todo el mundo comenzó a refugiarse en las cuevas indígenas de la isla, donde ya no alcanzábamos. Es más, hasta supimos que las avionetas que les decían ‘Push and Pull’, vendrían a dispararnos. Entonces todos estábamos desesperados y nadie salía de las cuevas, pero dichosamente no lo hicieron”, rememoró.

Centro turístico en proyecto

Según Landes, muchos han llegado a platicar con él sobre bonitos proyectos turísticos; que le van a componer su casita y que le regalarán una lancha con motor, pero nunca nada se llegó a materializar.

“Primero vino un señor, Milton Arcia, y después gente de la Empresa Portuaria Nacional, prometiendo cosas, pero hasta el momento la isla sigue igual”, comentó.

A finales de julio del año pasado, el presidente ejecutivo de la EPN, Virgilio Silva, presentó la maqueta del anteproyecto del Complejo de la Isla del Amor, esto detuvo los planes de Arcia, el empresario ometepino que dijo haber arrendado la isla a la Alcaldía de Managua, y pretendía levantar un centro recreativo.

Este último llevó el caso a los juzgados después de que la EPN decidió invertir en el mismo lugar que le había sido arrendado por la Alcaldía de Managua, por lo que estaba en juego la competencia de a quién le correspondía la administración de la isla, propiedad del Estado
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