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"Managua es fea pero la quiero"



Por Eduardo Cruz (La Prensa, 27 de Mayo de 2012)


Roberto Sánchez es masatepino pero ama a Managua. Ha trabajado en el rescate del patrimonio histórico y cultural de la ciudad. Pero también es periodista, escritor, historiador, poeta y sobrino del escritor Sergio Ramírez Mercado. En temas de historia, es un referente para los periodistas.



Algunos recuerdos de la niñez son cuando conoció el aire acondicionado en el teatro González y cuando viajaba en tren de los pueblos a Managua.



:::¿Qué significado tiene que ya no tengamos tren en Nicaragua?

Me parece parte del desastre en que hemos vivido, en que se ha gobernado este país, porque el tren, si es cierto que perdió un poco digamos la importancia que tenía para carga y pasajeros, sobre todo el que venía de Corinto, que antes traía la carga del puerto, hay una cosa cierta y ahora se discute, que si tuviéramos tren no habrían estos grandes problemas de tránsito que hay por ejemplo entre Granada y Managua, porque contando con los rieles del ferrocarril, que también los desmantelaron y los saquearon y los vendieron.



Si tuviéramos un tren rápido, como se acostumbra en muchísimos países, en ese tren podrían viajar dos mil, tres mil personas todos los días a Masaya y Granada expreso y no habría necesidad de que tanta gente venga en sus propios vehículos.



:::¿La desaparición del tren es un símbolo de la mala manera en que se ha gobernado a Nicaragua?

Yo no le llamaría gobernar, eso es desgobierno, porque tenemos la mala costumbre de que como falta un desarrollo institucional muchas veces el gobierno siguiente, para negar las cosas del gobierno anterior, lo que hace es destruir, pero en el caso del ferrocarril, el pobre ferrocarril toda la vida tuvo mala suerte. En tiempos de Somoza las ganancias del ferrocarril, porque daba muchas ganancias, se ocupaban para pagar el ingenio Montelimar de Somoza.



:::Ahora sería muy caro tener otro tren en el país.

Carísimo, porque recordá que hay otro fenómeno. Resulta que la vía del espacio que tenía el tren para poder circular está ocupado, cantidad de personas se han afincado en lo que era el espacio donde el tren corría. Por ejemplo, el tren entraba a Managua por la Carretera Norte, viniendo de Sabana Grande, allí, donde hay ahora una calle pavimentada y está la otra dupla allí pasaba el tren, ahora es un bulevar. La pasada por Sabana Grande era lo más bonito, ya no digamos desde la salida de Managua hasta adelante de Mateare era lindísimo porque ibas a la orilla del lago.



:::¿Y en los pueblos?

El tren de los pueblos, cuando pasabas Catarina mirabas la laguna de Apoyo y era una cosa lindísima. Había un túnel, ahí está todavía, era famosa la pasada del túnel. Para un chavalo pasar por ese túnel era una cosa impactante y cuando pasabas por la laguna a todo el chavalero nos decían que nos pusiéramos del otro lado para que hiciéramos el peso y no se fuera ir el tren a la laguna. Eran cuentos, mentiras, pero a todo el chavalero nos llenaba de emoción.



:::Hábleme de usted, ¿cómo se hizo periodista?

En el año 1969 hay una represión tremenda en Nicaragua en contra de aquellas personas que nos oponíamos al régimen de Somoza. Yo ya había tenido una relación con el Frente en el año 1967, yo había estado preso y había sido torturado y me niegan trabajo en todas partes. Me acuerdo que amanezco sin haber desayunado siquiera y me encuentro en la esquina opuesta al teatro González con Alejandro Romero Monterrey y le digo “Hombré Alejandro invitame a desayunar, no he desayunado”.



Cuando estábamos desayunando, me dice: “Con invitarte a desayunar no te resuelvo tu problema. Vos sabés escribir, te gusta escribir y LA PRENSA va a abrir un semanario que se llama Semana , ya está funcionando. El director es Horacio Ruiz, yo te lo voy a presentar”. Nos fuimos y me contrataron por artículo.



:::¿Y cómo fue trabajar en los últimos años de la dictadura somocista?

Trabajar en LA PRENSA, porque no puedo hablar más que de esa experiencia, era bien exigente. El doctor Chamorro, cada vez que te asignaba una fuente, te exigía que la dominaras, que leyeras, que estudiaras sobre la fuente, de hecho, cada periodista iba haciendo su propia biblioteca. Y luego, mucha seriedad, es decir, el doctor Chamorro nos imprimió un gran sentido de la investigación, investigar a fondo las cosas, respeto a la privacidad de las personas, pero cuando ya esta privacidad trascendía al marco público, teníamos que actuar como periodistas e investigar bastante.



Había mucha discusión, mucha crítica y autocrítica, era un periódico que se hacía con un ejercicio crítico y que se analizaban bien las noticias.



:::¿Qué significaba ser un periodista en ese entonces?

Se respetaba el periodismo. Ahora entiendo yo que hay un término que es “papa frita”. A mí me parece que en ese tiempo la profesión estaba tan definida que no cabía un “papa frita”, inmediatamente se hacía sentir. Aparte de eso, el periodismo era muy respetado por el Gobierno y por los partidos políticos. De hecho, tocar a un periodista era una cosa muy grave. El periodista participaba de todas las actividades sociales y diplomáticas.



:::¿Qué fuentes cubría usted?

Varias. La última fue la oficina de leyes y relaciones de la Guardia Nacional y la Policía, bastante tiempo la cubrí. Nosotros fuimos los que divulgamos algunos seudónimos que se hicieron famosos. Por ejemplo, al coronel y doctor Aquiles Aranda Escobar se le decía “Aquí les miento”, porque sencillamente la mayoría de sus pronunciamientos y comunicados eran ajenos a la verdad. Se llegó al colmo que por ejemplo se sacaba una orden para entrega de un cadáver y en parte del documento decía: “Este señor fue capturado el jueves pasado”. Reconocía que había sido capturado y lo entregaban muerto sin ninguna explicación.



:::¿Y después del triunfo qué hizo?

Con el triunfo de la Revolución, me dice Humberto Ortega, “Hombré, ¿vos estás a cargo de cubrir la Policía?”. “Sí”, le digo yo. Entonces me dice: “Hagamos una cosa, estuve hablando con Daniel (Ortega) y me dijo que vos eras la persona indicada para hacerte cargo de la oficina parecida a leyes y relaciones que vamos a montar en el Ejército”.



Fíjate qué interesante el racionamiento de Humberto y de Daniel, que como yo tenía bastante experiencia en la cobertura de la fuente me hiciera cargo de ese puesto, de esa responsabilidad, me parece interesante.



:::¿Usted tuvo la oportunidad de cubrir el juicio de los que mataron al doctor Chamorro?

No. Yo fui el primero en LA PRENSA que recibió la noticia de la muerte del doctor Chamorro. El doctor

Chamorro tenía la costumbre que cuando él iba a dar una cobertura especial te decía “te voy a dar un encargo”, él usa esa palabra “encargo”. El día 9 (de enero de 1978) me dice, en la tarde, “no salgás mañana que te voy a dar un encargo”.



Al día siguiente no salí, me quedé en el periódico, cuando llamaron comunicando la muerte del doctor, no estaba bien claro cómo había sido sino que me dieron la dirección y entonces yo me vine con el fotógrafo Francisco Chávez, “Chavita”, exactamente de este edificio (antiguo Banco de América) una cuadra abajo, allí quedó el carro del doctor, el carro Saab, y él murió apenas saliendo de aquí, y entonces fui el primero que vino y fui de los primeros que llegaron al hospital (Manolo Morales).



:::¿Qué fue lo que más le llamó la atención de ese caso?

Silvio Peña era de una familia muy conocida del barrio San Sebastián, recordá que LA PRENSA durante muchísimos años había estado en la calle El Triunfo en el barrio San Sebastián y conocíamos bien a los Peña, a Rolando, a todo el mundo. Todo eso fue muy sorprendente y yo creo que si alguien que sabe quiénes fueron los asesinos intelectuales es Silvio Peña, diga lo que diga él yo creo que allí es donde está el eslabón entre los autores materiales y los autores intelectuales. Silvio Peña había llegado tres días antes a LA PRENSA donde Danilo Aguirre queriendo vender una información de la Dirección General de Ingresos, pero LA PRENSA no compraba información.



El otro Silvio, el barbudo, ese era cambista en la acera de LA PRENSA, ese hombre miraba entrar y salir todos los días al doctor Chamorro.



:::¿Y cómo nació el Roberto Sánchez escritor?

Yo estoy convencido de que todo periodista que toma en serio su trabajo deviene en un escritor. Aquí en Nicaragua cantidad de escritores han comenzado como periodistas y normalmente se ejerce como periodista y como escritor.



Si a vos como periodista te dan un tema o se te ocurre proponer un tema digamos por ejemplo el cementerio de San Pedro, y comenzás a hacer un trabajo acucioso investigativo, lo más probable es que termine en un libro.



:::Aparte de la estructura física, ¿qué diferencia hay entre la Managua de antes y la de ahora?

Absoluta, una diferencia absoluta. No solamente física.



:::¿La Managua de antes ya desapareció, esta es otra?

Es que no tiene comparación. La vieja ciudad era compuesta por barrios que tenían diferentes edades, unos más viejos, otros más recientes, pero con algo común: cada barrio tenía su propia característica, su propia identidad. Normalmente cada barrio tenía su cine, su parque, su restaurante, su sorbetería, su billar, su barbería, hasta su chalupa, en fin, una serie de características que lo hacían tener identidad propia y la gente se identificaba y había linderos.



Como las casas estaban todas pegadas unas a otras, había lo que se llamaba vida de vecindario que no existe ahora, todo el mundo se conocía. Se compartían los cumpleaños, los bautizos, los difuntos, se cerraba la calle el día de la vela, no había funerarias. La gente se sentaba en las aceras a “fresquear” decían, a platicar, a “cuechear”, a chismear, a leer el periódico de la tarde, había una vida de mucha relación. Celebraban sus propias fiestas, por ejemplo celebraban la fiesta de San Luis, había hasta barreras de toros. Uno iba a las festividades de cada barrio.



:::¿Le gusta esta Managua?

No, para nada. Primero, la gente no se conoce. Voy a decirte algo con mucha vergüenza y pena, no sé cómo se llaman mis vecinos. Tengo cuatro años de vivir en ese lugar y no sé cómo se llaman los vecinos que tengo a los lados, no sé cómo se llaman. Nunca hemos convivido, nunca hemos compartido nada. Después de eso se acabaron las aceras y ahora están los andenes. Pero hay algo peor todavía, se ha permitido que la gente usurpe los andenes poniendo fritangas, ventas de autolotes, ya el peatón tiene que andar en la calle.



:::¿Cómo se transporta?

A pie muy poco, a pie cuando voy a algún centro comercial, pero a pie aquí no hay dónde andar a pie. Excepto el puerto Salvador Allende, que es muy bonito. Pero aparte de eso (Managua) es una ciudad sin ningún atractivo. A mí no me gusta Managua y es bien triste decirlo, pero es una ciudad que probablemente nunca va a volver a tener centro de ciudad. Eso es bien triste.



:::¿Y los parques de antes?

Los parques eran parte del barrio. Antes uno llegaba en la tarde, como Managua siempre ha sido una ciudad calurosa, llegaba uno a “fresquear” y los niños a andar en bicicleta o patinando. En el parque Central los domingos había conciertos musicales, era muy bonito. Y había hasta un parque infantil aquí en Managua frente al parque Rubén Darío. Ahora la mayoría de los parques están abandonados y son refugios de delincuentes, de basuqueros, pirucas, de drogadictos, de huelepegas, entonces, ¿quién va a querer ir a los parques? Después de eso lamentablemente se ha permitido que en los parques vendan cervezas. A mí me parece que eso es una barbaridad, no puede ser, que abran cantinas si quieren, pero que no hagan de los parques una cantina.



:::¿Cómo se sintió cuando lo nombraron hijo dilecto de Managua?

Muy bien porque sin renunciar a mi nacionalidad masatepina, esta es una ciudad que amo. Yo amo a la ciudad de Managua.



:::¿Aunque no le guste?

Es que son dos cosas. Acordate de un poema de José Coronel Urtecho: “Un poema que decía que mi mujer era fea pero que yo la quería”. Eso es para mí Managua, puede ser fea pero yo la quiero así como es, porque por un lado es la ciudad donde tengo tantos recuerdos, aunque ya no exista, pero se conservan esos recuerdos. Yo amo a esta ciudad y agradecí mucho que me hayan hecho hijo dilecto. El presidente Daniel Ortega también me impuso la orden cultural Rubén Darío por toda la labor de rescate que he hecho aquí en esta ciudad. Uno no anda haciendo las cosas para que le den eso, pero si te lo dan hermano, uno se siente bien.



:::Hace tiempo usted hizo un reportaje sobre la frontera con Costa Rica, ¿qué opina de ese tema?


Hasta ahora, y eso hay que reconocérselo a Daniel Ortega, hay política de frontera. Durante años de años, de años, de años, Nicaragua nunca hizo nada, ni siquiera al lado hondureño tampoco. Vos ves que nuestros compatriotas al lado sur hablan como ticos. En el año 1974, 75, a mí me tocó ir con una comisión de diputados a la frontera, se estaban poniendo los mojones y encontramos una cosa bien triste: al lado de Nicaragua no había escuelas, al lado de Costa Rica sí. Entonces los niños de Nicaragua iban a la escuela a Costa Rica. Cuando trazaron la línea divisoria y los mojones quedaron bien definidos ocurrió una cosa triste: el edificio de la escuela quedó en territorio de Costa Rica y la letrina al lado de Nicaragua, entonces los niños iban a recibir clases a Costa Rica y a defecar a territorio nicaragüense.

 

Huellas de acahualinca

Santiago Apóstol, el patrono olvidaddo de Managua

Lago de Managua

Managua es fea pero la quiero

La vieja Managua

 


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