El Nancital

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Hola amigos, el cuento de hoy se llama El Nancital. En este cuento hoy nos acompaña nuestro querido amigo Eduardo Flores, director del grupo Xolotlán y parte del elenco de los cuentos de mi tierra pinolera. Tambien está con nosotros Karen Retana quien ya ha interpretado varios papeles. Pues les decía que el cuento de hoy se llama El Nancital.

Para los amigos costarricenses, y para muchos nicaragüenses que no lo saben, El Nancital es un grupo de Islas que se encuentran ubicadas en el Gran Lago de Nicaragua, en la parte norte del lago, y le pertenecen a Acoyapa, municipio de Chontales. 22 Islas componen el archipiélago del Nancital. A estas islas llegan por miles las aves a poner su huevos y en la actualidad son muy visitadas por los turistas y especialmente por los ornitólogos, o sea esos científicos que estudian las aves.

Y no solo aves, hay muchos árboles frutales como níspero, aguacate, coco, mango, guanábana, anona, banano, jocote y otros. Ahora llegan mucho esos que les gusta pescar y se llevan sus buenos guapototes y no solo guapotes sino que también hay otras clases de pescados que viven el el mar y hasta camarones y gaspar.

En Acoyapa existe una leyende sobre la forma en que se formaron estas 22 islas. Les aclaro mis hermanos nicaragüenses que es una leyenda y las leyendas son el producto de la imaginación, pero nos encanta oirlas porque igual que a los niños, a los adultos también nos encanta que nos cuenten cuentos. Ramiro y Casimiro, un par de vecinos de Acoyapa, en una noche cualquiera conversaban a la luz de un candil. Oigamos lo que hablaban...

(Fondo de acordeón)(Empieza el dílogo con fondo de animales)

Casimiro: Entonces Ramiró, así que Don Ildefonso es asi como quien dice, medio brujo?

Ramiro : Medio nó, brujo entero es ese viejo rejodido. Ese viejo es malo, ese viejo tiene pacto con el diablo. Que no ves que no trabaja, de donde crees vos que saca tantos riales. Que no le has visto los brazos como los anda todos llenos de pulseras de oro y anillos en todos los dedos?

Casimiro: Si es cierto, pero eso no quiere decir que por eso sea brujo. Para mi que vos le tenés envidia.

Ramiro : Envidia? ahora si que ya la cantiaste. Envidia le puedo tener al maestro de la escuela, al dueño de la quesera o al alcalde que tiene tres mujeres, pero a Don Ildefonso, que le voy a envidiar? El oro no se come, no sirve para curar enfermedades ni nada por el estilo.

Casimiro: Claro que sirve, no te hagás el chancho. Con el oro podés comprar lo que te dé la gana. El oro tiene su valor, podés comprar ganado para criarlo, para sacar leche, carne. Si querés podes tener haciendas, y lo mejor de todo, podes comprar hasta las autoridades que es lo mejor.

Ramiro : ¡ Que barbaridad Casimiró, te oigo y no lo puedo creer. Solo me falta que vos también seas brujo. De que te sirve llevar una vida de rico y vivir el resto de la eternidad en el infierno jodidó? No jooodás, es el colmo de los colmos.

Casimiro: (carcajeandose) No agarrés varas Ramiro, parala, parala. Solo te estoy jodiendo. Diós me ampare de semejante cosa. Nooo hoooombre, como vas a pensar eso de mí? Yo solo te estoy matizando, solo te estoy rebanando la cuajada a como dicen. Qué vá, a mi no cuadra esa moña. Pero de que Don Ildefonso tiene pacto, eso si que no hay duda. Aquí en Acoyapa todo mundo lo sabe. Veé, me extraña que vos no lo supieras.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Don Ildefonso era un hombre adinerado, siempre andaba de leva y con corbata, ropa que contrastaba con la de los pobladores de aquel pueblito que ni siquiera era propiamente en Acoyapa, sino a algunas leguas de lo que hoy es San Ubaldo. El pueblito en realidad era un caserío con casa y cabildo. Humildes casitas de madera. También había una Iglesia de adobes. El caserío era tan pobre que la iglesia tenía campanario pero no tenía campana. Un día Ramiro, palabriando con su mujer le dijo...

(Fondo de animales)

Ramiro : Sebastianá, y onde jodido están los cipotes? Ya hace rato que no los veo. que no ves que me urge que vayan donde la Filomena a comprarme unos guapotes. Hoy tengo antojos de comerme un guapote bien frito con manteca de chancho, y unos tostones de plátano con su ensaladita de repollo con tomates; que te parece?

Sebastiana: Que bárbaro que sos vos Ramiró, ya hiciste que se me hiciera agua la boca. Tenés razón, ya hace rato que no comemos guapotes. Voy a preguntarle a mi mama, ella debe saber donde jodido se metem estos condenados chigüines. (Llama a la mamaá) Mitá, miiiiiiíta.

Doña Justa: Aquí estoooooy, Sebastianáaaa, estoy limpiando la yerbabuenaaaa.

Sebastiana: (Ya cerca de la madre) Mitá, usted mandó a los chavalos a algún lado? Es que Ramiro quiere que le vayan a hacer un mandado pero no los encuentra.

Doña Justa: Y onde más van a estar niñá, pues onde siempre, esos todo el tiempo estan encaramados en el campanario de la iglesia. Como no hay campanas hay se pasan horas y horas jugando. dicen que desde allí se ve bonito todo el pueblito y se ve el lago.

Sebastiana: Qué vagancia de chavalos. Voy a llamarlos para que vayan a comprar el pescado donde la Filomena?

Doña Justa: Pescado decís Sebastianaá?

Sebastiana: Si mita, es que Ramiro se antojó de guapote frito. Que no vé que ese pobre hombre trabaja como las mulas desde antes que amanezca hasta bien tarde. El es negro pero hasta que está más negro de tanto sol que lleva. Yo por eso cuando el me pide algo para comer me gusta hacérselo. Que no ve que ya solo es el moño de pelo y la gana de vivir? Yo no quiero que Ramiro se enferme.

Doña Justa: Que lotería se sacó Ramiro al haberse rejuntado con vos, no es porque seas mi hija, pero mujeres como vos ya casi no se ven. De suerte que te salió bueno el condenado. Las madres sufrimos cuando a las hijas le tocan hombres malos. Fijate que a la Chona López, el hombre la sopapeya a cada rato.

La semana pasada la pobre andaba un ojo que no lo podía ni abrir. Dicen que llegó borracho, y como no la encontró en la casa empezó a patiar a las gallinas y a los chanchos, y cuando la inocente llegó, que venía de lavar ropa del rio, ni le preguntó nada, ay nomás le metió su bojazo en el ojo. Que desgracia que en este pueblo no hay quien defienda a las mujeres, y para peores, la pobrecita es sola, no tiene ni mama ni papa.

Sebastiana: Bueno mita, voy a ir a buscar a los chavalos y ya regreso. Ojalá que el cura de Granada que viene a dar la misa no me ponga quejas de ellos. Que vergüenza con estos mocosos. Y si les pego ya dicen que es que no los quiero. Hasta sin desayunar andan estos bandidos, ay me dejaron los frijoles y el café que les hice en la mañana...

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Se jué la Sebastiana a buscar a los tres chavalos, los encontró jugando en el campanario sin campana de la iglesia. Les dijo que se fueran donde la Filomena y le dijeran que dice su mama que por favor le fíe tres guapotes bien hermosos, que se los paga cuando Ramiro fuera al pueblo a vender una carga de plátanos que tenían. Jacinto, el cipote de en medio le preguntó a la mama...

Jacinto: Mama, nos podemos quedar un ratito nadando y después le traemos los pescados?

Sebastiana: No, no, no, ni se les ocurra, tu papa está con hambre y quiere comer pescado. Más bien apúrense. Ay después si quieren se regresan a nadar pero no se me atrasen en ninguna parte. Ah, y tengan cuidado que no quiero un ahogado.

Jacinto: Bueno, pero después de nadar nos vamos con los otros chavalos del puebo a jugar en la iglesia. Es que vamos a jugar el cero escondido y esconde la faja. A nosotros no nos de pescado, mejor guiso de pipian con crema y tajadas de guineo con frijoles y arroz, oye?

Sebastiana: Ah no, a mi no me esten haciendo trabajar el doble, si hago pescado es para todos. Pescado es lo que hay y pescado van a comer.

Jacinto: Entonces fría los pescados sin la cabeza y haga sopa de cabeza de pescado, si, si ah?

Sebastiana: (Refunfuñando) La misma mona con distinto rabo, de todos modos me van a hacer trabajar el doble. No, mejor les hago el guiso de pipián. Cómo le voy a arrancar la cabeza a los pescados si a tu papa lo que le encanta es ensartarle el dedo en los ojos al pescado para chuparse el juguito. No, nó, yo les hago el guiso de pipian pero vayanse corriendo y volando que el hombre tiene hambre.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y comieron rico pescado frito ese día. La Sebastiana tenía su cocinero de leña con tres hermosos tenamastes y una tapa de barril en la que echaba tortillas. En una esquina de la cocina había una tinaja con agua de pozo que siempre se manteniía bien fresquita, porque el barro de las tinajas mantiene el agua con un sabor que solo el campesino puede disfrutar. Nada parecido al mal sabor que agarra el agua en las refrigeradoras. Estaban comiendo cuando de pronto...

Jacinto: (Tose ahogándose) (Toses de fondo)

Sebastiana: (Escandalizada) Chinto se está ahogando, Diosmiyito mi lindo mi niño se me ahoga...

Doña Justa: (Escandalizada) Ramiro corré, anda traele agua, métanle el dedo para que vomite, se ha de haber tragado una espina, (desesperada) !mi nieto se me muuueeeere.!

Ramiro : Dejámelo que yo lo arreglo...

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Ramiro agarró al chavalo por detrás y le dio un solo apretón en la panza con los brazós. Jacinto tiró un pedazo de guineo que se había tragado sin masticar... El chavalo volvió a la vida y se quedó llorando del susto...

Ramiro : (Bravo) Jodido hombré, que deseperación, comen como si alguien les estuviera quitando la comida. Vale más que no era pescado, sino se hubiera atravezado una espina.

Doña Justa: (Llorando) (Abraza A Su nieto) (Jacinto llora de fondo) Mi ternura, te me ibas a morir y ibas a dejar a tu abuelita solita. Mi tesorito, tené cuidado mi amor. Tomá tu comidita, seguí comiendo pero con cuidadito.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Así transcurría la vida en aquélla casa de gente pobre y trabajadora del campo y en el resto del pueblito, más bien un caserío.En el caserío no había cura, solo dos veces al año llegaba un cura de Granada a oficiar la misa. Cuando el cura llegaba era como una fiesta en el pueblito. La gente humilde siempre le salia al encuentro para llevarle regalitos. Le llevaban gallinas, huevos, cuajadas, pescado sacado del lago, y hasta un chanchito le regalaron un día.

Era la ocación que todo mundo aprovechaba para confesarse, se hacían bautismos y todos los hombres del pueblito se confesaban, los que tenían sus finquitas y los que no tenían nada. El mentado Don Ildefonso vivía en una casa hacienda acompañado de algunos peones y la cocinera. Era un hombre maligno, despiadado. Le prestaba riales a la gente necesitada pero no para ayudarlo sino porque sabía que no le iban a poder pagar y al final se iba a aquedar con lo poco que tenían. El era el único que nunca se confesaba ni asistía a las misas.

La gente le empeñaba una finquita, ganado y hasta las cosechas. Se había enriquecido a costillas de los humildes e inocentes que perdían lo poco que les quedaba. Un día, Don Ildefonso llegó al caserío montado en su hermoso caballo, un caballo negro y musculoso, hasta que brillaba, era un caballo satánico amigos. La gente del pueblito cuando lo miraban se metían a sus casas y no dejaban que los chavalos estuvieran jugando en la calle. Le tenían miedo y hasta cierto punto lo odiaban por lo malo que era.

Era el mes de Marzo de mil noveciantos y algo, era el mes de la Semana Santa y todos en el pueblo esperaban al cura de Granada para que celebrara la misa.

Don Ildefonso se paseó tranquilamente por la única calle del pueblito, que más que una calle era un camino de tierra zurcado por corrientes de agua con jabón que salía de algunos patios en donde lavaban la ropa las mujeres. En algunos lugares habían unos cascarones amarillentos en el camino, unas costras tiesas. Era el agua del maíz nezquisado que tiraban las que echan tortillas.

El Día de Corpus era el día grande. Corpus es el recuerdo del misterio más alto de la Iglesia: el pan y el vino que se hacen el cuerpo de Cristo.
Era un jueves, Jueves de Corpus y la iglesita estaba repleta. Sobre la mesita humilde el ara santa, y sobre ella el cáliz y la hostia que esperan el milagro. Los hombres hablaban en voz baja. Las mujeres, con sus rebozos anchos se cubrían la cabeza y los chavalos como siempre molestando. El cura sale con su casulla blanca hacia el altar, juntas las manos y el pueblo se arrodilla. Es entonces que se oye la voz de un niño:


Jacinto: El amigo del diablo! ¡Ahí está el amigo de diablo!

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Ahí, al fondo, escondido entre las pilas del bautismo, estaba don Ildefonso. El que nunca iba a misa, vivía apartado en su hacienda, se reía de las cosas de Dios y se dedicaba a la hechicería. Que tenía pactos con el diablo era el decir de la gente y ese pacto logró muchas veces que muchos se sanaran de graves enfermedades. Y es que el Diablo es astuto, a veces usa a esta clase de gentes para curar y la gente cree que tienen poderes, pero que vá, es el merito diablo que los usa. El era satánico y el mismo lo decía cuando hacía milagros! El cipote volvió a gritar...

Jacinto:-¡El amigo del diablo! ¡El amigo de Satanás!

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El sacerdote se volteó rápido al oir al cipote y buscó con sus ojos al raro visitante del que había oido hablar tantas veces, pero no había nadie!

Mujer: ¡Padre! Era él. Todos le vimos. Ese es el hechicero que niega a Dios y que bendice al diablo.

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): El cura alzó los brazos hacia el cielo y dijo casi gritando..

Padre: -¡Cristo vive! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera! Fuera Satanás, en la casa de Dios no hay lugar para ti bestia inmunda. En el nombre de Diós te conmino a abandonar este recinto sagarado (Grita) ¡Fuera satanás¡

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Y se oyó entonces un estrépito terrible. Saltaron por los aires el copón y el cáliz, saltó el techo como si fuera de hojarasca, y la gente espantada perdió el sentido. Sólo los cipotes que estaban jugando en el campanario se salvaron. Esta era la primera vez que algo así sucedía dentro de la Iglesia. El clavo fue que nadie lo vió, solo un cipote que no quiso subir a jugar al campanario y que se quedó con la mama en una banca de la iglesia.

Sebastiana: Vea señor cura, nosotros le quisiéramos pedir que por favor usted haga algo para que nos manden un cura que se quede permanente en el Nancital.

(Varias voces afirman lo que dice la mujer)

Padre: Hijos mios, no puedo prometerles nada en firme, pero si les prometo que voy a interceder por ustedes con las autoridades eclesiásticas de Managua y de Roma si fuera preciso, para que envíen un sacerdote a este caserío. En verdad que lo necesitais. El propio Satanás anda suelto y le molesta que se conmemore la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Es por eso que ha hecho esta manifestación diabólica en la casa de Diós. Orad, Orad para que el demonio se vaya de este lugar y confiad en mi que yo voy a mover cielo y tierra para que os envíen un cura.

Campesino: Por lo que usted más quiera padrecito, aquí no queremos nada con el diablo.

Jacinto: (Escandalizado) Yo lo ví, yo lo ví, estaba todo vestido de negro y los ojos eran rojos y le brillaban. Le salía como humo de la boca y de pronto cuando yo grité se desapareció ay nomás. Era igualito a Don Ildefonso el viejo malo de la Hacienda Grande.

Casimiro: Padrecitó, y por que usted no hace un sacrificio y viene como dentro de un mes para que haga otra misa. De seguro que el maligno se va a volver a aparecer y ahí nomás lo atrapamos entre todos.

Padre: Eso no es tan fácil hijo mío, solo Diós puede con el diablo. Pero bueno, voy a ver como hago pero les prometo que el 15 de Abril esteoy en el Nancital llueva, truene o relampaguee.

Doña Justa: (Plegaria) La fuerza del todopoderoso nos ampare, si nosotros no le hacemos mal a nadie, bendito señor, sacá a este deminio de entre nosotros. Nosotros somos tus hijos y no hay poder más grande que el tuyo. Yo ya soy una anciana que pronto me voy a morir, pero yo no quiero que mis nietos vivan con el demonio en este pueblo. Por caridad te lo ruego señor, hace que el maligno se pierda de este lugar...

Casimiro: Qué babosada, pareciera casualidad, pero antes este pueblo era tranquilo, aquí no pasaba nada. Dice mi papa que cuando El Nancital eran solo seis casitas de paja, la vida era tranquila, tranquila. La gente pescaba, se bañaba en el lago o en el rio. O si nó, por aquí abundan los venados, las guardatinajas, el chancho de monte. Comida nunca a faltado. La lluvia siempre ha sido cumplida en Mayo.

Dice mi tata que es más que casualidad que desde que vino el tal Ildefonso a vivir en esa hacienda, todo ha cambiado. Ahora la lluvia se atrasa hasta dos meses y cuando llueve hace más daño que otra cosa pues llueve a lo desgraciado y se inunda el pueblo. Las cosechas se pierden, y no ha vuelto a haber paz en el caserío. que barbaridad, solo Diós nos puede sacar de este embrollo.

Ramiro : Yo no sé vos Casimiró, pero lo que soy yo estoy dispuesto a dar parte de lo que cobre por la cosecha de plátanos para ayudar a que el señor cura vuelva el mes que viene.

Casimiro: Yo también, yo pongo un chancho a la disposición.

Mujer: Mañana mismo voy a Acoyapa a vender 4 gallinas para colaborar yo también.

Jacinto: Yo regalo mi trompo y mi tiradora

Doña Justa: Yo tengo la cadenita que me regaló mi mama, ay la tienen a la orden.


Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Todo el pueblo se comprometió a ayudar para que el curita volviera. El viaje en esos tiempos era largo y difícil desde Granada. Había que costear el viaje a como fuera pues todo mundo estaba hastiado de las maldades de aquel viejo.

Llegó el día tan esperado por todos, el curita llegó un día antes, llegó bien cansado del viaje y todo el pueblo como en las veces anteriores se arremolinó para recibirlo. En la casita cural que estaba a la par de la iglesita, un ranchito de adobe con techo de tejas, ay se quedó a dormir el cura en una tijera de lona. Los habitantes del caserío del Nancital, que quedaba practicamente bien cerquita del lago por donde hoy es San Ubaldo, se reunieron esa noche para ponerse de acuerdo como iban a atrapar al maligno.

Entre los planes estaba que todos iban a llevar a sus cipotes a la iglesia y no los iban a dejar subir al campanario, esto con la idea de que todos estuvieran en la misa. La creencia de la gente era que solo los cipotes podían ver al tal Ildefonso cuando estaba poseido por el diablo. Y así fue, ese día la iglesia estaba como nunca pues ningún chavalo subió a jugar al campanario o se haya quedado en la casa.

La misa empezó y... no habian pasado ni quince minutos cuando otra vez un cipote gritó...

Jacinto: Ay ta otra vez el Diablo... ayta, ay ta..


Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): Todos voltearon a ver y solo se vió una humazón cuando el maligno se desapareció dejando una nube de humo hediondo a azufre...No se sabe como, pero de repente todos los chavalos se volvieron como locos y se fueron corriendo todos juntos y se tiraron al lago como a nadar.

Todos los tatas de los cipotes corrieron asustados detrás de sus hijos y el cura hasta se cayo en la carrera porque se le enredó la sotana con el zapato. Unos hombres del pueblo lo levanataron y le ayudaron a caminar porque quedó renco de la caida. Llegaron a la orilla del lago y vieron al chavalero que como zombie se tiraban al agua a nadar. De pronto, en el puro lago apareció una lancha y en la lancha estaba montado el tal Ildefonso.

Los cipotes al verlo le gritaban...

Cipotes: Don Ildefonso, Don Ildefonso, ahí está Don Ildefonso, ¡El hechicero es el hijo del diablo!

Narra Nacho Pastrán (Moralimpia): De pronto sonó una carcajada como un trueno que se metió en el monte y los cipotes que eran como 26 se quedaron como paralizados. Todo niño de Chontales sabe nadar. Pero ¿cómo nadar contra las poderosas fuerzas del infierno? ¿Qué se hizo el cura? ¿Qué se hizo el pueblo? Los niños comenzaron a nadar, pero la fuerza mágica del diablo los hizo tierra, los hizo polvo, los hizo islas. Desde entonces aparecieron en el Lago las islas de El Nancital. Eso es todo amigós, los esperamos el otro Domingo.



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