Las Huellas de Quezalguaque
Tomado de Laprensa del 28 de Nov de 2010

Por Martha Solano Martínez.- Las lluvias de septiembre fueron las primeras en descubrirlo. Después de un aguacero, los pobladores de Canta Rana, una comunidad de Quezalguaque, notaron que en las tierras de Ramiro Velázquez, a la orilla del sembradillo de ajonjolí, habían aparecido unas huellas de gente.

La noticia recorrió el poblado, llegó a oídos del Alcalde, la Policía y se extendió hasta Managua. Tan pronto como lo supieron, el arqueólogo Bosco Moroney, del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), tomó su equipo y viajó hasta el lugar para ver las “evidencias”.

En efecto, cuando Moroney llegó, logró contar seis huellas humanas sobre una especie de roca que la corriente de lluvia había sacado a luz. Eran seis huellas de pie izquierdo. Aquello le recordaba las huellas encontradas en Acahualinca, a orillas del lago de Managua. “Son parecidas, pero no a la misma profundidad”, comenta.

Las Huellas de Acahualinca, descubiertas en 1874, están a una profundidad de cuatro metros y tienen una antigüedad aproximada de seis mil años. Las de Quezalguaque, en cambio, están a poco más de un metro. Aunque por lógica se presume que datan de un tiempo más reciente, éste podría ser de unos dos mil años.

Pero eso no es todo con lo que se encontró el arqueólogo en su primera visita. En el lugar también había indicios de un entierro, es decir, había huesos humanos semienterrados. Había trozos de barro, pedazos de vasijas desperdigados por la planicie donde las matas de ajonjolí continuaban creciendo. Había trabajo por hacer.

El 13 de octubre, un día después de la celebración del Día de la Hispanidad, los arqueólogos independientes Scarlet Álvarez Gaitán y Mario José Solano se unieron a Moroney, quien trabaja en el Departamento de Prevención contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales de la Nación. Juntos se dieron a la tarea de excavar más la tierra que había aflojado la humedad y así fue saliendo a luz lo que ahora, según las perspectivas de los expertos en el tema, podría ser un pueblo indígena que probablemente quedó sepultado por las cenizas de alguno de los volcanes circundantes y por el tiempo.

Quezalguaque es un municipio de León, ubicado a 106 kilómetros de Managua. Es un pueblo pequeño, sencillo, dedicado sobre todo a la producción de maní, maíz, sorgo y ajonjolí. Sus pobladores son gente amistosa con mucho qué contar.

Para llegar al sitio donde fueron encontradas las primeras huellas, hay que dejar la Carretera Panamericana justo donde está el mojón que marca el kilómetro 106 y seguir la ruta de un cauce que está a la derecha.

Sobre el camino de arena revuelta en estos tiempos de verano, encontramos a Félix Pedro Ramírez, un agricultor que guarda en su memoria aquellos años en los que se encontraban vasijas de barro en los patios de las casas. Para él, el que hayan encontrado huellas en los terrenos de Ramiro Velázquez no es una novedad.

Es más, dice tener la esperanza de que “a lo mejor esas huellas que encontraron son de mis tátara-tátara-tátarabuelos, sentencia de la sangre de nosotros”, dice entre risas el hombre.

“Antes se encontraban ollitas, platitos con tres patitas, jarritos tipo pichel, se encontraban muchas cosas. Una vez mi mamá encontró un león, así, como un aro y encima el león de barro”, recuerda Ramírez.

Según cuenta este productor de maíz y sorgo, encontrar una antigüedad de barro es cosa fácil en esta comunidad de Canta Rana, también conocida por algunos como Santa Rosa. Todo es que pase una fuerte corriente de agua y los restos de barro salen a flote en una zona que tal como indican los lugareños, podría abarcar unas 500 manzanas.

Antes —igual que ahora— quien se encontraba una vasija en buen estado, buscaba cómo sacarle provecho. Don Félix Pedro Ramírez dice que hay gente que llega directamente hasta sus casas a comprar las piezas.

“Esas cosas que nos encontrábamos, las vendíamos. Había un señor que venía, las compraba y se las llevaba a saber a dónde”, comenta.

—¿ Pagaba bien?

—Pues sí. En aquellos tiempos cuando uno ganaba diez pesitos al día, él nos compraba las ollas a 30 pesos. Las pagaba regular.

Para los arqueólogos el descubrimiento de las Huellas de Quezalguaque es apenas el principio de una investigación que podría concluir hasta enero próximo, cuando esperan tener las ideas más claras sobre lo que pudo haber pasado en el momento en que quedaron grabadas esas huellas sobre la toba volcánica.

Ver también:

Las huellas de Acahualinca



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