Podemos agregar que si Augusto Nicolás Sandino era conocido porque su padre don Gregorio Sandino tenía muchos bienes e incluso una venta en su casona frente a la esquina noroccidental de la plaza, la familia de Carlos Sotelo era más que querida, ya que había recibido de generación en generación el encargo de llevar a las tablas “El Mártir del Gólgota”, la “Judea”, y las pastorelas de diciembre, y todos, desde el más viejo hasta el más chiquito, eran artistas consumados.

Lo que rememora don Carlos Sotelo no tiene fecha, pero debió haber ocurrido en los años veinte, cuando las calles de Niquinohomo eran color terracota, cuando buena parte de las casas y chozas estaban encaramadas en promontorios de talpetate y la parroquia —siempre larga, blanca y la misma—parecía dominar todo el poblado desde la pequeña colina donde fue construida.

Este indio, Carlos Sotelo Potosme, de piel de acero bronceado, ojillos de gavilán, requeneto y fuerte como roble añoso, tuvo la suerte de conocer a Sandino cuando éste ya era un hombre de treinta o más años, evento que podría haber pasado con menos peso para su memoria si aquel su coterráneo no se hubiera convertido años después en el arquetipo de los Hombres Libres de Latinoamérica.

SANDINO, COMERCIANTE DE GRANOS

“Yo le quiero platicar esas cosas que ya casi se me olvidan”, dice en un tono grave y confidencial mientras se despoja de su viejo sombrero de cuero y lo oprime con ambas manos sobre el pecho.

“Resulta que yo lo miraba y platicaba con él cuando llegaba a nuestra finca a vender o comprar arroz, maíz y frijoles, cuando decía “Adiós amigó”, al pasar a cobrar y también a otras diligencias. Porque don Gregorio, el papá, era comerciante de granos y le encargaba esos menesteres, y Augusto iba a recibir y a entregar. Augusto traía esos granos en uno dos o tres caballos... Y ya venía con los caballos amarrados de la cola, uno tras otro, y él los venía jalando. Y los caballos “paca, paca, paca” con sendos sacos a ambos lados.

“Él no vestía muy bien, andaba casi siempre con ropa de trabajo. El que era más elegante era Sócrates, porque era estudiado. Usaba saco y chaleco igual que don Gregorio. Pero Augusto era más popular, se paraba en la puerta con los mozos y platicaba con ellos. Y nosotros éramos muchachos y llegábamos ahí a escuchar los chistes de los jóvenes mayores.

“Pero eso sí, en la casa a veces había grandes bailaderas y venían gente de Managua con buenas muchachas y señoras con sus maridos. ¡Qué alegría había allí donde ese don Gregorio! Él viendo todo, don Goyo, muy serio y satisfecho, atendiendo a los invitados.

“Había una vitrola ortofónica, altota, y con ese chunche bailaban. Y nosotros que éramos un montón de muchachos vagos, ahí estábamos parados en la puerta viendo y revueltos con los hombres que se ponían en la puerta a estar platicando y chiliando, y ahí entraba a la plática Augusto. De repente uno de ellos agarraban el vasito de medir el guaro así, y le decían a uno: “Tomá papitó, tomáte un poquito”, y el muchacho que era vago se hartaba el guaro y ahí se picaba. Ahí era el riserío y hacer burlas del chavalo que se picaba. Yo, eso sí, nunca me piqué.

“Y Augusto nos agarraba de la mano y decía: ‘Vamos, pasen adentro para que bailen ustedes, vamos a poner un disco para que bailen’. Pero mentira, los chavalos no bailaban, pero algunos se hartaban el poquito de guaro que les daban”.

En ese tiempo, ¿cómo observaba usted el carácter de Sandino?

“Hummm... No era un hombre que iba a despreciar a sus amigos ni a los chavalos o jóvenes como él... Él era muy serio, se metía a beber yo no sé qué, y ya volvía para afuera para estar chiliando con nosotros, pero nunca él dijo alguna mala expresión ahí junto al muchachero.

“Y después de eso, que siempre fue muy bien mirado por las muchachas, y si ponían las piezas que a él le gustaban, él iba a sacarlas a bailar. Lo mismo hacía Sócrates”.

¿Se notaba una diferencia en el trato que en esa casa recibían Sócrates y Augusto?

“Es que Sócrates era un muchacho estudiado en ese tiempo, y no estuvo con Sandino en la guerra, sino que cuando ya Sandino vino a Nicaragua entonces Sócrates se le unió en sus ideales. Yo recuerdo que en la casa había una gran mesa donde ellos comían juntos con la familia”.

Cuénteme algo de la Margarita Calderón...

“A la Margarita Calderón la conocí, era una señora bastante viejita, yo no lo vi donde don Gregorio. Ella vivía de ahí de esa calle que está allá, para allasito, ahí nomasito estaba la Policía. Era una casa de tablas que era grande y ancha, ahí la conocí viviendo a la Margarita con su familia.

“Augusto nació frente al parque en una casita forrada con palma de coco, era de una señora que se llamaba Justina López. Ella se la alquiló a doña Margarita.

“En cierta ocasión Augusto pudo venir de montaña adentro, y anduvo aquí y ya hubo confianza en Niquinohomo, ya no hubo odio ni nada. Pero es que Augusto no vivió sus últimos años en Niquinohomo, sólo anduvo en el asunto de las montañas”.

¿Cuántos hermanos tuvo Augusto?

“La Margarita tuvo como unos seis hijos, porque hubo como dos varones más después de Augusto. Es que don Gregorio no era marido de ella. Pero Augusto era hijo de don Gregorio. Los otros hijos que tuvo la Margarita son después de Augusto. Las hermanas eran tres, y dos hermanos Fernando y Toño, ‘Toño Loco’, le decían.

Cuando Augusto estaba de unos quince años, por ahí dicen que se encontró con don Gregorio que iba a caballo. Don Gregorio era un hombre muy elegante, vestía de saco, chaleco, leontina de oro, elegante montura. Entonces se le acercó Augusto y le dijo: ‘Don Gregorio, quiero saber una cosa... ¿Usted es mi padre o no es mi padre?’ ‘Sí, hombre, yo soy tu padre. ‘¿Y entonces por qué me deja andar rodando junto con mi madre?’ ‘Sí, hombre, yo te voy a llevar’. Y entonces se lo llevó de concierto, pero no se lo llevó de hijo para mandarlo a estudiar, y así lo estuvo usando, y lo único que hizo fue enseñarle a hacer negocios de compra y venta de granos”.

¿En qué circunstancias se va Sandino de Niquinohomo?

“Sandino se va de Niquinohomo porque le pegó un balazo a Dagoberto Rivas, que era diputado conservador, mandaban los conservadores en ese tiempo. Dagoberto Rivas le vendió unos frijoles podridos. Sandino no tuvo la malicia de registrar los frijoles, los de arriba eran buenos y los de abajo podridos.

“Cuando Augusto llegó a entregar los frijoles a su comprador, vació los sacos y noto los podridos. Sandino sufrió un ‘asareón’. Fue a reclamarle a Dagoberto Rivas, pero éste le dijo: “Lo que es venta es venta, ¿por qué no los registraste antes de irte?” Entonces Augusto le dijo: “Si no me reconocés los frijoles, en cualquier parte te tiro... en la iglesia que estés te tiro”. Y así fue, allá lo fue a tirar a la iglesia, lo llamó afuera, le volvió a reclamar, y como el otro le contestó con malacrianza le dejo ir un balazo. Le pegó en la pierna, y como el herido era diputado, Augusto se fue de aquí. Pero se comunicaba con don Gregorio, y éste le dijo: “Andáte, hijo, lejos, porque ahora el hermano de Dagoberto, que se llama Rigoberto, es juez de Policía. Se tuvo, pues, que ir muy lejos. Él quería regresar porque aquí tenía una novia que se llamaba María Soledad Benavides.

Otra cosa, Augusto no se llamaba Augusto César Sandino, sino Augusto Nicolás Calderón Sandino. La “C” que se ponía quería decir Calderón, por su madre y no por llamarse César’’.

¿Cómo recibieron los niquinohomeños la noticia de su muerte?

“Fue una cosa muy pasiva. Porque Niquinohomo era como pueblo dormido. Además, porque se murió en Managua. No tuvo un alboroto, y es el mismo cuento que estamos contando nosotros, que si usted me cuenta yo me sorprendo. Todo fue en silencio, mataron a Sandino y ya estuvo, ya no está. Porque Somoza había regado la bola de que Augusto era un bandolero, hubo más indignación cuando Somoza le dio el golpe de Estado al doctor Leonardo Argüello. Incluso aquí todavía hay personas que llaman asesino a Augusto porque mataba a los norteamericanos”.

LA PASIÓN POR EL TEATRO

¿Por donde vivía usted en esos tiempos?

“Yo viví aquí a este lado, donde se llama La Hoja Chigüe, en la finca La Poma. Tenía una gran cantidad de originales de teatro que trabajaba en la noche, como le dije aquel día, en Las Crucitas. Trabajé en una finca que tenía mi papá aquí por la carretera, donde se llama Momotombo. Después me casé y ahí me fui a vivir, ahí, a tener a mis hijos. Tuvimos una señora que cuando nosotros salíamos de actuación ella quedaba cuidando.

“Es que yo desde muy niño anduve metido en cuestiones artísticas. Mi papá me sacó de ‘Jesús’ cuando yo era muy chiquito, y a los doce años ya trabajaba en la Judea”.

¿Esa pasión por el teatro fue heredada?

“Mi papá se llamaba Carlos Sotelo García y ya amaba el teatro. Mi abuelo se llamaba Juan Bautista Sotelo y él decía que mi bisabuelo y mi tatarabuelo ya eran artistas.

“Presentábamos la Judea en los días santos, y eso nos quedó a nosotros como herencia. Anoche, por lo menos, estuvo mi tío, y ya nos pusimos de acuerdo sobre los dramas que vamos a poner en la Semana Santa que viene, para que cada quien vaya teniendo y estudiando sus papeles.

“Desde aquellos tiempos lejanos presentamos en alguna ocasión “Malditas sean las mujeres”, “Los siete pares de Francia”, “Cleopatra”, “Don Juan Tenorio”, y muchas obras serias y obras históricas. Yo estaba chavalón, no hombre viejo como ahora, era un muchachote que andaba con mi papá y todos mis hermanos mayores buscando el personal del elenco.

En “El Mártir del Gólgota” mi papá hacía siempre el papel de Singo. Era un hombre bajo, gordo y negro, pero era teatrista y dirigía el teatro, y ahí estábamos todos sus hijos, cada uno con su papel, y estaban ahí sus hijas como miembros del reparto. Las representaciones las hacíamos en las calles, en el parque y en el Cabildo. También usábamos algunos locales que alquilábamos para que los actos fueran más privados. ‘La Judea’ salía a las calles de Niquinohomo y los cuadros de la Pasión se representaban en diferentes esquinas, por ejemplo “La tentación” en tal lugar, “La ultima cena” en otro, “La crucifixión” en otro. Mi familia es una macolla de artistas, no solamente mi abuelo y mi padre fueron artistas, también lo fue “Catucho” mi hermano mayor, o Juan, que acaba de morir, también mis hermanas, La Panchita y la Cheya, que eran además miembros del coro de la iglesia. Una de ellas murió hace poquito, la otra todavía canta”.

NIQUINOHOMO DE FIESTA

El próximo 24 de agosto Niquinohomo estará festejando cuarenta años de haber sido elevada a la categoría de ciudad.

La jornada de festejos durará tres días, el 24 se escuchará una alegre diana y probablemente la Asamblea Nacional sesionará en Niquinohomo a las diez de la mañana.

Por la tarde se verificarán eventos folclóricos, a las tres de la tarde se cantará una misa campal, a las cuatro será el solemne acto central, y por la noche se verá un espectáculo de juegos pirotécnicos.

También se realizará una feria gastronómica y otra de artesanía, y se ha planeado llevar a destacados intelectuales para que diserten sobre esa ciudad.

LOS 40 AÑOS DE UNA CIUDAD

Con la celebración de los cuarenta años de Niquinohomo se pretende que esta ciudad sea declarada Patrimonio Histórico de la Nación, para que pueda recibir los privilegios que la ley le concede. Ente los personajes notables de la ciudad que serán homenajeados, figura nuestro entrevistado, don Carlos Sotelo Potosme, destacado teatrista y folclorista.

La Prensa, 18 de Agosto 2002 Ni

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