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Habla Anastasio Somoza: “Mi Gobierno, Mi Caída, Mi Exilio”
La Prensa, 22 de Julio de 2007

Renee Sallas y Julián Mandriotti Publicado en Revista Gente, Argentina, agosto de 1980

Tiene 54 años, algunos kilos de más, y un ocio que no conoció –según él– en 32 años. El lunes 18 de agosto se cumplió un año de su llegada a Paraguay. Quizá la melancolía, tal vez el acontecimiento, hayan influido para que Anastasio Somoza Debayle quebrara su prolongado silencio con la prensa.

La entrevista fue realizada en su magnífica residencia de las afueras de Asunción y continuó en el yate “Capricho” de un empresario amigo, Ramón Martínez Blanco. Somoza vestía guayabera celeste con su nombre bordado, pantalón beige, zapatos y medias negras, un rolex de oro “president”, y un inusual brillante rodeado de oro, anillo que le regaló su padre en 1946, cuando egresó de la escuela militar West Point.

Es ingeniero hidráulico, tiene cinco hijos, está casado por segunda vez con la nicaragüense Dinorah Sampson, de 36 años, y se maneja con cinco hombres de custodia. Sus autos -dos Mercedes Benz 250, modelo 1978- son conducidos siempre por el que fuera su ministro de Hacienda, el general Samuel Genie.

Hace tres años sufrió un infarto y desde entonces recibe atención cardiológica permanente del médico paraguayo Araoz y del argentino René Favaloro, que voló a Asunción para hacerle un chequeo.

Es un hombre afable, alegre, bromista capaz de sonreír frente a la pregunta más violenta, lo cual hace más difícil detectar en qué grado la situación de su país —y su propia situación personal— lo afecta. A lo largo de dos horas de diálogo no quedó ningún tema sin tratar: desde su enorme fortuna, hasta su fama de dictador. Se defendió como pudo. Ataqué hasta donde me fue posible. Este es el resultado.


Hace algunos años usted dijo: Nicaragua es el único freno que tiene el comunismo en América Latina. ¿Qué pasó, entonces? ¿Por qué ese freno fracasó ahora, y qué culpa o responsabilidades reconoce usted en ese fracaso?

- Bueno, yo diría que los primeros brotes comunistas salieron de Cuba y entraron en Nicaragua bajo la forma de gente entrenada en asaltos, en terrorismo, en quema de establecimientos y en movilización de masa. Todos estos individuos no eran ciudadanos que gozaban de la Constitución de la República, sino que la usaban para sus fines subversivos. Tendríamos que haber puesto a cientos de ellos en las cárceles.


¿Por qué no lo hizo?

- Porque en mi país se respetaba la Constitución.


¿Se arrepiente hoy de no haberlo hecho?

- No, no me arrepiento, porque ésa va a ser la justificación mía para el futuro.

¿No le parece un precio demasiado alto?

- Nuestra Constitución prevé que necesitan pruebas para condenar a alguien. Y esto es a veces muy difícil. Ahora, la gente que había puesto bombas, que asaltó bancos, que asaltó pequeñas tiendas, y que mató gente, estaba, sí, detenida. Y los teníamos condenados por jurados civiles y jurados militares cuando el país estuvo bajo la Ley Marcial, en el año 1972, durante el terremoto. Pero ahora, con esta experiencia, considero que sí, que tendríamos que haber detenido a toda esta gente entrenada en Cuba para subvertir el orden en Nicaragua. Detenerlos hubiera sido una forma de neutralizar una acción.


General Somoza, en agosto o septiembre de 1978, los terroristas tomaron el Palacio Nacional de Managua, con mil quinientos personas dentro. Después de matar a doce de esas personas pidieron la libertad de cincuenta camaradas encarcelados, diez millones de dólares, y la lectura de una proclama marxista-leninista. En ese momento, usted pactó con los terroristas: dejó en libertad a los subversivos y les entregó quinientos mil dólares. ¿Por qué lo hizo? ¿Para perpetuarse en el poder?

- Cuando veinte desesperados toman de rehenes a toda la representación nacional -tanto del partido del gobierno, como de otros partidos- entonces uno tiene que sopesar. Preguntarse: ¿qué vale más, la vida de esas personas o la libertad de gente que ha sido moralmente condenada? Yo opté por resguardar la vida de esas personas.


Su larga experiencia en el poder ¿no le permitió intuir que esos terroristas, en libertad, podrían provocar —como provocaron— muchas más muertes de las que usted trató de evitar?

- No, no lo pensé. Yo en esos momentos estaba en una terrible lucha ideológica. Todavía lo estoy. ¿Me explico? Y sabía que si esas personas se morían en el Palacio Nacional, la gente que estaba tratando de derrocar a mi gobierno iba a mandar a más personas. Además, el asalto al Palacio Nacional no fue el primer asalto que hicieron. En 1974, en el asalto a la casa de José María Castillo, se liberaron setenta y nueve terroristas. Si pudiera volver atrás, ahora haría lo mismo.


¿No piensa que ha sido un funesto error?

- Y bueno, pero también es un error dejar morir a mucha gente inocente.


¿Pero no sentó eso en su país un peligro precedente?

- En política no hay nada fijo. Es una cosa muy dinámica, cambiante, adaptable a las circunstancias. Entonces uno debe ver lo que le conviene más. A mí no me convenía entrar allí con una escuadra y matar a esos terroristas. Iba a correr mucha sangre. Y entonces mucha gente iba a aprovechar para decir: “Somoza mató a mi papá, y a tal diputado, y a tal otro”.


De cualquier manera, usted no está exento de esa acusación después de la guerra civil en Nicaragua y que costó muchísimas más vidas...

- Sí. A mí me acusan de todo. Claro que sí. Pero mi régimen nunca fue un régimen represivo que impidiera que la gente levantara la cabeza. ¿Me explico? La gente era juzgada y condenada. Y el que no era condenado, era puesto en libertad. A usted le sorprenderá que yo tenga estas expresiones pero es que yo no puedo cambiar mi filosofía liberal. Lo que pasa es que mucha gente quiere hacerme aparecer a mí como un gobernante aislado, como un gobernante malo. El historial mío y de mi partido es muy largo dentro de la filosofía liberal. A muchos le podemos enseñar muchas cosas


Señor Somoza, ¿cómo es posible que esa larga experiencia liberal que usted declara, no haya permitido que la oposición heredara el poder en su país y sí en cambio que lo hiciera el marxismo?

- Porque las fuerzas del comunismo se prepararon para tomar el poder e hicieron que sucediera lo que está sucediendo en Nicaragua hoy.


Pero, ¿usted no reconoce ninguna cuota de culpa? En su país existía un movimiento de oposición, el movimiento de los doce, que estaba pensado como una salida pacífica y democrática para Nicaragua. ¿Por qué no aceptó usted?

- Eso se lo voy a contestar por boca de Ramírez, que era uno de los miembros de ese movimiento de los doce: eran una pantalla del Frente Sandinista, y se han burlado de Carter. Carter a mí me mandó unas cartas, exigiéndome que le diera garantía a los doce para hacer política en Nicaragua. Y fíjese, los doce eran una pantalla del sandinismo. No, no, estamos jugando con amateurs. Cómo será que yo les propuse hacer un plebiscito para no ir a la guerra civil, entonces, que no me acusen de las muertes. Yo les propuse el plebiscito.


¿A quién se lo propuso?

- A los delegados de los países interesados en pacificar entre comillas, a Nicaragua y en derrocar a Somoza.


¿Cuáles son esos países?

- Venezuela, Costa Rica, Colombia, Estados Unidos, Panamá, México, Ecuador, Bolivia, República Dominicana. Es decir, toda la tercera socialista. Bueno, esos países no aceptaron, mejor dicho me propusieron lo siguiente: Vamos a traer 3500 extranjeros que van a estar en las mesas, esos extranjeros van a calificar los votos. No va a ser necesario inscribirse para votar y podrán votar todos los nicaragüenses que estén afuera de Nicaragua. Es decir, que proponían una violación total de las leyes electorales y mi partido no lo aceptó, después, más tarde, también dijimos: Bueno, que vengan de las Organización de Estados Americanos a observar, a vigilar este plebiscito. Pero no aceptaron porque ellos querían meter la intervención. Y lo consiguieron: ahora tienen más de tres mil cubanos en Nicaragua.


Señor Somoza ¿usted se definiría como un hombre democrático?

- Totalmente. Lo que pasa es que me cargaron la mano con una serie de mentiras que a cualquier persona con ideario democrático le caerían nefastas. Y empezaron a detestar a los Somoza. ¿Me explico?


¿Me puede dar usted una definición de democracia?

- Cómo no. El pueblo indígena de Nicaragua es verdaderamente democrático. Ellos elijen a sus jefes. Nicaragua siempre ha ido a una elección, entonces, si tomamos que el voto del pueblo es el que hace a los líderes, entonces esa gente es democrática.


¿Para usted una democracia se define sólo por elecciones?

- No. Allí comienza la esencia. Después están las leyes, el cumplimiento de las leyes, ¿verdad? Y luego todas las garantías que se le pueden dar a la ciudadanía. Yo fui y soy un demócrata. Y cada vez que yo decía esto a un izquierdista, pegaban el salto y se reían de lo lindo. Primero, se reían los periodistas. Después, Gabriel García Márquez, el escritor que se atrevió a mandarme un telegrama vulgar porque aprehendimos a una mujer que era prófuga. La verdad es que los gobiernos en Nicaragua fueron electos popularmente, no fueron digamos, el resultado de golpes de Estado. Siempre se tuvo gabinete de civiles, al contrario de lo que ocurre en los gobiernos militares.


No siempre los gobiernos civiles electos son sinónimos de democracia, ni los gobiernos militares, sinónimos de dictadura.

- Yo creo que si un gobierno civil es electo por el pueblo es sinónimo de democracia.


Pero no garantía de democracia.

- No, claro que no. Pero más allá de eso, lo importante es hacerle comprender al ciudadano que la izquierda está muy organizada, enraizada con su fuente que es Moscú. Muchos no quieren darse cuenta de eso.


Al parecer después de gobiernos dictatoriales como el suyo, y de muy larga permanencia en el poder, sobrevienen siempre reacciones extremas, desesperadas, como la que vive hoy en Nicaragua. El ejemplo de Cuba después de Batista, ¿no lo hizo a usted reflexionar?

- Yo le puedo dar a usted una repuesta que va a contradecir todo lo que está diciendo. Las leyes sociales que yo decreté en Nicaragua, ahora las han cancelado. Han confiscado bienes de personas, simplemente porque han sido liberales nacionalistas.


No estamos juzgando a la Nicaragua bajo los sandinistas sino a Nicaragua cuando usted estaba en el poder.

- Sí, sí, claro que el caso de Cuba me hizo pensar. Y, antes de renunciar, yo le advertí a los países amigos de Nicaragua de que Cuba tenía suficientes oficiales y sargentos dentro del movimiento como para apoderarse de Nicaragua. Y todo esto no es consecuencia de un gobierno fuerte, o dictatorial, como usted dice sino que es la lucha que la filosofía marxista está llevando a cabo para dominar el mundo. Sí, sí, se dejan hacer un gol. La situación que hoy está pasando Nicaragua, se la impusieron. Mire, si la OEA no hubiera dado el voto en contra, yo todavía estaría en Nicaragua. El asunto de Nicaragua comenzó cuando el gobierno norteamericano prohibió la exportación de armas a Nicaragua. Muy bien, logramos entonces conseguir armas de otras partes. Y cuando lo conseguimos, el gobierno norteamericano nos prohibió el financiamiento del Fondo Monetario, para que no tuviéramos dólares. Y por último, cuando vio que estábamos resistiendo y que casi teníamos derrotada a la revolución marxista, anduvo por los pasillos de la OEA buscando los 17 votos que hacían falta para intervenir en Nicaragua. Y la OEA, desde hace mucho tiempo, es una institución que está pasando por una seria crisis. Exactamente desde el pacto de Tlatelolco, ya no es una institución donde se defiende los Estados sino que se forman pandillas para atacar a los Estados. La OEA casi está llegando a ser un supergobierno, un superestado. Entonces, a los países independientes, eso no les interesa más. Y nosotros no fuimos los únicos en ser atacados. Mire lo que están haciendo con Bolivia. Le están cayendo encima, como le cayeron a Nicaragua en su momento. Creo que hemos retrocedido doscientos años en las relaciones entre los países.


Sin embargo, su gobierno ha cometido excesos que irritan aún a un severo anticomunista. En primer lugar, el monopolio absoluto del poder. En segundo lugar, el monopolio absoluto de la economía nacional. ¿Cómo explica usted el monopolio de los Somoza sobre la única compañía de aviación, sobre la única línea marítima, sobre la única acería, la única cementera, la propiedad de la mayor de tierras cultivables y la mayor cantidad de cabezas de ganado?

- Le explico con una sola palabra: trabajo.


¿Trabajo?

- Sí, todo eso es consecuencia del trabajo. A nadie se le prohibía que pusiera una cementera. A nadie se le prohibía que pusiera una línea aérea. O una línea marítima. Por ejemplo, cuando yo comencé tenía que competir con las líneas marítimas alemanas, con las americanas, con las griegas. No, todo lo que se ha dicho es una farsa. Además, en las líneas aéreas no estaban sólo los Somoza. También estaba metida la Pan American, estaba metido Howard Hughes, estaba metido otro accionista nicaragüense.


Señor Somoza, usted debe saberlo. Es muy difícil enfrentar y luchar con un competidor que al mismo tiempo es gobierno, que tiene la suma máxima del poder…

- Pregúntele a los ganaderos cuántos aviones charter hicieron traer ellos de Venezuela para llevarse las vaquillas, las vaquillonas que yo autoricé que vendieran. Si yo hubiera sido un monopolista, hubiera dicho: “No. Ese ganado se transporta con LANICA (Líneas Aéreas de Nicaragua) o no se transporta”. ¿Y el sexto ingenio más grande del mundo? A ese no lo mencionan, porque no era de los Somoza. Era de los conservadores. Tampoco se menciona que el Estado tenía el dedo metido para que ese ingenio no quebrara a los otros tres o cuatro ingenios, también privados. Tampoco se menciona que las cervecerías fueron monopolio de los conservadores hasta hace diez años. No se mencionaba el hecho de que una firma norteamericana era la que molía la harina, el trigo. Se ha intentado desprestigiar a los Somoza. Y la verdad es que nosotros manejamos un estado capitalista donde tratábamos que todas las cosas marcharan bien. No le mencionan tampoco que esa cementera comenzó con un molinito pequeño de treinta toneladas al día, hace de esto treinta y ocho años. Mire, la palabra monopolio me da risa. Todo eso se consiguió con trabajo. Y la oposición está ahora pagando caro la prédica que encaró contra los Somoza.


¿Usted se animaría a confesar a cuánto asciende su fortuna?

- Sí, eran veinte millones de dólares hace un año, cuando yo llegué al Paraguay. Y eran cien millones antes de perder lo que había perdido en Nicaragua. Aunque no lo perdí, yo lo voy a recuperar, porque nadie tiene derecho de quitarle a uno lo que ha trabajado honradamente. Los nicaragüenses son testigos de cómo nosotros trabajamos en Nicaragua. Actualmente tengo haciendas, que vienen de mis tatarabuelos, confiscadas. Hace 15 años yo me compré una finca en Costa Rica. El Murciélago, y ahora me expropiaron. Simplemente, porque era mía. Eso fue también bajo presión de los comunistas que están en Costa Rica.


¿Usted nunca miente, nunca mintió?

- No, nunca. A lo mejor, en mi vida privada, puedo haber dicho una que otra mentira blanca. Pero al pueblo siempre le dije la verdad. Siempre fui honrado con el pueblo.


Se lo acusa a usted de haber utilizado su anticomunismo como excusa para monoplizar el poder político y el poder económico. Y, justamente, sus actitudes despóticas y casi feudales contribuyeron al desarrollo de las ideas izquierdista en Nicaragua.¿Qué dice a eso?

- Considero que no hay ninguna persona que tenga educación democrática que ponga en duda mi vocación por las libertades que el comunismo no permite. Yo he promulgado leyes en Nicaragua, para mejorar la situación del pueblo.

Basadas en la libertad. Si eso se llama monopolizar el poder político, le diría que sí, que como partido somos monopolista, como lo es el partido Revolucionario Institucional en México. Ahora, en cuanto al poder y monopolio económico, fíjese usted en las grandes contradicciones que aparecen ahora. Se dijo hasta el cansancio que los Somoza eran dueños del país. Ahora los izquierdistas están diciendo no. Que el setenta por ciento de las propiedades todavía están en manos de la empresa privada. Quiere decir entonces que los Somoza, los liberales, y el ejército, tenían un cuarenta por ciento de Nicaragua. Ahora se destapa la mentira propagandista.


De cualquier manera, suponiendo que ese porcentaje sea cierto, no es un porcentaje despreciable. Vamos a suponer que es cierto lo que usted dice, que el problema era sólo con los Somoza y que Nicaragua no era un feudo...

- Es que eso no se lo acepto yo.


Pero vamos a suponer.

- No, no, ni lo supongo.


Señor Somoza, hay algunas evidencias...

- Eso lo dice usted. Yo no lo acepto por una sencilla razón. Encuéntreme usted un recurso de amparo en Nicaragua que no haya sido contestado por las cortes. Encuéntreme que nosotros hayamos quitado una Corte Suprema. Deme pruebas de todas esas cosas que se dicen. Son todos mitos, clichés. Yo sé la verdad. Y todos lo que andan diciendo por ahí: los Somoza esto y aquello, no saben nada. Le repito, encuéntreme un caso donde hubo una manifiesta injusticia en Nicaragua. Sáquemelo. Han tenido un año para sacar todas estas cosas, ¿y qué es lo que han sacado?


Contra su palabra está la palabra de la oposición, que dice lo contrario...

- Todos los opositores tenían garantías durante mi gobierno. Tenían el cuarenta por ciento del Congreso de la Cámara baja y el Senado. Tenían la tercera parte en todas las Cortes, tenían representación en todos los entes autónomos, tenían asesores en todos los ministerios, que sabían perfectamente del manejo de las cosas. Dígame si ahora ocurre alguna cosa parecida en Nicaragua. Lo que ocurre es que al señor Carlos Andrés Pérez se le ocurrió, se le metió en la cabeza, el Partido Liberal y el Partido Conservador eran tigres de papel. Y a ese señor se le ha permitido inmiscuirse en los derechos soberanos que tiene otro país. Lo que pasa es que Nicaragua es un punto estratégico muy importante. Por ejemplo, hoy es posible hacer un ferrocarril de un extremo a otro de Nicaragua —donde no hay tropas norteamericanas— y utilizar ese ferrocarril o esa carretera para llevar un misil a Cuba o colocarlo en Nicaragua para atacar a los Estados Unidos. U otro país. Yo creo que con el tiempo se van a ir ventilando muchas cosas. Yo creo que después de todas estas experiencias, el pueblo va a reaccionar y me va a dar la razón. Es doloroso que yo lo diga, porque me iba del gobierno en mayo de 1981, es decir, dentro de pocos meses. Pero ellos no quisieron una solución pacífica. Como le dije, no aceptaron un plebiscito. Les dije: si gano, hago un gobierno de conciliación nacional. Si pierdo hago lo mismo y me voy. Más amplio no puede ser un hombre.


¿No vino demasiado tarde su propuesta?

- No, ¿qué va a ser tarde? Nosotros, en plena guerra, hacíamos manifestaciones multitudinarias. Pusimos quinientos cincuenta mil votos en las elecciones municipales, sobre un total de un millón de electores. Y elecciones claras, ¿eh?, limpias.


¿Usted reconoce haber sido un dictador?

- No. Siempre goberné acatando las leyes de la República y la Constitución. Dictadores son los que gobiernan ahora Nicaragua, que tienen diez mil presos, cien mil exiliados, gobiernan sin Constitución y sin leyes, y han confiscado a miles y a miles de nicaragüenses, quitándoles desde un carro hasta sus cuentas de ahorro y haciendas, y han implantado el terror comunista a través de los tenebrosos comités de barrio. Usted sabe, las siglas del Frente Sandinista son: F.S.L.N. (Frente de Liberación Nacional). Ahora la gente pinta esa misma sigla, pero aclara al lado: Favor Somoza Liberar Nicaragua.


¿Y usted lo va a hacer?

- La solución sería que todos acepten sus errores, y que comencemos de nuevo. Porque de otra manera no va a haber paz. Olvídese de la paz en Nicaragua de otra manera. Yo me considero un político pasado de tiempo. He sido presidente dos veces. Y como me criticaron siempre las veces y el tiempo que hemos estado en el poder, pues, bueno, yo no subiré, pero seguro subirá algún candidato de mi partido, el Liberal Nacionalista. Yo ya le he dado a mi país la mayor parte de mi vida, sirviéndole. Tampoco pretendo quedarme ahí como una estatua. No, yo quiero vivir mi vida.


¿Hacer qué, por ejemplo?

- Dedicarme a mis empresas. Dedicarme a mí mismo. He pasado treinta y dos años trabajando para el Estado. Recuperaría cosas que he perdido por esos treinta y dos años. Porque yo he sacrificado a mi familia. Dejé mis gustos culturales. A lo mejor, llegué a viajar dos o tres veces al año a los Estados Unidos, y una vez cada cinco años al Lejano Oriente. Pero nunca viajé a Europa a nutrirme de nuevas ideas, de nuevas filosofías.


Ahora no está en el gobierno ¿Lo puede hacer?

- Todavía las circunstancias no están dadas para que yo ande en eso. Todavía el caso Nicaragua está muy candente entre la opinión de la gente para que yo me ponga a andar en lugares donde tal vez no tenga la seguridad necesaria, mínima. Porque todavía se relaciona a Anastasio Somoza con la hecatombe que ha ocurrido en Nicaragua hoy. Y al comunismo le conviene seguir manteniendo por largo tiempo ese error, esa falsedad.


Señor Somoza, ¿se anima a ser muy, pero muy sincero?

- Sí, claro.


Si usted pudiera volver para atrás algunos años. Digamos cuatro. Digamos seis años. ¿Qué cosas cambiaría? ¿Qué cosas, de su actitud como gobernante, hubiera cambiado?

- Quizá hubiera atrasado un poco la formación de capitales en Nicaragua. Quiero decir, compartir más con el trabajador. Aunque eso trae sufrimientos, ¿no?


¿Qué cosa trae sufrimientos?

- El compartir con el trabajador.


¿A quién le trae sufrimiento, señor Somoza?

- Al trabajador. Porque entonces ellos son víctimas de la sociedad de consumo. Entonces, el dinero que debería usarse para hacer capital y trabajo perenne se lo da usted al trabajador, y él cae presa de esa sociedad de consumo, y el capital se va fuera del país.


Señor Somoza, no creo que me esté hablando en serio. ¿No pensó que la gente puede aspirar cada día a vivir mejor? ¿A elevar su standard de vida?

- El trabajador cree que tiene más. Pero no hay mayor fortuna que el trabajo perenne y el saber también que el día de mañana su hijo va a tener trabajo también. ¿Me explicó?


¿Usted cree que las dos cosas son incompatibles?

- No, no lo creo que sean incompatibles. Yo creo que los pueblos tienen sus momentos. ¿Cómo cree usted que Cuba va a aceptar que Nicaragua tuviera un ingreso per cápita más alto que ellos? Sobre todo, siendo Nicaragua una sociedad de libertad. Porque Nicaragua tenía 930 dólares de entrada per cápita y Cuba estaba en los 600 dólares. Además, en Nicaragua no había colas para comprar el arroz, ni el pan, ni el azúcar. Ahora sí, ahora los nicaragüenses tienen que hacer largas colas para conseguir sus cosas básicas. Bueno, como le digo los términos de capital, de creación de capital, son unas cosas necesarias como el agua, y es lo único que cambiaría yo. Porque el resto de las condiciones las tenía el pueblo de Nicaragua: libertad de prensa, libertad de radio, libertad de locomoción, libertad de contratación, libertad de criticar, de asociación, de viajar fuera del país.


¿Usted alguna vez se sintió un hombre predestinado?

- No. ¿Usted cree que yo hubiera podido mantener esta plática tan amena con usted después de algunas de sus preguntas chocantes si me hubiera sentido un predestinado? No, no, le aseguro que hubiera perdido la dulzura.


¿Tampoco se sintió omnipotente? Porque usted dijo: los del Frente Sandinista son 2 mil locos sueltos sin ningún apoyo popular. ¿No fue esto subestimar al enemigo, sin tener conciencia del valor de sus fuerzas, de su peligrosidad?

- Yo nunca dije eso. Eso es un invento. Déjeme explicarle. Los nicaragüenses tradicionalmente hemos sido pronorteamericanos. Y cuando los norteamericanos se lanzaron contra mi gobierno, los capitalistas, los burgueses, dijeron: hay que echar a Somoza. Y pensaron utilizar a los sandinistas como punta de lanza. Ahora los sandinistas los tienen cruzados a ellos, a los ricos. Los sandinistas no tenían gran repercusión popular. Ocurrió que cuando Carter se opuso claramente a mí, la gente se volcó del lado del que creían que iba a ganar. En Nicaragua había doscientos cincuenta mil propietarios de tierras. O sea, un millón y pico de familiares sobre un total de dos millones trescientos mil habitantes. Quiere decir que mucha gente paupérrima no existía. Hoy en cambio esa gente pobre existe en mi país. Mire, lo que han hecho con Nicaragua es una barbaridad. Muchos se juntaron para derrocar un régimen que fue electo popularmente en elecciones observadas por la OEA, para dejar un monstruo que no sabemos qué es. Donde la injusticia vive todos los días.


General Somoza, ¿usted se definió una vez como un liberal de izquierda, y en lo económico, un justicialista. ¿Me puede explicar ambos conceptos?

- Bueno, lo de justicialista tiene algo que ver con el movimiento de su país. Quiero decir, el modelo de Perón de darle participación al obrero. ¿Verdad? En el sentido de darle más al obrero. Yo estuve en la Argentina en 1950.


¿Y cómo es, señor Somoza, el liberalismo de izquierda?

- Un liberalismo que se adapta a los tiempos. Un liberal de izquierda es un liberal que cree que cierta infraestructura en la nación debe estar en manos del Estado.


¿Qué infraestructuras?

Ferrocarriles, muelles, telecomunicaciones, correos, teléfonos, energía, los bancos de desarrollo. En Nicaragua, claro, habían bancos privados. Y hoy –esa es otra injusticia- todos los bancos nicaragüenses están nacionalizados y todos los bancos extranjeros trabajan como capital privado. No, si estos señores no se llevaban las palmas, ¿eh? Y hay también, por supuesto, violencia manifiesta. La televisión ya no está en manos privadas. Las radios tampoco. Pero espere, espere y va a ver usted lo que va a suceder en Nicaragua, porque esos muchachos tontos del Frente creen que conocen al pueblo. Y no, el pueblo de Nicaragua es algo muy especial, es un pueblo que ni siquiera los españoles pudieron domar. Hasta que no les agarraron todas las mujeres y las encerraron en un corral, el indio no se rindió, este es un pueblo distinto al pueblo cubano. ¿Eh?


¿Considera usted que el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro fue de alguna manera el comienzo del fin?

- Bueno, alguna influencia tuvo. Ya desde chicos, yo era adversario del pobre Joaquín. Cuando teníamos 8 ó 9 años, su padre –que ya era dueño de ese periódico- atacaba al mío. Entonces nos peleábamos en el colegio.


¿Y después cuando ya eran más grandes?

- Bueno, él un día se fue a México porque sacó unos impresos de carácter vulgar sobre mi familia. Entonces mi tío lo amenazó. Y como su papá conocía a mi padre, arregló para que se fuera a México. Estuvo en México, luego regresó, fue director de LA PRENSA, se metió en tres intentonas de revolución. Las tres veces lo capturamos, lo juzgamos y se encarceló hasta el día que lo mataron.


¿Quién lo mató?

- Últimamente él se había puesto insoportable, porque había un banco de plasmaféresis en Nicaragua, que lo manejaba un cubano. Dos cubanos. Entonces Chamorro empezó a atacarlos y les dijo ladrones en el periódico. Este banco exportaba plasma. Pedro Ramos era el dueño. Un día Pedro Ramos contrató un muchacho, Peña, para que a su vez Peña contratara a los asesinos. La primera vez fallaron, porque al enterarse los asesinos de a quién tenían que matar, se asustaron y huyeron. El segundo intento tuvo éxito. A Peña se le capturó horas después del asesinato, hubo gente que identificó el carro, y él confesó que Ramos le había dado la plata para que lo hiciera.


¿Por qué le atribuyeron a usted la muerte?

- Cuando una persona tan prominente en la política y en la prensa internacional es asesinada, eso trae repercusiones negativas para un gobierno. Se aprovechó el sepelio para quemar bancos, para quemar comercios. Y la familia dijo que nosotros lo habíamos mandado a matar.


¿Cómo explica usted la participación de Violeta Chamorro, de extracción conservadora, en una Junta de sandinistas?

- Bueno, es que LA PRENSA tenía 137 oficinas en Nicaragua en todos los municipios, y Pedro Joaquín utilizaba esas oficinas para hacer oposición y para hacer proselitismo. Así que LA PRENSA tenía una fuerza política muy importante que aportar. Los sandinistas lo sabían. Ella fue usada.


General Somoza, ¿usted duerme bien?

- Sí. ¿Y usted?


A veces. Y eso que nunca fui presidente

- Mire, ¿cómo voy a tener remordimientos, cuando los que hoy han convertido a mi país en cárcel, pertenecen a una organización internacional? Póngase en ese plano.


Entre el poder y la fortuna, ¿con qué se queda usted?

- Bueno, considero que el poder es una cosa muy fugaz. ¿Verdad? En cambio la fortuna es más permanente. Entonces, cómo tengo que velar por los que me siguen a mí, mis hijos, tengo que elegir lo que es mejor para ellos.


¿Usted cree en el juicio de la historia?

- Sí. Inexorablemente.


¿Cree que saldrá absuelto?

- Sí.


¿Qué contará en sus memorias?

- Cómo son las fuerzas que suficientemente maniobraban para acabar con un régimen e implantar el comunismo. Nombraré a la gente con nombre y apellido. El libro saldrá en dos meses. Aún no tiene título. Primero lo vamos a publicar en inglés, que es el idioma que yo manejo mejor que el español. No se olvide que toda mi formación formal fue en inglés y que hice tres años en West Point. Sí, en el libro diré todo. Diré que antes de la conspiración habíamos mantenido durante 23 años nuestra moneda a 7 córdobas por dólar y que ahora está a 20 por 1. Diré que nosotros teníamos 18 mil hombres bajo las armas, y los terroristas tenían 15 mil.


¿Usted admiró a algún político, a algún estadista?

- Sí, a Roosevelt. Por su sensibilidad social.


¿Usted es feliz?

- Bueno, dentro de las circunstancias en que vivo, sí. Porque me siento acogido aquí y en el Paraguay por el presidente Stroessner, por miembros de su gobierno y por la amistad del pueblo paraguayo.


¿Qué le falta?

(Carcajadas). Muchas cosas.


Una.

- Le voy a contestar como político: la libertad del pueblo de Nicaragua.

 

 

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