La confesión de El Chigüín


Xiomara Chamorro

Anastasio Somoza Portocarrero, hijo del exdictador Somoza Debayle, quitó el cerrojo a 21 años de silencio.


Por primera vez desde el derrocamiento de la dictadura de su familia, Anastasio Somoza Portocarrero, El Chig,ín, decidió poner abajo su silencio de dos décadas y aceptó, tras varios meses de gestiones, una entrevista del periódico nicarag,ense La Prensa.

Para tal efecto, la periodista Xiomara Chamorro, editora de la sección política del periódico, viajó a la capital de Guatemala, donde vive desde hace 15 años el hijo de Anastasio Somoza Debayle. Visiblemente desconfiado, advirtió que no hablaría ni en su casa ni en su oficina, y él mismo eligió el sitio de la conversación. El 25 de julio, fecha del encuentro que se prolongó durante 12 horas, llegó al lugar convenido sin escolta ni chofer.

La Prensa publicó la extensa entrevista en cinco entregas, a lo largo de una semana. Hoy, la Revista Dominical de La Nación reproduce algunos extractos en los que el otrora teniente coronel, comandante de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), habló de sus temores, arrepentimientos, verg,enzas, amarguras y anhelos.

No todo fue repasarse y revelarse. El Chig,ín optó por el silencio o las respuestas esquivas en más de una ocasión, aceptó a regañadientes que le hicieran algunas fotografías y dijo que por nada del mundo permitiría que la cámara captara escenas de su vida privada, su esposa o sus hijos.

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Se parece asombrosamente a su abuelo Anastasio Somoza García. Es como si la foto del fundador de una de las dictaduras más conocidas de América Latina cobrara vida para referirse a esta página de la historia nicarag,ense.

Anastasio Somoza Portocarrero, El Chig,ín, tiene un acento profundamente nica, como si los 21 años de exilio no lo hubieran separado nunca de una tierra que lo expulsó y a la que quizá nunca regrese.

Calvo, alto y pasado de peso, aún conserva el porte esculpido tras una esmerada educación en Harvard y en la Real Academia Militar en Londres. A sus 49 años, pareciera querer protegerse del recuerdo de aquel joven teniente coronel, comandante de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), al que termina justificando, regañando, disculpando, censurando.

Su padre, el general Anastasio Somoza Debayle, lo "enganchó" un día en la Guardia Nacional, le entregó un batallón a los 26 años y lo atrajo en su absurda jornada contra todo un pueblo, hasta convertirse en otro símbolo de la dictadura.

Sin embargo, a pesar de los íntimos reproches que pudiera tener para su padre, lo recuerda con el amor y la admiración de cualquier hijo y asegura que no descansará hasta saber quién lo mandó a matar a Paraguay.

El Chig,ín (nombre con que se llama popularmente a los niños mimados en Nicaragua) vive su propia dicotomía, dividido entre un pasado que lo señala y un futuro al que aspira con serenidad, sin el peso de añejos rencores contra el Frente Sandinista.


–Debido al interés de su padre por sus estudios militares, los nicarag,enses siempre dedujeron que él tenía claras intenciones de hacerlo su sucesor.

–El general Somoza no tenía el menor interés en armar una sucesión porque él era consciente de los tiempos que estaba viviendo. Él no hacía las cosas familiares planeadas. De haber sido así, me hubiera forzado a ir a West Point y no a Harvard, como escogí yo. Más bien nos amonestaba a todos y nos decía que cuando se retirara en 1981 ninguno de nosotros iba a estar en edad de meterse en política, porque en el 81 yo hubiera tenido 30 años y la Constitución decía que se necesitaban 40 años de edad. Además, ningún miembro de la familia quería involucrarse en política.


– ¿Cómo se organiza la EEBI y quién fue su estratega?

– Lo de la EEBI viene de que me gradúo de Estado Mayor y regreso a Nicaragua. En 1977, el jefe de la misión militar de Estados Unidos se aparece un día y le dice al general (Somoza Debayle, su padre) que por qué no me nombra comandante de la escuela que había existido desde los años 40, a la que al principio le llamaban "La Pelona". El general consultó con su gente y después me dicen: 'Vas como comandante de la EEBI; eso entonces era como que lo mandaran a uno a la disciplinaria porque había que entrenar reclutas'.

"Entonces le pedí un favor: 'Si me va a mandar a ese lugar, déme la oportunidad de escoger a mi oficial ejecutivo, y me busqué a un joven brillante, graduado de las mejores escuelas de infantería, cuya mayor ambición era ir a estudiar a Lovaina en Bélgica. Era el capitán Justiniano Pérez con 120 soldados. Así comenzamos a tratar de montar una escuela de infantería al estilo que habíamos vivido tanto Pérez como yo en Estados Unidos".


– ¿Cuál era el concepto, la filosofía de la EEBI?

–Tratar de crear un soldado profesional, apegado a la ley, respetuoso de los civiles y, ante todo, que sirviera de germen dentro de la Guardia Nacional para inyectarle sangre nueva a la institución.


–Pero ¿no es una traición a sus propios propósitos como comandante de la EEBI el haber establecido una guía de carácter como aquella en la que un oficial gritaba frente a la tropa: ¿Qué debe hacer un soldado? "¡Matar, matar!". ¿Qué son ustedes? "¿Soldados!". ¿Qué son realmente? "¡Tigres!". ¿Qué comen los tigres? "¡Sangre roja!". ¿La sangre de quién? "¡Del pueblo!" ?


–Que ¿qué?, ¿Quién decía eso?


– La EEBI.

–¿Según quién?


–Según Mike Echanis, quien lo confirmó en un artículo en la revista Soldiers Fortune. Además, yo vivía a cuadra y media del Hospital Militar y a veces desde la calle podía escucharse el entrenamiento.

–Le voy a explicar: Yo no traje a Mike Echanis, nos lo metieron los americanos. Cuando aparece en Nicaragua, me mandan a llamar a mí y me lo presentan diciéndome que va a asistirme en el entrenamiento. Los oficiales se disgustaron y decían que para qué necesitábamos a este. Pero teníamos la orden de mantenerlo con nosotros, así que llegamos al compromiso de aceptarlo pero sin meterlo en el entrenamiento general. Más bien decidimos que se dedicara a un entrenamiento tipo swat team, con un grupo más pequeño.

"Aparte de creer que estaba en Vietnam, Echanis era un tipo entrenado para el Delta Force de Estados Unidos y estaba de baja en ese ejército. Sin embargo, mantenía contacto con el Delta Force y pasó tremenda cantidad de información que el gobierno de Estados Unidos no quería darnos. Y mientras Jimmy Carter estaba haciéndose el que sí y el que no, nosotros estábamos recibiendo información. Sin embargo, no le creíamos mucho. La Guardia Nacional era tan apegada al ejército norteamericano, que pensaba que el que estaba de baja de ese ejército no podía ser bueno.

"Echanis nos contó que el que estaba dirigiendo toda la operación logística de los sandinistas era Manuel Piñeiro, Barba Roja, incluso nos dijo dónde estaba y dónde lo podíamos capturar en Costa Rica, pero no le creímos".


–Entonces, a pesar de los buenos propósitos, la EEBI terminó siendo lo contrario.

–La imagen de la pobre escuela terminó siendo la del diablo.


–¿Qué pasó cuando los sandinistas se toman el Palacio?

–Comencemos por el comienzo. Hugo Torres y Dora María Téllez se toman el Palacio con Edén Pastora de frente. Quienes daban las órdenes eran Dora María Téllez y Hugo Torres, a Edén Pastora lo usaron de muñeco de trapo porque tenía cara de burgués católico, pero las órdenes las daban ellos dos. Cuando ellos entraban por una puerta, la unidad que había sido entrenada por oficiales de la Guardia con la asesoría de Echanis, iba pasando por la otra puerta, camino al polígono de Portezuelo. Al oír los tiros, se bajan de los camiones y se meten al segundo piso del Palacio. Del otro lado había 45 soldados altamente entrenados poniéndose la máscara de gas para entrarle a plomo al grupo de Torres y Téllez, que habían tomado la sala del Congreso.

"Entonces, siendo parte de una fuerza muy disciplinada, y estando listos para entrar, pidieron permiso y el general Somoza les dijo que no. Mi reacción fue: '¿Cómo?'. 'No, bájense de ahí y replieguen sus camiones', confirmó el general. Los oficiales y los soldados estaban que pataleaban porque se habían entrenado para ese tipo de situación y no los dejaban actuar.

"Después uno reflexiona. En las grandes cosas, es mejor la experiencia y el general sabía que había más de 3.000 personas en ese Palacio. Me tocó calmar a los muchachos y explicarles la razón de ese 'no'. Echanis se volvió loco, pasó como seis horas viendo cómo asaltaba el Palacio".

"Nunca maté a nadie"


El peso histórico de haber sido, junto a su padre (Anastasio Somoza Debayle) y a su tío (José Somoza), el que tomaba las decisiones en la Guardia Nacional, tiene para Somoza Portocarrero una explicación meramente militar.

Tras acusar al Partido Liberal Nacionalista de haberlos conducido políticamente hasta la situación militar que enfrentó el régimen, El Chig,ín reconoció que su estrategia militar fracasó. Sin embargo, muchas veces durante la entrevista minimizó los efectos devastadores de los ataques a la población civil.


–La imagen que guarda Nicaragua de usted es la de un oficial bastante arrogante. La oposición lo miraba como un niño impulsivo, afecto a los desplantes, a quien le gustaba atemorizar a la gente.

–Si yo hago memoria, nunca me recuerdo impulsivo. Era difícil ser impulsivo en una situación como la que teníamos, aparte de que soy tímido. Si alguna vez intimidé a alguien, no fue a propósito.


–¿Qué pasó en la insurrección? ¿Cuál fue su experiencia?

(La respuesta está antecedida por muchas evasivas y anécdotas que intentan cambiar de tema).

–Si le preguntan a mis hijos, ellos van a decir: '¿Mi papá causarle miedo a alguien, ese pobre viejito?' De hecho, mis hijos viven furiosos porque nunca hablo de Nicaragua. Nunca les he mostrado fotos, nada.

"Pero, bueno, a mí me tocó una situación bastante compleja. Después de lo del Palacio vino lo de setiembre de 1978.


– ¿No quiere confrontar a sus hijos con esa parte de usted mismo?

--No es cosa de confrontar. Lo que pasa es que toda persona que ha estado involucrado en cierto grado de vida pública y, sobre todo, en un cuerpo armado disciplinado, tiende a distinguir siempre el 'quién soy yo' versus el 'oficial que representa'. Cuando salí de Nicaragua, pasé un año sin hablarle al general Somoza, lo dejé sano y seguro en un lugar y me fui. Lo hice porque consideré que el general tenía demasiada influencia sobre mí y yo necesitaba agarrar mis nortes personales.


–Entonces, ¿qué opinión se han formado sus hijos de ese pasaje de la historia nicarag,ense?

–Con mis hijos no hablo del pasado porque creo que ellos conocen la historia de la familia, trato de ser neutral y les digo que lean la Enciclopedia Británica. Antes, cuando en el colegio salía el tema de la Revolución en Nicaragua, tenía que explicar el cómo, el cuándo y el porqué, pero ahora solo les saco una copia de una declaración que dio el cardenal Obando: Yo no digo nada, solo lean lo que dice su Eminencia sobre el resultado de los años de la Revolución, porque yo respeto mucho al sandinista convencido.

"Hay personas como Carlos Fonseca Amador que se merece el respeto de todo el mundo, fue un gran nacionalista, un hombre que luchó por sus ideales con gallardía".


–Ya sé que esto no lo habla ni con sus hijos, pero cuénteme, ¿qué pasó en la insurrección?

–Perdón por tanta vuelta, no es por esquivar la pregunta. La parte militar comenzó con el asalto a los cuarteles de San Carlos, con la emboscada en la carretera a Masaya. Yo estaba en Washington cuando pasó eso y de inmediato regresé a Managua.

"Teníamos unos 180 soldados que se estaban entrenando y habíamos logrado que nos prestaran unas lanchas de desembarco como de la Segunda Guerra Mundial. Queríamos entrenar en todo, hasta en desembarco.

"Pues nos tocó la noche en que estos jóvenes sandinistas vinieron desde Costa Rica por el río Frío para meterse en San Carlos. Estos soldados iban en dos barcazas a 'asaltar' San Carlos con balas de fogueo, cuando entran los sandinistas a meterle plomo a aquel cuartel de madera. Mientras todo el mundo pensaba cómo reforzar San Carlos, el oficial ejecutivo de la EEBI oye todo este tráfico de radio y le avisa calladito al cuartel general en Managua: 'Yo tengo 120 soldados aquí'. '¡Que ¿qué!?', le dijeron. Le botaron municiones desde un helicóptero a la barcaza, cayeron las barcazas y entraron los 120 soldados a San Carlos. Los sandinistas no esperaban esa reacción, el susto que se llevaron fue enorme y salieron en retirada por el río Frío para Costa Rica. Esa fue la primera intervención de la EEBI como EEBI. Salimos de ahí de vuelta a Managua y no tuvimos nada que ver hasta 1978 que ya comenzamos a graduar las compañías de gentes, unos 800 entre todos."


–¿Usted participó alguna vez en algún combate o refriega? ¿Disparó?

–No, yo estaba en la cadena de mandos en una posición tal que no pude ni tuve la ocasión de disparar contra nadie. Nunca en mi vida le disparé a ningún ser humano en toda la Revolución porque no hubo necesidad, nunca hubo un ataque contra mi persona.


–¿Alguna vez, después de los combates, particularmente cuando eran bombardeados los barrios orientales de Managua, visitó usted esos sitios?

–Primero que todo, aclaremos un punto: eso de 'bombardeos' suena como a 40 aviones botando bombas por todos lados.


–¿Y qué eran?

–¿Los push and pull con esos rocketcitos chiquitos?. Deben haber sonado como bombas enormes, pero eran rockets de señales. Lo que sí se usó mucho fue fusil sin retroceso que es un tipo de bazuka, así lanzagranadas; pero bombardeo de avión, no.


–¿Hubo algún momento en que el gobierno –la Guardia– comprendiera que se estaba enfrentando a algo más que a la complicidad de los ticos; que había un movimiento real?

–Solamente en la utopía no hay movimientos de oposición. Tener adversarios políticos y descontento, eso lo tiene todo el mundo: lo tiene el doctor Alemán, lo tuvieron los sandinistas, la que menos lo tuvo creo que fue doña Violeta. Ahora bien, oposición armada esa es otra historia. Entonces sí hay que preguntarse: '¿quiénes son?, ¿de dónde vienen las armas?, ¿quiénes lo lideran?, ¿qdónde los entrenaron?, ¿quién les está dando plata?'.

"El primer clarinazo de que esto era algo más allá del sandinismo tradicional fue en setiembre de 1978. Pero el momento crítico, central de toda la insurrección fue la muerte del doctor Chamorro".

La muerte de Chamorro


Lo agita el tema del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa. Somoza Portocarrero no olvida aquel ramo de flores despedazado por una multitud que consideró cinismo su pésame a la familia doliente y se dio cuenta de que la opinión pública lo señalaba como el responsable intelectual del magnicidio.

El régimen nunca convenció con su investigación y el entrevistado considera que ese fue un gran error histórico. Más aún, está convencido de que fue este hecho el condujo al recrudecimiento de las protestas y de la resistencia contra el gobierno de su familia.


–¿Quién ideó ese asesinato?

–Una de las teorías más sonadas culpa a los sandinistas.


–Hay otra teoría que dice que fue usted.

– ¡¿Yo?!. ¡Ni loco!. Ahí sí que no. Yo más bien quiero que averig,en. Ojalá hubiera averiguado doña Violeta.


–El gobierno tenía el poder para investigar ese crimen y resulta inconcebible que, con el control que tenía el general Somoza sobre la Guardia, no averiguara quiénes fueron los autores intelectuales.

–A mí me tocó darle la noticia a mi papá. Tuve que llamarlo por teléfono y fue tal su impacto que solo decía 'chocho, chocho'. Para nosotros fue una cosa tremenda. El general (su padre) habló con los oficiales de más confianza para pedirles que atraparan a los culpables y lo hicieron, pero al autor intelectual, nada. Yo quería que llamaran al FBI, sobre todo cuando empezaron a echarme a mí ese muerto. A mí que me registren.

"Yo tuve que vivir una situación similar un par de años después en Paraguay, pero a nivel familiar. No voy a comparar a las personas, pero en los dos casos la investigación llegó a un impasse".

Influencia e inversiones


Cuando Anastasio Somoza Debayle salió de Nicaragua, se fue convencido de que podría regresar; quizá no para recuperar su protagonismo político, pero al menos para continuar al frente de lo que fue su inmensa fortuna. Su hijo asegura que solo pudieron rescatar un 5 por ciento de aquel frondoso capital.

"He tenido mi par de éxitos y otra media docena de problemas. Ahora solo trato de existir de la mejor manera posible, mi mayor preocupación es la educación a mis hijos.

Mi esposa trabaja todos los días y hemos tenido una gran acogida entre los amigos", dice Somoza al referirse a su situación financiera actual.


–Usted afirma que su padre llegó al poder a través de elección limpia y gobernó de 1967 a 1972, pero lo que se dio después de finalizado ese período no fue precisamente democrático. Teníamos un presidente que controlaba todos los poderes del Estado, incluida la Guardia Nacional. Esa confusión familia-Estado-partido-negocio...

–Definitivamente no teníamos el ideal político que debíamos tener y por el que todos debemos luchar. Nosotros en ese entonces éramos menores de edad sin voz ni voto, pero sí, en ningún país del mundo es bueno tener esa confusión partido-familia. Lo que alentó esa confusión en Nicaragua fue el hecho de que es un país pequeño y que el general tenía una influencia enorme en todas las esquinas.


–¿No había también un interés por defender, con las estructuras del Estado, un patrimonio familiar valorado en los años 50 en unos $60 millones y ya para 1979 en $500 millones?

–Solo diré que si hubo errores en la época de Somoza, que no se repitan, porque el que sufre es el ciudadano común y corriente. Algo similar están viviendo ahora los nicarag,enses con el presidente que eligieron. Es un hombre que tiene influencia en todos los aspectos de la vida nacional.


–Si la familia Somoza amasó una fortuna a la sombra del poder, ¿qué pasó con esa plata?

–Está en Nicaragua. El 95 por ciento de los bienes de la familia Somoza se quedaron ahí.


–¿Y la percepción generalizada de que los Somoza viven un exilio millonario?

--Nada más erróneo. Si bien no ha sido un exilio tan trágico y difícil como el que le ha tocado a una enorme cantidad de nicarag,enses, tampoco ha sido el lujo que la gente piensa.

Hora de pedir perdón


Después de tantas horas de conversación y de 21 años de memorias, se le humedecen los ojos. Recuerda con precisión los últimos esfuerzos de su padre por convencer a la oposición nicarag,ense de realizar un plebiscito para determinar si debía o no abandonar el poder.

"Pero el plebiscito estaba decidido: 'Mejor que Somoza, cualquier cosa', gritaban las masas, que preferían arriesgarse con el Frente Sandinista antes de continuar aceptándolo en la presidencia.


–No solo el pueblo estaba insatisfecho. En el ámbito internacional se comentaba que los problemas de derechos humanos eran insostenibles. Lo decía el Papa, la ONU, la OEA. Internamente se sentía que la competencia desleal de los negocios de los Somoza era incompatible con los intereses económicos de los otros sectores del país.

–Sí, y entonces vino lo que yo considero la gran traición de Estados Unidos; no contra nosotros –porque Estados Unidos no traicionó a Somoza–, sino contra la sociedad civil de Nicaragua, al dejarla en manos de un sandinismo ortodoxo que trató de barrer con instituciones y derechos, militarizó el país, quebró la economía, malgastó los miles de millones de dólares que les regaló el mundo con toda la buena voluntad.

Somoza Portocarrero recuerda aquel 17 de julio de 1979 cuando salió de Nicaragua con su padre, aunque en aviones diferentes. Hoy mira hacia atrás no solo con la madurez que dan los años, sino con la sensibilidad que despiertan los hijos. "Yo no los tenía en aquel entonces. Ahora, muchas veces cuando los veo, sufro en silencio por todas las madres que perdieron a su descendencia. Es la cruz que llevo en mi corazón, y tanto a las madres de mis amigos como a las de mis enemigos, les quiero pedir perdón"

Ver también

Genealogía de los Somoza

Anastasio Somoza García

Anastasio Somoza Debayle

Habla Anastasio Somoza: “Mi Gobierno, Mi Caída, Mi Exilio”

Los bienes y los hijos de Somoza Debayle

Lea sobre los sucesos del 22 de Enero de 1967

Hope Portocarrero de somoza.

Dinorah Sampson

La Nicolasa Sevilla

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