Santo Domingo de Guzman
Patrón de Managua

Aunque ya no hay nada que rozar en el trecho que va del puente La Morita hacia la Cruz del Paraíso y de ahí a la Iglesia Las Sierritas, centenares de devotos de Santo Domingo de Guzmán se congregan para inaugurar las festividades en honor al santo que cada año baja de Las Sierras a la ciudad de Managua.

En una mezcla de fe religiosa y paganismo en medio del estallido de bombas, cohetes, desfiles de carrozas, chicheros y promesantes que acompañan al Mayordomo de las Fiestas, el Alcalde de turno en Managua, sale al encuentro con el Mocito, una réplica de la venerada imagen de Santo Domingo de Guzmán.

LAS MAÑANITAS Con el baile tradicional, adelante hacia atrás, de un lado a otro, el Mocito llegó a la Cruz del Paraíso cargado en los hombros de más de 20 creyentes y lo recibe un mariachi que le canta Las Mañanitas. Los creyentes, de todas las edades extendían las manos pidiendo ser bendecidos por la imagen, a la que califican como “milagrosa”.

“Todos los años vengo a pagarle una promesa, por el milagro de salvarme a mi hija cuando estaba embarazada”, dijo Maritza Balladares.

El mayordomo de Las Sierritas, entrega la “Tajona” al nuevo mayordomo por Managua, quien desde ya tiene las riendas (control) de las fiestas.El alcalde de Managua baila al son de los chicheros con la reina saliente de las fiestas de Santo Domingo. Se reparten nacatamales, vigorón, cacao, chicha, todo gratis, a como la celebraban nuestros padres y abuelos”. Posterior a la entrega de la “Tajona”, el Mocito es llevado en hombros a Las Sierritas, donde a partir del primero de agosto permanece 10 días supliendo a Santo Domingo que es traído a Managua.

Una vez que el Mocito emprende el camino de regreso a la Iglesia de Las Sierritas, los organizadores de la Roza del Camino, sueltan toros que salen despavoridos detrás de los curiosos y montadores improvisados.

“Ahí viene el toro, cuidado te va a cornear”, grita la gente y después se oyen carcajadas al ver a los borrachos atrevidos que provocan a los animales.

“LECHE” AL SUAVE Vendedores ambulantes gritan a todo pulmón “la leche, la leche” y algunos hombres compran su bolsita que en realidad no es leche, sino licor.

El Mayordomo de las fiestas de Santo Domingo de Guzmán, sugiere a los tomadores que “tomen su leche, esa agua cristalina, transparente, pero al suave, sin ocasionar ningún problema”.


Santo Domingo de Abajo

Santo Domingo de Abajo, como es tradición, despide a Santo Domingo de Juzmán en el cruce del Gancho de Caminos, engalanado con un arco de color dorado que le cubre en su peaña.

Luego de bailar juntos alrededor de una media hora, los dos santos inician el recorrido de vuelta, junto con miles de creyentes que por alguna u otra razón, estaban en deuda con alguno de ellos.

Santo Domingo de abajo llega a Managua con la misma algarabilla de todos los años. Santo Domingo de San Andrés de la Palancas mejor conocido como Santo Domingo de Abajo baja a Managua para reposar hasta el 18 de agosto en la Iglesia del Cristo de Rosario, de esta capital. En su trayectoria a Managua, Santo Domingo atraviesa el municipio de Ciudad Sandino.

La imagen es acompañada por chicheros, marimbas y montados. La festividad religiosa suele ser encabezada por el Alcalde de Ciudad Sandino.

“Yo no creo en Santo Domingo”
Tomado del Nuevo Diario del 27 de Julio del 2005

Casi se podría decir que es el segundo nombre agostino más sonado después de Santo Domingo: Lisímaco Chávez. Ahora sonará más: “Para mí hay un ser supremo, ese sí que me ayuda a mí. Santo Domingo no me ayuda”. Hace tres años, Lisímaco sufrió un derrame cerebral. Contrario a lo que podría suponerse, el famoso fiestero no buscó un “milagro” del santo, sino que le pidió a Dios y a Jesucristo intervinieran por su enfermedad.

“El torólogo” ahora no ve las festividades con los ojos de antaño, aunque dice que la última vez que se arrodilló ante la diminuta imagen fue el 11 de agosto de 1963. Nos habla con una franqueza que él mismo, con sus expresiones, trata de poner un pie de foto a nuestro hallazgo periodístico. “Están sorprendidos, ¿eh?”, nos dice en su casa de San Judas. Es difícil formarse un semblante de Lisímaco alejado de este bullicio, de esta romería multicolor, empapada de sol y sudor, licor y algo de fervor. Pero estará a cargo del famoso barco.

“Estoy con la tradición”, se encarga de aclararnos, y ocupa un término y un tono más sociológico que devocional, religioso. En su domicilio hay una réplica de la imagen que mueve a la multitud. Está enflorada al fondo de lo que es el garaje. Pero no hay veladoras ni feligreses alrededor. Sin embargo, está en su peana, lista para encender los “10 días que conmueven a los managuas”.

Cómo nace su tradición? Lisímaco es de Diriamba, pero sólo el hecho de haber venido en 1931 le da carta de ciudadanía capitalina. “Soy heredero de una tradición, porque mis padres eran grandes aficionados a esta tradición. Desde mi niñez me vinieron fomentando esa cuestión de Santo Domingo”. “Llegó un caso de suma necesidad para ellos --no que yo no lo necesitaba, pero entonces era muy niño y no me daba cuenta-- por una gravedad, y se agarraron de Santo Domingo y ahí se quedó eso, que el santo me había curado, pues”.

Luego, este personaje, como si formara parte de alguna escuela griega, nos resume su vida:

“Soy heredero de una tradición. Las tradiciones son de los pueblos y Lisímaco es uno del pueblo. Los templos son de los pueblos, y Lisímaco es uno de los del pueblo, y si entré ala Iglesia de Santo Domingo --cuando se llevó la imagen en 1961-- es porque tengo derecho porque soy del pueblo”.

Por eso, señala, ni la Iglesia ni la Guardia pudieron acusarme, porque yo siempre me defendí: que yo era uno de los dueños de esa tradición, porque soy managua y amante de la tradición. Si hice esa desobediencia a la Iglesia fue por mantenerle a la capital su tradición.

¿Qué alegaba la Iglesia, que las fiestas eran mucho alboroto? Llegando al fondo del barril no era eso. Había un comunicado de la Iglesia que decía: que aquellas manos de las prostitutas, las manos del ladrón, la mano del borracho, la mano del cochón, tocaban la imagen que era sagrada. Yo miré que eso no era un motivo suficiente, porque ellos mismos enseñaron eso al pueblo. “Ellos mismos”, ¿quiénes eran? La Iglesia y la Guardia (Nacional) también, ¿acaso no era la encubridora? ¿no agarraba los buenos reales de impuestos que pagaban ahí toda la gente? ¿Quiere decir que la Iglesia, con lo que ha dicho, por mucho que digan que hayan sacerdotes y un clero consagrado a Dios se equivoca?

Aceptemos que son hombres, son seres humanos, y no hay seres humanos que no cometan errores. Claro, en ellos se refleja más porque ellos deben conocer que estas tradiciones las trajeron los españoles y la vive el pueblo. ¡Olvídese!, hay personas tan humildes que creen que Santo Domingo vino del cielo a meterse en ese tronco, el que encontró el campesino de Las Sierritas Vicente Aburto. Respetémosla a esta gente ingenua, ¿verdad?, pero no, ese fue un hombre que vino de allá --España-- trajo a Santo Domingo, la colocó ahí, sabiendo todo lo que iba a resultar, que eso iba a ser una gran noticia, la aparición milagrosa de la imagen.

Seamos francos --dice Lisímaco. ¿Hay manipulación? Claro que sí, esa es una cosa que nadie va a negar. Permítame decirle la verdad de mis sentimientos. Para mí hay un ser supremo, ése sí que me ayuda a mí. Santo Domingo no me ayuda. Yo soy amante de su tradición... para mi madre, el santo me curó de mi enfermedad, pero yo no le podía decir: “no crea en eso”.

¿Jesucristo lo curó? Para mí, mi Dios, mi Cristo fue. Mire. Tengo un mensaje. Hace tres años sufrí un derrame, y yo imaginariamente, yo estoy tan convencido de que platiqué con mi Señor. Esto fue en el hospital.

¿Cuál es el mensaje? Le dije a mi Señor, que si me daba vida, me diera mejoría. Y si no me daba vida, su voluntad yo la aceptaba. Entonces le ofrecía dos días de ayuno. Yo le oí decir --imaginariamente, ponga cuidado lo que le voy a decir--: “Sí, Lisímaco”. Entonces me sentí fortalecido. En ese momento yo decía que no estaba enfermo. Ahora viene la prueba. Para esta enfermedad --el derrame-- no existe la cura. Aquí sin medicamento, sin nada. Mire a Lisímaco, viene de trabajar. ¿Quién hizo esto? Jesús. Ah, bueno, tengo cómo probarlo.

De 45 mil habitantes que tiene San Judas, tan seguro estoy de que mi Señor es a Lisímaco a quien quiere más. Lo he manifestado que sin medicamentos me estoy curando, sin santo tampoco, sólo con mi Señor. Ése es el que tengo en mi cabecera.

Vemos a Lisímaco. Falsea de una canilla y una mano --la izquierda-- no le responde bien que digamos. Él no se arredra:

“Voy para adelante y tengo vida todavía. Y si me pregunta que si estoy enfermo, le digo que no”. Indagando con gente del barrio, se conoce que la iglesia Bautista Alfa y Omega de San Judas hará unos dos años hizo un culto por la salud del famoso folclorista y él pareció de acuerdo con la palabra predicada. ¿Quién lo curó, pues? Mi Señor, es el que ha hecho toda la obra.

¿Cómo hace usted esta separación entre su fe personal en Jesús y lo de Santo Domingo? Es que la tradición es del pueblo. Pero hay un texto bíblico: “Por qué tus apóstoles no se lavan las manos al tomar el pan (lo dicen por la tradición). Para tomar la los rollos, en la sinagoga, tenían que lavarse las manos. Le contesta el Señor: ¿por qué se fijan en las cosas del hombre y no se fijan en las cosas del Señor? Saca primero la viga que tienes en tu ojo y así mires bien la paja que tiene tu hermano”.

Allá estaba la tradición también, no es una cosa que yo la inventé. ¿Cómo mezclo esto? Mirá, yo a Santo Domingo no le voy a pedir. Me gusta celebrar la Purísima que es tradición, la cena del 24 de diciembre. Yo soy un hombre que amo mucho las tradiciones de los pueblos, pero sí, son tradiciones atrasadas, pero eso no es culpa mía ni es culpa del otro. Eso lo trajeron los españoles, eso nos enseñaron a uno a leer y en ese libro se quedó.

¿Pero ahora usted lee las Escrituras Sagradas? Es bueno también, porque una persona tiene de bueno y de malo, pero debe luchar por olvidar lo malo malo. Pero que soy lector sí, porque quiero saber si estoy engañado, y yo ya me di cuenta de que estoy engañado con Santo Domingo, más franco no le puedo hablar. * Soy uno del pueblo y apoyo la tradición, afirma el famoso “torólogo”, pero cita la Biblia y recuerda Éxodo 20: “No te harás imágenes ni te postrarás ante ellas ni las adorarás, porque yo soy tu Dios, un Dios celoso” *

“Yo no le puedo decir a mis hijos a mi mujer no celebrés la Purísima, sus sentimientos son eso. Cada cual que viva su vida, que trate de salvarla o que se hunda más, pero yo... lo mío, no”


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